Una jaula de grillos

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UN AMIGO ha dejado en el buzón de ‘El espectador’ una entrevista sobre deporte municipal, y con una buena dosis de sorna pide mi opinión a sabiendas de que será crítica con el risueño concejal de deportes del pequeño municipio. Ha firmado su mensaje con un seudónimo, pero su dirección de correo-e le delata. Doy por sentado que el supuesto lapsus forma parte de esa retranca.

En la entrevista, un quejicoso concejal de deportes se muestra muy ufano con la gesta que ha logrado en sólo un año de mandato al frente de su concejalía.

El infeliz valora como éxito la inclusión con voz y voto de los clubes locales en el órgano de gobierno del Organismo Autónomo Local de Deportes que el Pleno de su ayuntamiento decidió crear en su día.

Pero se trata de un error de concepto que podría estar al margen de lo permitido por la ley.

Los ya célebres patronatos deportivos municipales —conocidos también como institutos municipales de deportes o fundaciones municipales de deportes— son contemplados en la legislación vigente de régimen local como “Organismos Autónomos Locales”.

Por las circunstancias que el Pleno tuviera a bien considerar en su día, la gestión de algunas áreas (deportes, cultura o turismo principalmente) se lleva a cabo mediante un órgano diferenciado con personalidad jurídica propia, dotándole de un presupuesto adecuado a la consecución de sus fines.

En cualquiera de los estatutos de los cientos de organismos autónomos locales que existen en España queda reflejado que se trata de una fórmula de gestión directa del propio ayuntamiento sobre una materia de su competencia, en cuyo órgano de gobierno se reflejará proporcionalmente la composición del Pleno, el cual es resultado de la voluntad popular expresada mediante sufragio.

Darles voz y voto a las asociaciones privadas en el órgano de gobierno de un organismo autónomo local es cuando menos pervertir el espíritu de la ley (los ciudadanos no han tenido ocasión de votar a los representantes de las asociaciones deportivas).

A la larga surgirán disputas entre los clubes, por mucho que civilizadamente se hayan repartido las subvenciones esta primera vez, como nos dice el irresponsable municipal de turno. ¿Cómo es posible que unas entidades privadas decidan el fin que se ha de dar a un dinero público, recaudado principalmente a base de tasas e impuestos?

No podemos olvidar tampoco que el patronato municipal de deportes está sometido a derecho público, lo que no será bien recibido por las asociaciones privadas, sometidas a distinto régimen legal.

El concejal de este pequeño municipio tergiversa las acciones emprendidas en municipios mucho mayores, donde se han creado fundaciones de carácter mixto, en las que participa el ayuntamiento junto con la iniciativa deportiva privada. La finalidad de esas fundaciones es canalizar una demanda del deporte profesional y semiprofesional que participa en ligas y campeonatos de índole nacional, cual es la captación de recursos económicos.

Aunque el experimento es de reciente implantación y está aún en vías de desarrollo, se ha respetado la diferenciación entre el organismo autónomo local (patronato, instituto o fundación municipal de deportes), constituido al amparo de la legislación sobre régimen local, y la fundación mixta —con participación pública y privada— constituida al amparo de la ley de fundaciones.

Los ayuntamientos de estos municipios mantienen el gobierno de su organismo autónomo local para el área de deportes, donde ninguna entidad deportiva privada puede tener capacidades decisorias.

Un cero para la política torticera y demagógica de este torpe concejal que a buen seguro se ha dejado seducir por las directivas de los clubes, cuyos caciques se muestran siempre ávidos de asomar las narices en parcelas de poder del ámbito municipal.

16 de mayo de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Entre pelotas y parásitos

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AYER EMPECÉ a procrastinar el artículo de hoy. Hoy por la mañana seguía igual, sin decidirme a componer una historia que me va a llevar cierto tiempo hilvanar con estilo y coherencia. Al final de la tarde, en mi pausa laboral, acudo a tomar un café y alguien me tiende uno de esos tebeos deportivos.

A la japonesa lo hojeo, y ojeo las noticias menores. De pronto reparo en algo que da para medio artículo. Sigo adelante —o hacia atrás, según se mire—, y veo otra historia que da para medio artículo más.

La primera crítica se la lleva un articulista, por pelota. Ayer ratificaban a Jaime Lissavetzky en su cargo al frente del CSD. Ya he dicho en esta bitácora que no tengo nada contra la persona y sí que tengo poco a favor del personaje.

A pesar de que muchos ya le habíamos defenestrado, bien pensado en estos momentos tocaba ratificarle. Está demasiado fresca en la memoria colectiva la derrota sufrida en su lucha contra Ángel María Villar. Y no se quema a un vasallo fiel a las primeras de cambio. La política camina de la mano de la estrategia (y de la mercadotecnia y de la psicología social).

Lo prudente será darle un tiempo antes de enviarle a algún cementerio de elefantes. Veremos si mientras le dura la cuenta de protección —por utilizar términos boxísticos— recapacita y rectifica. Entonces es posible que procrastinen su viaje a la morgue de paquidermos.

Pero estaba diciendo que Juan Mora, articulista del tebeo deportivo que me habían acercado, adulaba a Jaime Lissavetzky, empezando ya por el titular del artículo: “Lissavetzky lo ha bordado”.

La baba resbala por un artículo estomagante a más no poder. Sus motivos tendrá el columnista. Leyendo la letra pequeña del tebeo compruebo que el tal Mora es subdirector del diario. Humm… ¿Permiso para sospechar?

Pero aún me recrearé un poco más en el peloteo rancio de este escritor de historias para memos. El segundo párrafo del artículo carece de rigor alguno:

Con él [con Lissavetzky], todos los deportes han conseguido éxitos insospechados. Algunos, alejados de su poder de influencia, como puedan ser los de Alonso, pero en otros ha contribuido con su apoyo a las Federaciones y que nos ha llevado, por ejemplo, a ganar los Mundiales de baloncesto y balonmano, dos veces el Tour o a conseguir un desarrollo en nuestra natación inimaginable.

[las negritas y mayúsculas aparecen tal cual en el texto original]

Es improbable que quepan majaderías más hiperbólicas en una frase tan subordinada [:-P]. Cualquiera diría que Lissavetzky ha dirigido los entrenamientos y coordinado la gestión de las federaciones.

¿Es esto lo que llaman estar a sueldo de Moncloa?

Tres páginas antes (o después, si se lee a la japonesa) se habla de la reciente derrota por K.O. de Javier Castillejo.

El púgil, que tiene ya cuarenta castañas, es el boxeador español con más éxito en el noble arte. Son muchas las guerras en las que se ha batido el cobre, y el tío se mantiene en la elite del boxeo mundial, pudiendo ser considerado ya como un atleta longevo (en algunas pruebas populares participaría en las categorías de veteranos), máxime en el duro oficio de gladiador moderno.

Sin embargo su preparador, Ricardo Sánchez Atocha, es incapaz de interpretar esta primera derrota por K.O. como un aviso. En realidad no es la primera; Castillejo ha perdido hace cosa de un año y pico otra pelea por K.O., pero su adversario dio positivo en el control antidopaje posterior a la disputa y el combate, creo recordar, que aparece como un no contest (sin resultado).

Es fácil borrar del currículo del campeón español esa derrota, pero lo que no le puede quitar nadie son los golpes que se llevó en aquel cuadrilátero teutón.

Ahora Sánchez Atocha dice que “el Lince” no puede retirarse con una derrota por K.O. La cosa suena hasta creíble a oídos de los aficionados nada críticos con la seguridad y la prudencia que debe imponerse al borde del ring.

¿Hasta cuándo piensa Sánchez Atocha seguir parasitando al del Parla? Si vuelve a pelear y gana, nos vendrá con la monserga de que está en su mejor momento. Y entonces volverán a procrastinar el momento de la retirada.

Sánchez Atocha se ha quedado sin recambio para Castillejo, y cuando éste lo deje volverá a ser un entrenador del montón; pero no del montón de dinero que se mueve en los cuadriláteros americanos, alemanes y británicos. El último párrafo de la noticia le retrata como un manipulador.

Castillejo ha superado la edad recomendable para dejar esta dura actividad que algunos se niegan a reconocer como deporte —el propio Lissavetzky entre ellos, señor Juan Mora—. Los daños al cerebro y la salud de un humano no son cuantificables ni mensurables.

No hay una ITV para boxeadores de cuarenta años.

15 de abril de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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