Algo me impulsa a creer la versión de la delegación de la federación española de hockey: «Sufrimos alucinaciones. Era como estar borracho pero sin estarlo. Teníamos las pupilas dilatadas. No controlábamos la cabeza […] y no podíamos andar. No dominábamos las piernas. […]». Pero, ¿por qué no acudieron al médico entonces?