Escribir al dictado


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SE DESCONOCE la identidad del simpático que deja en El Abrevadero una revista deportiva de marcado corte institucional. Es sabido que la línea crítica en este tipo de publicaciones es inexistente. De ahí la intriga sobre la autoría de quien osa perpetrar tamaña afrenta en un templo donde el ejercicio de la crítica se sublima hasta alcanzar la categoría de apodíctica

La revista en cuestión es publicada por Munideporte —sección deportiva de la FEMP— con dinero de todos los españoles. Cuatricomía en las 44 páginas y papel de insuperable calidad con sólo una página y media de publicidad privada y tres de publicidad institucional (más dinero público).

Pero que no exista línea crítica no justifica que se dé jabón descaradamente a los políticos que mandan y que nos aburren con sus ideas y paridas (digo…, con sus idas y venidas).

La sección “El confidencial” es particularmente desafortunada. Quien haya escrito el primer artículo de este último número (en la página 40) debe soñar con ser siervo de Lissavetzky.

Los confidenciales ofrecen información con alto nivel de fiabilidad sin citar las fuentes a efectos de no quemar al “confidente”. La información presentada llega desde lo más profundo de las corporaciones, sean públicas o privadas. Y difícilmente puede ser rebatida pues plasma la oscura realidad de los gabinetes; por otro lado sería doloroso intentar ganarle un pleito al editor habida cuenta de los secretismos que verían la luz.

Como toda iniciativa del mundo editorial ésta también se ha visto salpicada por la insustancialidad de los chismorreos —cierto que era terreno abonado— y se ha perdido su vis crítica. Esta realidad unida a la falta de línea crítica de esta revista da como resultado un adulador confidencial elaborado para mayor gloria y alabanza de la imagen del político de turno con el dinero del contribuyente.

El cachondeo y el regodeo en El Abrevadero ha sido de aúpa a costa de la vitanda página 40 del número 24 de la revista Deportistas; título más falso que las monedas de 17 pesetas pues en ella sólo se entrevista a políticos. Ya saben aquello de “todo para el deporte y por el deporte pero sin el deportista”.

Y hasta aquí mi crítica a la utilización del dinero público para enaltecimiento de los propios políticos (no olvidemos que la FEMP está conformada por esos políticos). A continuación les dejo el texto de la supuesta página confidencial; a la derecha un popurrí de los mejores chascarrillos que se han oído en El Abrevadero.

El Secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, afronta un final de año muy movido. Nada nuevo si consideramos que su agenda es de las más apretadas del Gobierno (1). La diferencia estriba en los asuntos. Hasta octubre han sido prioritarios los estrictamente deportivos (Juegos Olímpicos, Giro, Tour, Copa Davis,…) y ahora priman otros de índole administrativo (2).

Destaca, por encima de todos, el seguimiento de los procesos electorales de las federaciones olímpicas, que han de concluir antes de fin de año. Está en juego la democracia de las entidades que más directamente colaboran con el Consejo Superior de Deportes (su principal fuente de financiación) (3) y el adecuado desarrollo del deporte de alta competición. Las federaciones son las responsables directas de la preparación de los deportistas que luego nos representarán en los Juegos Olímpicos (4). El CSD tiene la obligación estatuaria, junto con el Comité Olímpico Español, de supervisar y procurar su buen funcionamiento (5).

Además, casos concretos como el de las elecciones a la presidencia de la Federación Española de Fútbol del polémico Ángel Villar, mantienen a los responsables del Consejo aún más atentos por la indudable repercusión mediática que provocan (6). El Director General de Deportes, Albert Soler, el Subdirector de Alta Competición, Ángel Luis López de la Fuente, y los servicios jurídicos del CSD colaboran estrechamente con Lissavetzky en esta labor de control electoral (7).

El dinero, cómo no, es el otro asunto que en estos días ocupa directamente al máximo responsable del deporte español. Para 2009 el presupuesto, inicialmente, solo tendrá un incremento de algo más del uno por ciento, que no es desdeñable dada la situación económica mundial (8). Pero el Secretario de Estado intenta arañar partidas suplementarias que le den mayor margen de maniobra en la gestión (9). En esta sección publicamos que sus dos principales retos para esta legislatura son mejorar el nivel olímpico del deporte español (no salió muy satisfecho de Pekín) (10) y extender la practica deportiva en la sociedad a través del Plan Nacional de Actividad Física.

Este proyecto, en proceso de diseño, tendrá que esperar a primeros de año para irse desarrollando en la segunda mitad de 2009. Lo positivo es que ya tiene asignación presupuestaria de más de tres millones de euros, que no es mucho, pero se espera complementar con financiación privada (11). En cuanto a Londres 2012, Lissavetzky quiere mejorar el Plan ADO con algunos ajustes que lo hagan más rentable en cuanto a consecución de medallas. Dada la situación actual de las empresas, el nuevo ADO tardará un poquito en formarse, pero ya se piensa en la estrategia. Más que los patrocinadores, preocupa la negociación (vital) con RTVE que aportó para el de Pekín más de 7,2 millones de euros anuales (unos 29 en total) (12). Se teme que Luis Fernández sea más duro que Carmen Caffarel, aunque siempre queda un As en la manga llamado Gobierno (Presidente o Vicepresidenta) que ya fue de gran utilidad hace cuatro años (13). Lo evidente es que con menos dinero será difícil conseguir más medallas (14).

(1) La agenda de la señora Ministra de deportes, doña Mercedes Cabrera, debe ser sólo para tomar té con pastas. Y el presidente del Gobierno seguro que también tiene poco que hacer. El único que trabaja en el Gobierno debe ser este infeliz

(2) ¿Copa Davis, Giro, Tour? ¿Pero qué pinta este tío entrometiéndose en organizaciones privadas? En el Tour ya le dijeron que Contador no iba a correr y no corrió. ¿No le han dado suficientes chaquetazos que todavía gusta ir de divo?

(3) Sí por favor, que esto quede claro no fuera a ser que a alguien se le olvidara. Qué lástima cuando el deporte vendió su alma al diablo, es decir, a las Administraiciones púbicas. Ideado todo por aquel misógino confeso, el noble francés Coubertin, ávido de protagonismo; el mismo que pierde a Lissavetzky.

(4) ¿¡NOS!? ¿A quienes? ¡A nosotros no! A nosotros sólo nos representan las personas que hemos tenido ocasión de elegir, les hayamos dado nuestro voto o no.

(5) Pero de ahí a entrometerse en la vida de las asociaciones privadas media un abismo.

(6) ¿Cómo tienen la desvergüenza de tildar de polémico a todo un presidente de una federación española? ¿Dónde está el proverbial respeto que la FEMP debe a otros organismos? ¡Qué triste leer en las páginas de una publicación pagada con dinero público epítetos que señalan a personas que cuentan con el respaldo mayoritario de toda una federación, precisamente la más numerosa! Cierto que el señor Ángel María Villar Llona hace y deshace a su antojo, pero es que la legislación actual se lo permite. La misma legislación que Lissavetzky no renueva: ¿qué es lo polémico, pues?

(7) Como si lo hiciera él personalmente. Qué afán de dar protagonismo a quien debería hacer una labor oscura, alejada del mundanal ruido.

(8) Yo diría que no es desdeñable dada la cantidad de la que se habla; no es lo mismo el 1% de cien que el 1% de cien mil.

(9) Nada, nada, la señora Ministra del deporte sigue sin contar para nada. Y así le está yendo al Lissa con sus compañeros de partido. Parece ser que la supuesta reprimenda no ha surtido efecto y los defectos personales son difíciles de erradicar.

(10) Jajajaja… ¿Quién vendió medallas antes de cazar osos?

(11) ¿Pero no acaban de insinuarnos que con la crisis económica y financiera mundial la cosa está más seca que la mojama?

(12) ¡Pero bueno! ¿Nos toman por tontos o qué? Más financiación pública… ¡Si unas líneas más arriba hablan de recurrir a la financiación privada!

(13) Esto es el colmo; al final los patrocinadores serán RTVE y el presidente del Gobierno (que no pone dinero de su bolsillo, ¿eh?). ¿Se están riendo de nosotros o es que son idiotas?

(14) Sí, claro, ya me imagino; los deportistas si no cobran no entrenan. Pues que se vayan para casa y se busquen un trabajo mileurista, como el mío, que también trabajo para levantar España.

18 de noviembre de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 El quinto poder


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NO FUE PEQUEÑA la que me han armado en El Abrevadero a cuenta del artículo de la semana pasada. Allí hablaba de que las federaciones deportivas internacionales se han inmiscuido en el tejido social, afectando sus decisiones a los asuntos de la vida pública y modulando el estambre de la vida política de los Estados.

Hubo también quien se enfadó conmigo porque daba a entender que nuestra amada España ya ha hincado las rodillas ante la UEFA.

Pero si no daba datos es porque están en la memoria colectiva más reciente. El descalabro de Lissavetzky y su equipo de aplaudidores queriendo plegar y domar a la RFEF hay que exponerlo sin ambages.

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En Polonia y en Bolivia las federaciones nacionales de fútbol están viendo intervenidas sus cuentas por deudas a la Hacienda pública.

En España somos muy guays y ni se intervienen las cuentas de las federaciones que deben dinero ni las de las SAD que no pagan ni a dios (Hacienda, Seguridad Social, acreedores, trabajadores no millonarios…).

En su época los ayuntamientos llegaron a echar una manita de dinero público en las arcas de las entidades privadas. Servidor ya fue crítico con aquella forma de entender la promoción del deporte. En Gijón fueron 2.000 millones de pesetas los que el ayuntamiento tuvo que poner para tapar el boquete y dejar las cuentas en cero. Al final de la temporada la deuda volvía a ser de 400 millones de pesetas.

Después llegaron las recalificaciones de terrenos. Y la compra de bienes intangibles. El ayuntamiento de Gijón —que me pilla a tiro de piedra—, habida cuenta de que el informe municipal estimaba que los terrenos sólo valían 1.200 millones de pesetas, compró la marca Sporting (que no valía nada) por 800 millones.

Dije en su día —esta bitácora aún no existía— que eso era una burla al contribuyente. Lo mismo podían haber comprado la colección de firmas de los jugadores estampadas en sendas camisetas del equipo por 200 millones de pesetas más.

Las ayudas al deporte de masas han derivado hoy día en lo que en países civilizados se conoce como “naming rights”.

Aquí en nuestro país, y por noningentésima vez, empezaron a poner pasta las Administraciones públicas, regulando el despropósito con un nombre definidor que quieren hacer pasar por definitivo: patrocinio institucional. Desde Pamplona, con el estadio Reyno de Navarra, hasta el patrocinio del Aeropuerto de Castellón al Villarreal, cuando todavía falta un año para su inauguración.

No entiendo por qué una Administración pública ha de promocionarse ante sus propios administrados; esto no es más que una forma oscura de inyectar dinero público en entidades privadas. Un dislate más que apunta a una jugada maestra del político adscrito al poder para agrandar su agenda de contactos. ¡Esa sí que no tiene precio! El día que sepamos (en eurodólares) los contratos empresariales que se cierran en los palcos de primera división al abrigo de un encuentro futbolístico…

—§—

Los políticos, pues, están supeditados motu proprio al fútbol, esperando que la FIFA o la federación continental no chasque los dedos y les rompa el juguete.

Cuando Evo Morales nacionalizó algunas empresas españolas el mensaje que salió desde La Moncloa fue de tranquilidad y talante. Cuando la UEFA sanciona al Atlético de Madrid alguien del Consejo de Ministros perdió la calma y la compostura y corrió a llamar a monsieur Platini con el beneplácito de monsieur Zapatero.

El mismo Evo Morales, cuando la FIFA amenazó la organización de eventos futbolísticos de primera magnitud en su país prohibiendo jugarse encuentros a más de 3.500 msnm, perdió su habitual impavidez y se elevó a las nieves perpetuas para improvisar, con camarógrafos de testigos, unos pases de balón.

Resumiendo, los políticos mandan en sus respectivos países, pero la FIFA y sus sucursales pitan con sus propias reglas en esos países. Y en ocasiones parece que actúan como si las federaciones nacionales fueran sus respectivas embajadas.

Ha llegado, ya está aquí, el quinto poder: el deportivo.

14 de noviembre de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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