Ahí te quedas, Oviedín
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EL EQUIPO más emblemático de la capital asturiana, el Real Oviedo, está en tercera división por deméritos deportivos y por deméritos administrativos. Es decir, está donde le corresponde, porque en esta vida cada cual tiene lo que se merece y a lo mejor éstos no se merecían más.
Antes de entrar en materia aviso a los profesos de esa nueva religión conocida como futbolismo, y en especial a los acólitos de la secta oviedismo, que no soy aficionado de su eterno rival, el Real Sporting, y que en general el fútbol me la trae floja. (Ya es mala pata que siendo Asturias una región donde los movimientos de izquierdas y en especial los republicanos han tenido tradicionalmente enorme arraigo, los dos equipos con mejor historial deportivo de la región porten con orgullo un insustancial prefijo monárquico).
Observo el fenómeno religioso del futbolismo con la misma curiosidad que quien observa un termitero, quien por mucho interés que le despierte la actividad que allí tiene lugar no tiene intención alguna de meterse dentro de él (y menos aún de convertirse en un termes más del colmeno).
Decía que el Oviedo lleva arrastrándose por la tercera división asturiana más años de los que sus adeptos quisieran reconocer. Cuando un equipo de fútbol desciende de categoría, o bien sube al año siguiente o las cosas se le empezarán a complicar de verdad.
Si no asciende enseguida empezará a llenarse de jugadores con la calidad que marca la división en la que se encuadre. Así pues, el Oviedo tiene ahora mismo jugadores de tercera división.
Y con ese plantel es complicado convencerse de que el retorno a la división de plata del fútbol español es sólo cuestión de tiempo. Cuanto más pensar en volver a militar en primera división. Añadamos a una plantilla plagada de jugadores de calidad mediocre un nuevo inconveniente. Los contratos publicitarios, los patrocinadores y los derechos de televisión (cuando los hay) decrecen en sintonía con la categoría en la que se participa. Incluso los ingresos de taquilla se acomodan a la calidad del espectáculo que se vende.
Todos los ingresos salvo el dinero público, ya que los políticos saben perfectamente que también votan los ruidosos conciudadanos suyos que están en la órbita del religioso futbolismo o a punto de ser captados por la secta local correspondiente. Ese dinero público sigue afluyendo en la misma medida —bajo la eufemística vía del patrocinio institucional— que si el equipo disputara partidos de copa de Europa.
Así las cosas, en el Real Oviedo, tras dos o tres años de incertidumbre institucional en la que hubo directivos que salieron trasquilados, parecía que se habían tomado en serio el retorno a categorías menos mortificantes, y decidieron contratar a un entrenador cuyos conocimientos y capacidades estuvieran muy por encima de la tercera división.
No debió ser fácil la cosa, pues entre el cuerpo de entrenadores está asentado el convencimiento de que una vez que desciendes de categoría es complicado volver a ser contratados por equipos con el nivel deportivo que uno se merece.
Finalmente encontraron a “Lobo” Carrasco, que por los motivos que fueran aceptó la oferta (a mí entender porque no tenía nada que perder).
Tras un inicio de temporada dubitativo, Carrasco le cogió el pulso a la tercera división asturiana y la campaña acabó en un paseo deportivo, con algún inevitable altibajo, como corresponde a una liga sempiterna que se extiende a lo largo de diez meses.
Clasificados como primeros de grupo, con dieciséis puntos sobre el segundo clasificado, el Real Oviedo accedió a la fase de promoción, enfrentándose con el Caravaca y perdiendo el primer partido en tierras murcianas por 4 a 1.
Al día siguiente la directiva oviedista destituía al técnico con argumentos peregrinos. Ya la crónica del partido es incalificable si hubiera que darle una nota en la Facultad de Ciencias de la Información.
Además un tal Felgueroso, ignorante e indocumentado del mundo del deporte en general y del balompié en particular, firmaba ese lunes un artículo cargado de falacias —es decir, de argumentos falsos presentados como veraces— que más parecía una vendetta personal por algún oscuro desplante.
Después de leerme las farragosas noticias he llegado a la conclusión de que la destitución se explica en torno a dos supuestos. El primero es que el técnico se enfrentó con un sector de la afición que le recriminaba no sé qué cosas. ¿Y qué esperaban? ¿Que un tipo con carácter se quede callado cuando le insultan y le desacreditan gentes que desconocen los rudimentos del deporte pero que se creen con derecho a opinar sólo porque han pagado una entrada?
El otro punto sobre el que gira la destitución es la negativa de Carrasco a cambiar el sistema de juego. Pero estos sospechosos conversos del oviedismo, ¿en qué fuentes contaminadas se han emponzoñado?
¿No saben que si un sistema te ha llevado a una final hay que mantenerse firme en él porque es lo que te ha valido para llegar a ella? ¿Ignoran que no es posible poner en práctica en mitad de un partido lo que no ha sido practicado durante los entrenamientos? ¿Desconocen las impresiones que te quedan cuando cambias el sistema en una final y la pierdes? Al menos si te mantienes firme en tus tácticas trabajadas te quedará la convicción de haberlo intentado con lo mejor que sabías hacer.
Si hasta lo dejó escrito Sun Tzu (o quizá fuera Sun Bin) hace más de dos mil quinientos años: planifica el partido durante la semana; una vez en él, cambiar tus planes no lleva a la victoria.
El mundo del fútbol ha presentado aquí su cara más negra, su lado más canalla, con una afición ingrata que no ha sabido agradecer al técnico que les llevara a disputar la tan ansiada promoción. Se merecen el lugar que ocupan por zoquetes.
No estaría mal que el despotricante Felgueroso tomara las riendas del equipo la temporada que viene, con sus intachables falacias como carta de presentación. Y que la SAD Real Oviedo cediera —vía Internet es posible— a su tan mimada y consentida afición la configuración del once que dispute los partidos.
No me cabe duda de que así, entre todos, llevarán al Real Oviedo de vuelta a primera división.
30 de mayo de 2008
Actualización del 02.06.2008 a las 12:55 h.
Finalmente el Real Oviedo no pudo remontar la eliminatoria a pesar de que lo tuvieron en sus manos. Sus estúpidos dirigentes y sus descerebrados seguidores nunca sabrán si con Carrasco lo hubieran conseguido, ya que el entrenador sustituto fue fiel al guión marcado por aquél. En ocho minutos del último cuarto de hora pasaron de la alegría del ascenso a la derrota de la permanencia. Otro año será, Oviedín.

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