EN REALIDAD debería haber escrito el verbo del titular irónicamente entrecomillado: «“Hemos” ganado a Italia». Porque yo, ganar, no he ganado nada. Los mil euritos que me paga mi empresa a final de mes no se van a ver engrosados ni tan siquiera con cincuenta roñosos euros por haber pasado a la siguiente ronda.
Me dicen que ciertos grandes almacenes especializados en electrodomésticos ofertaban que devolverían el 25% de las compras realizadas si la selección de la RFEF pasaba de cuartos. Y que hubo quienes aprovecharon y se compraron un televisor de esos que empiezan en la salita y acaban en la cocina, que cuestan mil euros (¡joder!, mi sueldo de un mes…), y que ahora la gran superficie esa les debe retornar 250 euros.
Así, sí. Así sí que hubiera yo empujado para que ganaran nuestros compatriotas millonarios. Incluso hubiera puesto la tele inclinada hacia la portería de los italianos a ver si la pelotita cogía bolida.
Pero a fuer de ser sincero debo decir que si la apuesta de ese macro-comercio hubiera sido que si ganaban los italianos reintegrarían ese 25%, yo hubiera empujado para que ganaran los azzurri.
Pero mis compatriotas mileuristas (no mis compatriotas millonarios) se ve que piensan de otra manera. La satisfacción de que “hayamos” ganado a Italia les debe compensar de muchas neuras, fobias, y miserias propias. Triste la vida de quien necesita consolarse con el éxito de personas que cree conocer.
Para mí ha sido un motivo de gran satisfacción cuando me ha llamado mi hija esta semana pasada y me ha dicho que ha aprobado el segundo curso de su carrera universitaria. ¡Coño!, eso sí que es para tirar cohetes, gastarse un dinero en una tele nueva, emborracharme o pagarle a mi hija unas vacaciones como se merece.
¡Lástima que se va con una beca a recorrer media Europa para mejorar sus estudios de idiomas y que cuando vuelva al cabo de un mes tendrá que ponerse a trabajar lo que le quede del verano haciendo camas en un hotelito!
Como para gastar ese dinero que tanto nos cuesta ganar y más nos cuesta ahorrar tirando la bebida y gastando gasolina en interminables filas clamando con el claxon a los héroes del balompié, ya millonarios.
Pero ahora que lo pienso… Hoy en la oficina eran algunos tan carcamales como yo los que estaban pletóricos de euforia futbolera.
A ver si tras esto hay algo que no atisbo y me lo estoy perdiendo…

Italia es miembro de pleno derecho del G8, ese grupo de cabildeo (vulgo lobby) internacional que rige en buena medida los destinos de medio planeta. Un poquito de cultureta Wikipedia para refrescar la memoria no vendrá mal.
Para los más estresados, que ni siquiera tengan tiempo de pinchar en el enlace, extraeré el primer párrafo:
Se denomina G8 a un grupo de países industrializados del mundo cuyo peso político, económico y militar es muy relevante a escala global. Está conformado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia. No se basan en un criterio único por lo que no son ni los ocho países más industrializados, ni los de mayor renta per cápita ni aquellos con un mayor Producto Interior Bruto.
¡Caramba, caramba! Y no sólo está Italia, a la que sin duda ya habremos desplazado del G8 al perder contra nosotros. También está Rusia. Y como nos enfrentaremos con ellos en el próximo partido, y puesto que ya les hemos ganado por goleada en la fase anterior, es de suponer que les ganaremos otra vez al fútbol por lo que también los desplazaremos del G8 al haber sido mejores que ellos.
Por el otro lado del cuadro llegan a semifinales Alemania y Turquía. Pero los turcos están diezmados hasta el punto de que tendrán que alinear a uno de los porteros como jugador de campo, por lo que es más que probable que gane Alemania.
Ya estoy viendo una final entre Alemania y España. Pero, ¡oh!, Alemania está también en el G8, y si les ganamos, pues somos mejores, tocamos muy bien la pelota y lo ha dicho el rey, habremos eliminado a tres países del G8, el lobby más importante a escala mundial, de forma consecutiva.
Estoy seguro de que nos ofrecerán la presidencia vitalicia del G8 ante tamaña hazaña. Bueno, vitalicia igual no, pero sí hasta el próximo mundial de fútbol. Y España, como superpotencia que es, adquirirá el derecho a veto que en justicia nos corresponde en los más altos foros internacionales.
En dos años en la cúpula del G8 habremos olvidado la crisis que nuestro gentil Zapatero ha sabido anunciar muy ladinamente tras la victoria de España sobre Italia: «La oferta de empleo público se reducirá en un 70% en 2009».
¿Y la huelga del transporte, con algún que otro muerto y varios heridos y otros cuantos enchironados? Eso es cosa del pasado, ¡hombre!, y hasta los camioneros enemistados anteayer por el precio del gasóleo y la conveniencia o no de ir a la huelga, se abrazaban ayer como hermanos patriotas que son.
Si es que somos la hostia y no nos besamos porque no nos llegamos… ahí.
24 de junio de 2008
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(Jean Dolent)














