Somos los mejoreeees…

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MENUDA BORRACHERA que cogí el domingo celebrando que ganamos la Eurocopa. Por eso no he podido escribir mi artículo del martes pasado. La resaca me ha durado toda la semana. Y es que no se gana una Eurocopa todos los días…

Todo el mundo era feliz por la calle, como si no importara otra cosa, ni trabajo, ni exámenes, ni familia ni nada más que el fútbol. Ya podía ser siempre así.

Los hay amargados que se quedaron en casa, como si la cosa no fuera con ellos. O son amargados o son antipatriotas. Porque la victoria de LA SELECCIÓN —sí, con mayúsculas— tendría que haber sido de festejo obligatorio para todos los españoles. Hasta los políticos estaban contentos y este campeonato a unido ha todo el país.

Para que después digan que el fútbol es once tíos corriendo detrás de una pelota. Hasta las chicas han celebrado la victoria de toda España sobre el resto de Europa.

Y es que somos así de grandes, sólo que no lo sabíamos. Y han tenido que llegar veintitrés chavalitos poco menos que indefensos para recordarnos el orgullo de ser españoles.

Ya lo ha dicho Jaime Lissavetzky (que este pájaro de deportes sabe un huevo): «Somos una potencia mundial».

A partir de ahora España va a ir hacia adelante, y vamos a ser la envidia de propios y extraños. Hasta en los Juegos Olímpicos vamos a arrasar. España está de moda, y ser español es un lujo al alcance de muy poquitos, si consideramos los 6.700 millones de habitantes del planeta.

Parece ser que ya está hecho, que a raíz de la victoria en la Eurocopa vamos a entrar como miembros de pleno derecho en la Cumbre del G8, que obviamente pasará a llamarse G9.

No en vano hemos ganado consecutivamente a tres países de ese grupo de cabildeo internacional que dirige fácticamente los designios del mundo. Nos hemos cargado a Italia, a Rusia y a Alemania de un tirón. Así que no nos están dando nada, sino que estamos cogiendo lo que nos corresponde como potencia mundial que somos.

Es más, los otros países de este G8 están empezando a ceder ante las iniciativas españolas. Sin duda el panorama internacional para nuestro país es inmejorable. Y todo gracias al deporte. O mejor dicho, gracias al fútbol.

Por de pronto le vamos a prohibir a Japón seguir cazando ballenas indiscriminadamente, y a los Estados Unidos les obligaremos a aceptar los compromisos de Kioto y a abolir la pena de muerte.

Estos países del G8 no tienen nada que hacer si se enfrentan con nosotros. A Francia la tenemos ya comida la moral. El Roland Garrós es nuestro todos los años y el Tour también ha vuelto a ser español. Es por ello que nos van a devolver ciertos territorios históricos que en su día pertenecieron a las coronas españolas.

Reino Unido, bueno, que ni siquiera estuvieron en esta Eurocopa, se está ya preparando para devolvernos Gibraltar, por supuesto con una compensación económica por los daños ocasionados. Ellos saben muy bien que nuestro Fernando Alonso es mil veces mejor que el morenito Hamilton. Que por otro lado, Fernando es genuinamente español, y el Hamilton… pues eso.

A Japón ya los abrumamos con motivo del campeonato del mundo de baloncesto, y en su propia casa encima. Y a los Estados Unidos les estamos metiendo la ÑBA en casa. ¿Qué esperaban? Y es que España está imparable.

Si es que Lissavetzky tiene toda la razón cuando ha dicho (y mira que este tío sabe de deporte un huevo y la yema del otro): «El triunfo en la Eurocopa es el último escalón de unos éxitos que no paran». Esto está escrito en el artículo enlazado más arriba.

Nuestras exportaciones aumentarán hasta límites insospechados. Los rusos, otros que andan por el G8, dejarán de consumir vodka y a partir del jueves que viene comenzarán a beber vino, sidra y cava. Ya se están españolizando a pasos agigantados, que a partir del próximo año el español va a ser asignatura obligatoria en todos los colegios rusos. Tienen pensado hacer del español el segundo idioma oficial del país. Estamos que nos salimos; España se sale del mapa.

Hasta el COI va a aprobar que el español sea idioma co-oficial en sus reuniones, junto con el inglés y el francés.

Y todo gracias al fútbol, un deporte que no hay que sentirlo, sino amarlo. Nos cepillamos a países que en su día fueron grandes imperios, como Italia y Alemania, y que en tiempos estuvieron alineadas con España (no, no hablo de Franco, Hitler y Mussolini, sino de Carlos I de España y quinto de Alemania, y de nuestras flotas en Venecia, Nápoles, y otros puertos italianos), van a coaligarse con nosotros ofreciéndonos sus mejores productos a precios de ganga.

Somos líderes mundiales y debemos ejercer ese liderato, como decía Napoleón, con mano de hierro en guante de terciopelo.

Y para dar ejemplo, es seguro que en nuestro país, gracias a la victoria de España en la Eurocopa, bajarán las hipotecas y la gasolina, la electricidad y la cesta de la compra.

Es más, van a desaparecer los movimientos separatistas vasco y catalán, y los maridos, contentos, dejarán de maltratar a sus esposas. Y todo gracias al fútbol. Ahora vivimos todos mucho mejor que la semana pasada. Sí, apenas han pasado siete días y la alegría se ha contagiado a todo el país.

Yo no sé qué más decir. Estoy seguro de que Sergio García, Luis Aragonés y sobre todo Camacho, van a ser requeridos en las Universidades españolas, verdaderos centros del saber, para impartir conferencias sobre ese deporte que hermana a los pueblos y ha hecho de España una grande entre las grandes.

¡Ah!, de los países del G8 se me olvida Canadá. Pero, ¿quién necesita a Canadá, uno de los países con menor densidad de población del mundo (222/236)? Y en deportes no se comen una rosca.

Si es que somos la hostia y no lo sabíamos hasta que veintitrés chavalitos nos lo han vuelto a recordar. ¿Y que se piensan esos anti-fútbol, que sólo saben hacer malabares con la pelota?

4 de julio de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 España, oé, oé, oé

Hay 2 comentarios »
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EN EL pueblo de al lado —ya saben ustedes que servidor vive en la España más rural que puedan imaginar— ha ocurrido anoche, con motivo del partido de fútbol entre rusos y españoles, un hecho digno de relatar a modo de pública reflexión y escarmiento colectivo.

Saben ustedes que en estos pueblecitos, los de la España más chismosa y cotilla, los secretos se conocen a voces. Incluso secretos íntimos suelen ser expuestos con tanta crudeza como indolencia, alcanzando en ocasiones tal dimensión que en las ciudades se hubieran convertido en leyendas urbanas.

En la España bucólica en la que vive este rompefolios se sabe que los hechos son ciertos, y no mitos, por la sencilla razón de que todo el mundo conoce al afectado y éste no se toma la molestia de negarlos.

Vive en el pueblo contiguo al mío una mujer que apenas ha cumplido los treinta, una de esas damas cuyo físico mejora con la edad, con una salud que le rezuma por los poros, con una sonrisa que no le cabe en la cara, y con un cuerpo serrano que es admiración de vecinos y convecinos.

La joven —porque desde mi edad cualquier treintañera es joven— está casada con uno de esos futboleros recalcitrantes que no faltan un domingo al bar para ver “en familia” el partido de la jornada.

Con la llegada de la Eurocopa su afición, y la de tantos otros infelices que ven colmadas sus alegrías con las primas sustanciosas que perciben los futbolistas —esos semidioses supermillonarios semianalfabetos—, se ha centrado en la progresión que está teniendo la selección de la federación española de fútbol.

Ayer por la tarde-noche, como no podía ser de otra manera, el marido ya estaba cogiendo sitio una hora antes del inicio del partido que enfrentaba a españolitos y rusos.

Ha querido el destino que este matrimonio no tenga aún hijos que hereden la afición paterna por el fútbol. Quizá motivo por el cual a la joven, aburrida y sola las más de las veces, le ha florecido un amante, lo que es sabido en toda la comarca excepto, obviamente, por el marido.

El apolíneo amante no es otro que un antiguo novio del instituto, y los hados han determinado que éste no contrajera nupcias, pero no por estar contrahecho ni por presentar tara alguna, sino por su temperamento manirroto y vivalavirgen.

Tan trabajador como juerguista, el mozo dirige con acierto una empresa familiar, por lo que se ha convertido en eso que llaman un soltero de oro.

Este muchacho es de los que aprovechan las oportunidades cuando se le presentan, y la del partido de ayer no iba a ser desperdiciada pues aparearse entre semana para los que siguen solteros no sucede tan a menudo como presumen.

Y el pícaro, al igual que otras veces, ha querido contar con la complicidad de un amigo para asegurarse la tranquilidad de disfrutar del botín, pues hasta el final de la primera parte no podría llegar a la alcoba de su conquista.

Lo que no sabía es que alguien había malmetido al amigo alcahuete, quien también es amigo del cornudo futbolero. Cogido entre dos fuegos, esta celestina, cuando se le reprochaba su actitud, acallaba su conciencia sofísticamente encogiéndose de hombros diciendo que él sólo hacía una llamada perdida.

Pero bien por haber sido malquistado o porque ese gusanillo tantas veces acallado se había revelado, en esta ocasión decidió dar una lección al donjuán.

A la finalización del partido envió al amante un SMS en el que le decía que el resultado era de empate a uno y que el partido se iba a la prórroga. El otro, ignorante del mal recado, se vio agraciado con un tiempo extra para consumar esas segundas visitas al templo del placer que algunos ya no estamos en edad siquiera de intentar… a menudo.

El marido apenas estuvo celebrando con los amigotes el triunfo de los de la federación de fútbol pues al otro día tocaba madrugar para entrar en la sierra a las seis de la mañana.

Tal como iba, exultante de gozo, entró en la casa enchido de felicidad ante la perspectiva de la final del domingo.

Se encaminó sigilosamente hacia la habitación con sólo dios sabe qué propósitos de prolongar su goce, y abrió la puerta al grito de: “María, hemos ganado”.

Cuentan que los tortolitos estaban totalmente desnudos en el lecho cuando al cornudo futbolero se le quedó helada en la garganta la última “o”. El amante giró la cabeza y un tanto amoscado preguntó: “¿Cuánto?”.

El marido reaccionó entonces y dijo: “Tres cero”.

El engañador saltó de la cama, se agachó a recoger su ropa que estaba sobre la alfombra, y saliendo desnudo de la casa se oyó que iba diciendo: “Ese hijo de puta me va a oír”.

Y allí quedaron la joven y el cornudo sin que al amante le preocupara el final de esa parte de la historia.

Por cierto, que el amante es el dueño de la empresa para la que trabaja el cornudo futbolero.

27 de junio de 2008
¡Felicidades, Koldo!

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Hemos ganado a Italia

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EN REALIDAD debería haber escrito el verbo del titular irónicamente entrecomillado: «“Hemos” ganado a Italia». Porque yo, ganar, no he ganado nada. Los mil euritos que me paga mi empresa a final de mes no se van a ver engrosados ni tan siquiera con cincuenta roñosos euros por haber pasado a la siguiente ronda.

Me dicen que ciertos grandes almacenes especializados en electrodomésticos ofertaban que devolverían el 25% de las compras realizadas si la selección de la RFEF pasaba de cuartos. Y que hubo quienes aprovecharon y se compraron un televisor de esos que empiezan en la salita y acaban en la cocina, que cuestan mil euros (¡joder!, mi sueldo de un mes…), y que ahora la gran superficie esa les debe retornar 250 euros.

Así, sí. Así sí que hubiera yo empujado para que ganaran nuestros compatriotas millonarios. Incluso hubiera puesto la tele inclinada hacia la portería de los italianos a ver si la pelotita cogía bolida.

Pero a fuer de ser sincero debo decir que si la apuesta de ese macro-comercio hubiera sido que si ganaban los italianos reintegrarían ese 25%, yo hubiera empujado para que ganaran los azzurri.

Pero mis compatriotas mileuristas (no mis compatriotas millonarios) se ve que piensan de otra manera. La satisfacción de que “hayamos” ganado a Italia les debe compensar de muchas neuras, fobias, y miserias propias. Triste la vida de quien necesita consolarse con el éxito de personas que cree conocer.

Para mí ha sido un motivo de gran satisfacción cuando me ha llamado mi hija esta semana pasada y me ha dicho que ha aprobado el segundo curso de su carrera universitaria. ¡Coño!, eso sí que es para tirar cohetes, gastarse un dinero en una tele nueva, emborracharme o pagarle a mi hija unas vacaciones como se merece.

¡Lástima que se va con una beca a recorrer media Europa para mejorar sus estudios de idiomas y que cuando vuelva al cabo de un mes tendrá que ponerse a trabajar lo que le quede del verano haciendo camas en un hotelito!

Como para gastar ese dinero que tanto nos cuesta ganar y más nos cuesta ahorrar tirando la bebida y gastando gasolina en interminables filas clamando con el claxon a los héroes del balompié, ya millonarios.

Pero ahora que lo pienso… Hoy en la oficina eran algunos tan carcamales como yo los que estaban pletóricos de euforia futbolera.

A ver si tras esto hay algo que no atisbo y me lo estoy perdiendo…

Italia es miembro de pleno derecho del G8, ese grupo de cabildeo (vulgo lobby) internacional que rige en buena medida los destinos de medio planeta. Un poquito de cultureta Wikipedia para refrescar la memoria no vendrá mal.

Para los más estresados, que ni siquiera tengan tiempo de pinchar en el enlace, extraeré el primer párrafo:

Se denomina G8 a un grupo de países industrializados del mundo cuyo peso político, económico y militar es muy relevante a escala global. Está conformado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia. No se basan en un criterio único por lo que no son ni los ocho países más industrializados, ni los de mayor renta per cápita ni aquellos con un mayor Producto Interior Bruto.

¡Caramba, caramba! Y no sólo está Italia, a la que sin duda ya habremos desplazado del G8 al perder contra nosotros. También está Rusia. Y como nos enfrentaremos con ellos en el próximo partido, y puesto que ya les hemos ganado por goleada en la fase anterior, es de suponer que les ganaremos otra vez al fútbol por lo que también los desplazaremos del G8 al haber sido mejores que ellos.

Por el otro lado del cuadro llegan a semifinales Alemania y Turquía. Pero los turcos están diezmados hasta el punto de que tendrán que alinear a uno de los porteros como jugador de campo, por lo que es más que probable que gane Alemania.

Ya estoy viendo una final entre Alemania y España. Pero, ¡oh!, Alemania está también en el G8, y si les ganamos, pues somos mejores, tocamos muy bien la pelota y lo ha dicho el rey, habremos eliminado a tres países del G8, el lobby más importante a escala mundial, de forma consecutiva.

Estoy seguro de que nos ofrecerán la presidencia vitalicia del G8 ante tamaña hazaña. Bueno, vitalicia igual no, pero sí hasta el próximo mundial de fútbol. Y España, como superpotencia que es, adquirirá el derecho a veto que en justicia nos corresponde en los más altos foros internacionales.

En dos años en la cúpula del G8 habremos olvidado la crisis que nuestro gentil Zapatero ha sabido anunciar muy ladinamente tras la victoria de España sobre Italia: «La oferta de empleo público se reducirá en un 70% en 2009».

¿Y la huelga del transporte, con algún que otro muerto y varios heridos y otros cuantos enchironados? Eso es cosa del pasado, ¡hombre!, y hasta los camioneros enemistados anteayer por el precio del gasóleo y la conveniencia o no de ir a la huelga, se abrazaban ayer como hermanos patriotas que son.

Si es que somos la hostia y no nos besamos porque no nos llegamos… ahí.

24 de junio de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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