El arcángel Grillo
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gestión | Administraciones publicas | instalaciones deportivas | los medias
CARTA NO ENVIADA al director de La Nueva España, el diario de mayor difusión en Asturias en los tiempos en que se escribe este artículo.
(Total, para el caso que nos iba a hacer… Conviene al sesgo ideológico que caracteriza al diario salar heridas mal cicatrizadas en el partido político que los asturianos han votado mayoritariamente en las últimas elecciones autonómicas).
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Estimado señor director: La vida política pública también se acaba. Le escribo sin intención alguna de ver publicada esta carta en la sección correspondiente, con la única y sana intención de que ponga freno a la serie de aviesas columnas que el ex-alto cargo del Gobierno asturiano, Daniel Gutiérrez Granda, viene publicando en su diario. Son artículos llenos de obviedades y perogrulladas, firmados por quien no es capaz de estar a la altura de las circunstancias, cuales son, simple y llanamente, que ha dejado de estar presente en la vida política pública asturiana. Gutiérrez Granda se muestra resquemado, quizá por haberse visto obligado a vestir el buzo de trabajo tras no aceptar el cementerio de elefantes al que su partido le enviaba. Contrariamente a lo que Granda ha pretendido trasladar a la sociedad asturiana, no le honra la no aceptación de ese retiro paquidérmico, puesto que su propósito era imponer condiciones al Gobierno del Principado a fin de seguir siendo un mandamás, con o sin cualidades para el puesto que se le ofreció. Está donde está por voluntad propia, además de por haber sobrepasado con creces el umbral permitido para la autocomplacencia. Sencillamente perdió el pulso que planteó al Ejecutivo asturiano. Volviendo a sus escritos he de decir que son artículos oportunistas que muestran la desesperación de un ex-alto cargo por aferrarse a la popularidad y al candelero, y no carecen de cierta intención artera. Flaco favor hace Gutiérrez Granda a los deportistas de la región, tratando de minar la salud de la Dirección General de Deportes y en especial la de su actual rector, que ninguna responsabilidad ha tenido en el laboral destino que se ha buscado el propio “Danielón”. Señor, esa actitud en España tiene nombre, y se conoce como envidia, rencor, mal perder, inquina, celos, encono, resentimiento… Absurda cruzada personal que busca presentar una imagen de mártir bonachón que conviene a los intereses de su columnista. Sus artículos se resumen en “yo estuve allí”, “yo lo hice bien” y “yo sé qué hay que hacer”. Son artículos que ni aportan ni tienen intención de hacerlo, pues sólo anima al articulista una sed de revancha, una venganza pueril que no lleva más que a la crispación de la vida deportiva de nuestra región. Que estuvo allí nadie lo niega; que lo hiciera bien es algo que no comparten sus detractores, y que él diga saber qué hay que hacer no supone desacertadas las gestiones de quien ocupa ahora “su” cargo. Sinceramente creo que albergar artículos tan mal engendrados y peor paridos, escritos desde la animadversión de quien ya no es protagonista, no beneficia en nada a su diario, correspondiéndoles a ustedes el oficio de alcahuetes y correveidiles de un señor que, aunque dice conocer el deporte, no ha sabido perder. Atentamente, laaguja |

Y como para muestra vale un botón, analizaré uno de los artículos de nuestro iluminado genio, publicado el 24 de abril de 2008 con motivo de la carrera de fórmulaguán en el circuito de Montmeló: «Un auténtico genio deportivo».
En el primer párrafo el Gordo Granda —apelativo siempre cariñoso— nos regala con la mayor de las obviedades, salpicada con datos que aparecen en cualquier diario. En resumidas cuentas, no aporta nada y esos renglones sólo sirven para rellenar la cuartilla.
En el segundo párrafo tira de asturianía, o dicho de forma más general, tira del nacionalismo de la patria chica, recurso que no suele fallar. Al común le gusta eso. Además se permite vaticinar un futuro mejor, cosa siempre grata de leer y que las gentes gustan de compartir: demagogia gratuita.
El tercero de los párrafos es una artera maniobra en la que Granda juega con la experiencia propia —el desplante que sufrió del campeón del mundo en una televisión asturiana— e interioriza la actitud del piloto dejando en mal lugar a «algunos políticos, que lo ven como un peligroso competidor por la atención mediática… pero darían lo que fuera por salir en una foto con él». ¡Tiene roncones la cosa, señor Granda!
En el cuarto párrafo parece que llegáramos por fin al meollo del artículo, cuando el autor se pregunta sobre el derecho a la intimidad de los famosos. Pero no…
Lo que Granda buscaba desde el principio del artículo era meter su puya, que llega a partir del quinto párrafo, donde recuerda a la opinión pública asturiana un supuestamente rentable proyecto de dudoso interés general que intenta poner en marcha la familia de Fernando Alonso en Asturias.
Parece ser que la Administración del Principado, a la que Granda ya no pertenece, tiene aparcada la propuesta, tal vez por motivos presupuestarios, tal vez por ser consciente de que la iniciativa privada no siempre debe verse arropada crematísticamente por el Erario.
Pero el Gordo Granda ya ha dejado caer en la opinión pública asturiana en forma de deseo altruista el camino que debe seguir la Dirección General de Deportes y el Gobierno asturiano en materia deportivo-automovilística.
Oficia de arcángel Grillo, una mixtura de ángel de la guarda y Pepito Grillo rompehuevos que en teoría velaría por los intereses del sistema, pero que en la práctica lo hace siempre desde su personal punto de vista.
El remate del artículo es pobre y cutre como sólo pueden serlo las notas de sociedad que aparecen en los semanarios parroquiales. Se ve que ya quedaba dicho lo que el autor pretendía y no le cabía más arte.
Les dejo otra creación periodística para que analicen ustedes esta táctica de hostigamiento.
11 de julio de 2008
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Efrit »
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Como vos pasais con Daniel Gutierrez Granda, El mejor Director de deportes que ha tenido Asturias y ese odio POR QUE?
¿Odio? Te podría decir que ni siquiera le conozco personalmente. No sé por qué utilizas esa palabra. Aquí sólo se ha criticado su gestión; no hay una sola crítica ad hominem.
Ya he dicho en anteriores artículos (enlazados en cadena con éste) que lo de “Gordo Granda” es el apelativo cariñoso por el que se le conocía en determinado foro deportivo asturiano.
Aquí se critica el no saber marcharse, el pretender estar en candelero aún después de su desaparición del escenario político-deportivo asturiano.
Si no se va es lícito que se le critique en tanto en cuanto sigue estando presente en la vida pública por voluntad propia. Aquí se critica al personaje y no a la persona.
Y se critica el daño que está haciendo al deporte asturiano con su continua presencia en los medios de comunicación regionales, arengando y sermoneando a los incautos y a los aplaudidores. Yo sólo quiero despertar a los primeros. Los otros, que sigan dando palmas.
Recientemente, el 16 de agosto, el sábado de la semana pasada, nos aburría con más de media página —una auto-semblanza panegírica— diciéndonos lo bien que lo hizo todo en su etapa de Concejal de Festejos del Ayuntamiento de Gijón (el tipo va y firma como ex-concejal de festejos). Puedes verlo en la página 32 de El Comercio de ese día.
Aquí hablamos de deporte. Los festejos nos quedan algo lejos, por lo que no criticaremos esta nueva salida de espontáneo torero al coso mediático regional.
Pero me gustaría preguntarte en qué sitio has visto que se le haya otorgado semejante e inexistente título: “mejor director general de deportes que ha tenido Asturias”. ¿Es que tiene que haber en Asturias un mejor director general de turismo, de comercio, de ganadería? ¿Es que hay concursos para clasificar a los directores generales autonómicos y yo no me he enterado? ¿Es que Julio Díaz Corveiras no hizo nada? ¿No será que para ti la historia que nos quieres contar empieza en 1995?
Humm… Trece años desde entonces, más otros quince o diecisiete que tuvieras en aquel momento… unos 30 años o menos que tienes ahora. ¿Estoy en lo cierto? Entonces, bonita visión histórica la que puedes tener para opinar sobre las aptitudes de unos y otros.