A veces llegan cartas…
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DÍAS ATRÁS encontraba una comunicación comercial no solicitada en mi ciberbuzón. Estaba redactada en un tono jovial y desenfadado, quizá juzgando a todo el mundo por igual. El texto que me dejaron es éste:
HOLA, fanático
TENEMOS ALGO QUE TE VA A INTERESAREn [la empresa] hemos terminado este nuevo comercial para la Eurocopa 2008.
Pensamos que siendo un mega fanático podrías estar interesado.
Lo mejor del fútbol internacional es su poder para acercar a la gente sin importar quién ni dónde.El fútbol ayuda a la gente a olvidar sus diferencias y permite compartir una pasión y experiencia en común.
Esta [sic] es una visión muy [nombre de la empresa] del mundo y es la razón por la que nuestro compromiso con el fútbol lleva ya más de 70 años de historia! [sic]
Esto es lo que llamamos “El Lado [nombre de la empresa] de la Vida”, que trata de abrazar la oportunidad y la espontaneidad y dispersar una actitud positiva alrededor del mundo.
En “Football Language” dos hombres se conocen en un tren. No hablan el mismo idioma pero sí conocen los nombres de los jugadores de la selección nacional de su nuevo conocido. Esto rompe la barrera de comunicación y ellos logran forjar una conexión por medio del lenguaje compartido del fútbol.¡Dinos lo que piensas sobre este comercial y siéntete libre de pasarlo a tus amigos!
ÉCHALE UN VISTAZO AQUÍ.Gracias! [sic]
[la empresa]
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No transcribo el nombre de la empresa pues no tengo intención de hacerles publicidad gratuita. Y los enlaces que me facilitaban han sido eliminados por el mismo motivo.
Como quiera que tenía cinco minutos antes de marchar al trabajo, me pareció ocurrente enviarles una respuesta al más puro estilo de “la aguja” haciéndoles notar los errores cometidos en texto tan escueto. Mi comunicación fue la siguiente:
Señores,
considero una falta de respeto que me saluden con un “Hola, fanático”. Ustedes y yo no nos conocemos de nada.Además, considero un insulto a mi inteligencia que me juzguen un fanático. Quizá deberían visitar el Diccionario de la RAE antes de emplear ciertos vocablos.
Cometen otro error más: han dado por sentado que me gusta el fútbol, cuando lo cierto es que me parece un deporte primitivo que
es de los que menosno es de los que más pueden aportar al desarrollo motor y cognitivo del individuo.Y no he visitado el enlace que me proponen porque ya sólo me faltaba perder mi tiempo visitando anuncios promocionales de productos que no consumo.
En sucesivas comunicaciones (si es que se producen), espero que moderen sus expresiones juveniles cuando se dirijan a personas que desconocen.
Mientras tanto, reciban un frío saludo de quien no les ha pedido información alguna y menos aún que inunden mi correo-e de spam.
laaguja
Creía que en la frase “considero un insulto a mi inteligencia” se entendería que utilizo un tropo para referirme a “mi persona” y que no sería interpretada como una chulería, pero he debido pasarme de sutileza. La respuesta me llegó casi de inmediato:
Estimado señor,
Lamento que nuestra comunicación lo haya molestado y sí, reconozco mi error personal de no separar su correo electrónico del resto que conformaban la base de datos.
Olvidé que el blog que usted escribe es de interés general y debería haberle escrito un mail personalizado, orientado a su interés personal y apelando a su indudable inteligencia, calidad de discurso y previsible irritabilidad. Pero una vez más, el ajetreo de la rutina laboral diaria me impidió realizar mi tarea de un modo intachable.
Gracias por hacer notar mi falta. Espero, aunque lo dudo, que no vuelva a repetirse.
Sin más, saludo atentamente en esta, mi última comunicación.
[Maritornes Pérez]
Lic. (sí, licenciada) en Comunicación Social
¡Touché! Lo cierto es que nunca pensé que serían tan torpes de contestar. Hubiera sido más prudente no entrar al trapo. Se puede tomar nota de una crítica o no tomarla, pero nunca se contestan este tipo de cartas.
En El Abrevadero nos hemos pasado una buena tarde diseccionando la contestación y riéndonos del cabreo contenido de la muchachita licenciada.
Nos hemos reído con el contrasentido del primer párrafo, donde dice reconocer un error personal —un servidor sólo ha criticado las formas de esta campaña—, pues más adelante duda sobre su propia capacidad de enmienda. ¿De qué sirve entonces reconocer un error?
Simpático es también el hecho de que al final del mensaje publicitario pedían comentarios personales sobre esta campaña, para después cabrearse con la primera crítica que les llega.
Nos desternillamos, cómo no, con la fatuidad de advertirme de que ésta será la última comunicación que me enviarán. Sólo el pensar que me he caído de la base de datos de esta empresa de bebidas espirituosas ya es para brindar con cava.
Pero lo que no hemos acertado a discernir es por qué dice que mi bitácora es de interés general, cuando en realidad trata sólo sobre deporte.
Lo que más me ha gustado de sus pequeños dardos ha sido lo de mi previsible irritabilidad. Esto confirma que escribiendo consigo transmitir el estado de ánimo que busco, porque no es sencillo aparecer todos los días como Don Cicuta (los más jóvenes no conocieron al entrañable personaje que fue Don Cicuta, que estaba en contra de todo).
Sin embargo el ramalazo de humor feminista del tópico chiste en el que la abnegada mujer toma cumplida y silente venganza de un marido cargante en exceso, rebaja el nivel de la respuesta hasta los límites de la chabacanería.
¿Y de qué le viene el cabreo a Maritornes? Fácil de deducir a la vista de su firma. Sin duda se ha enfadado conmigo tras leer el texto que cáusticamente he redactado a modo de presentación: Quién no es la aguja.
Chirigotas aparte, lo cierto es que toda una licenciada en Comunicación Social contesta dolida pero evita entrar en el fondo del asunto, que había dejado caer en mi despedida.
El spam, es decir, el envío de información publicitaria no solicitada, está expresamente prohibido por la Ley 34/2002, de servicios de la sociedad de la información y de comercio electrónico —modificada posteriormente por la Ley 32/2003—, en su artículo 21:
1. Queda prohibido el envío de comunicaciones publicitarias o promocionales por correo electrónico u otro medio de comunicación electrónica equivalente que previamente no hubieran sido solicitadas o expresamente autorizadas por los destinatarios de las mismas.
Y estos publicistas tan megaguais se han permitido, en nombre del inmaculado fútbol internacional (como si no existieran otros deportes que levantan emociones y pasiones), enviar publicidad sobre su producto al correo-e que he dejado en ‘El Espectador’.
En realidad se han permitido el lujo de ofrecerme el acceso a su megafanático anuncio sobre el mundo del fútbol sin esconder el oportunismo que supone la proximidad de la Eurocopa. Rizando el rizo, ahora anuncian anuncios a través de la Internet. Quizá a ver si alguno caemos en la celada y les damos cobertura gratuita en nuestros blogs…
¡Ahí va!, pues ya he picado, y les he dado la publicidad que querían. ¡Jolines con la psicología social!
11 de abril de 2008

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