FINALMENTE MI pronóstico no se ha cumplido y la selección de la federación rumana de fútbol no se ha clasificado para los cuartos de final, y por tanto no será rival del conjunto que representa a la federación española de fútbol.

Lo que sí se ha visto consumado ha sido mi vaticinio de que los holandeses jugarían a ritmo de rondo, sin arriesgar lesiones ni tarjetas innecesarias. Me dicen que jugaron los reservas, pero claro, los reservas de la selección de toda una federación también han sido escogidos, por lo que no se puede esperar que sean cojos.

Los rumanos, simplemente, no han estado a la altura de las circunstancias y sin duda alguna no se merecían superar esta segunda fase de la Eurocopa, la de liguilla (recordemos que la primera fase se disputa bajo el formato de liga con grupos más amplios, y que los españolitos se clasificaron en la repesca, por si alguno anda todavía despistado).

Quienes sí hicieron lo que debían han sido, como siempre, los italianos, y con unos resultados pobres y parece ser que con un juego pésimo, a decir de los entendidos, se clasifican para jugar contra la selección de la RFEF. Peor juego aún y quedando últimos de grupo, los franceses, brillantes subcampeones del mundo, se tomarán a partir de hoy unas vacaciones de ensueño, como corresponde a los millonarios.

Así las cosas, en el cruce de cuartos de final se enfrentarán las escuadras de las federaciones de fútbol de España y de Italia.

Y he aquí que me ha resultado curiosa la reacción que he visto en los futboleros que me rodean.

Les he notado una cierta cara de decepción, sin duda porque se las prometían muy felices soñando que la selección de sus amores —sin duda la selección que paga sus facturas, porque si no yo no me explico tanta devoción— ganaba al combinado rumano.

Ahora parece ser que con los italianos no se las prometen tan felices. Nadie quiere jugar una final contra los transalpinos, pero los aficionados españoles tampoco les quieren ver en cuartos de final.

Y yo me pregunto qué esperan estos bodoques en la fase final de un campeonato de Europa. Los membrillos no han superado la fase anterior.

Claro que “somos” campeones y que “somos” los mejores cuando “jugamos” contra los combinados de las federaciones de fútbol de Malta, Luxemburgo, Andorra, Chipre, San Marino, Lietchestein, Islas Feroe y las de otros países que por su volumen de población no tienen mucho donde escoger y su fútbol se limita, casi, a la parcela del deporte aficionado.

Pero vérselas contra italianos, con el renombre que atesoran… ahora a mis convecinos (que son sin duda alguna fiel reflejo del aficionado medio español) les entran las dudas.

Ayer incluso hubo quien se acercó a mi puesto de trabajo para sermonearme con la letanía de que este año tenía buenas sensaciones, que percibía ciertas vibraciones, que este año sí, que este año “seremos” campeones.

Le digo que hombre, hay que basarse en hechos objetivos, y va y me suelta todo serio que desde la objetividad es que siente que este año “seremos” campeones.

Hoy ya no tenía tan buena cara el pobre hombre. En fin, a ver si algún día de estos hacen dos campeonatos de Europa, el A y el B, y así mis convecinos se alegran cuando su selección, a la que han elegido voluntariamente adorar, queda campeona de algo, jugando contra Malta, Islas Feroe…

Supongo que veremos en las crónicas previas al encuentro de cuartos de final que, claro, los italianos han tenido un día más de descanso, y que con ese calendario no hay igualdad de fuerzas, y que “hemos” tenido mala suerte por caer en el grupo D.

Si es que el que no se consuela es porque no quiere, y el que no se justifica es por tres cuartos de lo mismo.

17 de junio de 2008