A dios rezando…
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deporte para todos | legislacion
HA VUELTO un fin de semana vacacional y vuelvo yo a reflexionar sobre la carretera, el uso que hacemos de ella y las connotaciones deportivas que rodean todo ello.
Por motivos que no vienen al caso me llevaron a uno de esos centros de peregrinación religiosa. Una basílica muy visitada, aunque justo es reconocer que merced a una gran prueba deportiva que en su momento la puso de moda y no por el culto que allí se profesa.
Durante mi viaje tuve ocasión de observar que los últimos kilómetros del trayecto eran hechos a pie por gran número de personas. Aunque en ningún momento tuve la impresión de que fueran muy devotos los que por allí transitaban, sino que se trataba más bien de una acción esnob que se imitaba porque alguien de la oficina la hubiera realizado antes.
Lejos de formar una comitiva, como regula la legislación de seguridad vial, iban caminando a su aire por el arcén, desconectándose en grupúsculos que estiraban la compañía. Noté que los miembros de cada colectivo vestían uniformadamente, lo que también llamó mi atención.
Tuve ocasión de comprobar que no respetaban las normas de seguridad vial, caminando sin chaleco reflectante e invadiendo la calzada sin prestar atención a la circulación rodada. También me fijé en que a medida que se acercaban a destino se entablaba una suerte de competición por llegar antes.
Los mejor dotados [cerrar modo irónico] habían ido dejando atrás a mujeres, gorditos y tullidos varios, y en las proximidades de la meta la unidad del grupo brillaba por su ausencia. Se aceleraba el paso, cesaban las conversaciones en paralelo, y se miraba de reojo al “rival”. Era como si arriba les esperara alguna medalla, aunque sólo fuese de la virgencita del lugar.
A uno se le rompen los esquemas cuando en algo tan impropio nos dejamos llevar por la vena competitiva. ¿Hasta qué punto estamos influidos por la televisión y la “Champions”? ¿Por qué el homo televidensis es incapaz de elevarse por encima de la bazofia periodística deportivoide de la que es objetivo directo?
Llamo la atención sobre este hecho extradeportivo por su connotación paradeportiva. Al final, una supuesta peregrinación en grupo que no debe pasar de un galante, matutino y revitalizador paseo, se convierte en una pugna por demostrar y demostrarse un-no-sé-qué exactamente.
Y no se lo pierdan; tras la caminata de un par de horas (como si ello pasara a constituir una odisea épica e inenarrable en sus sedentarias vidas) son recogidos para emprender el regreso por el autobús que los dejó a una escasa docena de kilómetros del lugar y son trasladados a uno de los múltiples restaurantes de la zona.
Del embeleso con la arquitectura del lugar, del deleite con la belleza del paisaje y de la práctica del culto, na’ de na’. Aunque servidor no puede criticar esto porque allí no me habían acercado para rezar, costumbre que a dios gracias he perdido a pesar de que en la época franquista unos desaprensivos me la trataron de inculcar.
¿Que no he hablado hoy de deporte? Pues quizá no; pero he hablado de recreación y de tiempo de ocio, que el deporte no siempre es competición y negocio.
Pero para que nadie se sienta defraudado, añadiré que durante mi visita al centro de peregrinación reparé en un chaval que corría por el arcén de la calzada. Iba a ritmo vivo, alargando la zancada y con la soltura propia de los que tienen el hábito de correr.
No me pareció un lugareño a juzgar por detalles nimios, como su mirada atenta al paisaje —o la camiseta que portaba, de un club de atletismo de Castilla—. Y yo me pregunté: ¿qué carajo hace este hombre corriendo por la margen de la carretera, asfixiándose con los humos de los coches y de las camionetas de reparto? ¿Pero es que no tiene caminos rurales y forestales para trotar por paisajes frondosos y regocijarse con la belleza y la tranquilidad de parajes recónditos?
Aquí tenemos a un urbanita que es incapaz de salirse de su rutina de correr por el asfalto.
Por cierto, que al igual que los pelegrinos tampoco llevaba el chaleco reflectante que me exige a mí la Guardia Civil de Tráfico cuando paro en el margen de una carretera. ¿Será que la ley del chaleco sólo es para el conductor cuando pone pie a tierra y no para el peatón, vaya en marcha o en carrera? ¿Por qué ésta diferencia en el trato de un mismo hecho cual es transitar o estar parado en una carretera?
1 de mayo de 2007
Día mundial del currante a sueldo

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