Siguen muriendo niños, Jaime
Martes, 01 de Abril de 2008 |
la aguja |
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prevencion | Administraciones publicas | gestion | legislacion | federaciones
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ESTE ARTÍCULO es el cuarto que dedico en esta bitácora al luctuoso tema del vuelco de porterías y canastas móviles. Seguiré recordando a los irresponsables que dirigen el cotarro deportivo que se debe legislar sobre algo tan evitable, obligando al anclaje a suelos o paredes de los equipamientos deportivos móviles en polideportivos, canchas exteriores y centros educativos y deportivos, ya sean públicos o privados.
Escribía mi último artículo sobre este particular —que titule «Ha vuelto a morir un niño»— el 10 de julio de 2007. Tan sólo trece días después, el 23 de julio, moría un joven francés en L’Estartit (Girona). El menor, de 17 años de edad, recibía el impacto del larguero en la cabeza tras apoyarse en uno de los postes y ceder el conjunto. Al menos tres son los niños muertos por desprendimiento o vuelco de equipamiento deportivo en 2007.
Hace menos de un mes, el 13 de marzo de este año, moría un niño de 15 años en Alcorcón (Madrid) también como consecuencia del vuelco de una portería.
Los responsables municipales, sin duda para intentar salvar sus gruesas fajas, llegaron diciendo que el equipamiento cumplía «toda la normativa europea y española para este deporte». Sesgadas y arteras me parecen las declaraciones de un tal Salomón Matías, concejal de deportes de ese ayuntamiento. Señor, no se trata de que la portería cumpliese las normativas para ese deporte FEDERADO, matiz que ha olvidado usted enfatizar.
La portería se encontraba en una cancha exterior que no estaba siendo usada para la práctica de deporte federado en el momento del accidente. Y es tan evidente que el ayuntamiento estaba permitiendo el acceso a esa cancha con finalidades alejadas de la práctica federada como que la portería no disponía de sistema antivuelco. Ergo, el ayuntamiento de Alcorcón es responsable de esta muerte por accidente (ver artículos 139 y siguientes de la Ley 30/1992, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas), y ya veremos si les imputan negligencia.
Continúa zascandileando Salomón Matías con un sofisma en la frase “la Federación Española de Fútbol Sala aconseja [no anclarlas] para evitar accidentes de los propios jugadores”. Luego entonces no hay normativa federada a la que atenerse, tan sólo una mera recomendación y únicamente a efectos federativos (por no hablar de que el CSD no reconoce —en el día de hoy— ninguna Federación Española de Fútbol Sala).
Recomendación carente de peso pues los ayuntamientos son soberanos en cuanto a la aplicación de las normativas de seguridad en sus instalaciones deportivas. Pero es que el reglamento de fútbol sala (PDF) de la RFEF (reconocida por el CSD) —ver la página numerada como 14 en el documento (al que le falta la página 8)— , sí estipula:
Seguridad.—
Las metas deberán disponer de un sistema que garantice la estabilidad, impidiendo su vuelco. Se podrá utilizar metas portátiles que garanticen la misma estabilidad que las metas habituales.
Ese bulo del peligro que supone para los jugadores el chocar contra una portería anclada es fácilmente desmontable. Existen métodos para que la portería quede sujeta a la pared o anclada al suelo sin posibilidad de vuelco pero con cierta posibilidad de movimiento que hace que un jugador de fútbol sala no vaya a chocar contra un obstáculo fijo.
Sin ir más lejos, el CSD dispone un sistema antivuelco en la Normativa de Instalaciones Deportivas y de Esparcimiento (NIDE) —repito: y de esparcimiento—. Luego, señor Matías Matías, sí existe normativa española respecto al sistema antivuelco de las porterías de fútbol sala y balonmano. Sólo que, incomprensiblemente, no es de obligado cumplimiento para todos (leer el tercer párrafo del punto 2).
Llega así la responsabilidad al inefable Jaime “Multimedia” Lissavetzky, señor del CSD, Secretaría de Estado para el Deporte en España.
El ya conocido por estos pagos bitacoreros, don Jaime Lissavetzky Díez, gusta de las pompas y el boato que su cargo sin duda merecen. Pero el hombre sólo ha centrado su afán regulador en la siempre mediática vía profesional del deporte.
Así hemos visto como tras la muerte de un joven en Sevilla (Antonio Puerta), Jaime Lissavetzky corrió a organizar una reunión en su CSD con expertos en cardiología —sin olvidar anunciarla a bombo y platillo— para que todas esas eminencias disertaran sobre tema tan controvertido como el de la muerte súbita en deportistas profesionales.
Dado el momento euforizante elegido, la reunión concitó una vez más a todos los tebeos deportivos que se publican en este país. Hasta del muerto “profesional” supieron sacar su tajada de gloria.
Sin embargo las muertes de los niños españoles por culpa del vuelco o desprendimiento de equipamientos deportivos no parecen conmover al Secretario de Estado para el Deporte hasta el punto de organizar una comisión que acabe dictando la obligatoriedad de anclar esos equipamientos para los titulares de las instalaciones deportivas (ayuntamientos, centros escolares, centros deportivos, etc.), y su revisión periódica y exhaustiva.
¿Tendrá que tocarle al hijo de un ministro, un diputado o un senador para que se mueva la burocrática y —cada vez más— mediática maquinaria del Estado?
1 de abril de 2008
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de un descreído del deporte




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Es inevitable que surjan accidentes e imprudencias, pero en ciertas cuestiones -encima con normas muy claritas como las que exhaustivamente citas- el número de ellos/ellas debería ser mínimo y, ciertamente, ocurre con demasiada frecuencia porque tengo la sensación que no todos los casos salen a la palestra (entre otras cosas, porque afortunadamente, en algunos de ellos la cosa queda en un susto). A mí lo que me encanta es cómo las autoridades incompetentes se quitan siempre el mochuelo de encima. No hablo de este sangrante tema sino de cualquiera. Cuanto más gordo es el pez mejor se evade. La culpa, como siempre, la tienen los simples curritos. En estos casos, supongo, el tío que no fue enviado a anclar las porterías al suelo. Y si llegara el caso de que alguna “autoridad” no puede evadir la responsabilidad, tranquilos, colegas, que toda su defensa correrá a cargo de los presupuestos públicos, es decir, de todos los paganos a los que nos fríen a impuestos. Pero si logran echarle la culpa al tío que no fue porque se había dejado los alicates en casa, entonces no lo salva ni dios ni más presupuesto que el suyo propio. Así da gusto. Yo de mayor (o en la otra vida) también quisiera ser autoridad incompetente. ¡Me lo pido!
¿Cuánto puede costar legislar obligando a que todos estos equipamientos en España cuenten con un sistema antivuelco?
¿Cuántas niños más han de morir (sin contar las lesiones graves, que como bien dices no salen a la luz) para que se reúnan los políticos y obliguen a disponer sistemas antivuelco en todos los equipamientos deportivos?
¿A qué programa de televisión hay que ir contando estas verdades para que los políticos pongan fin a este goteo de muertes?
A la vista de tu artículo, la lectura que me parece más grave es que son nuestras instituciones las que están matando a nuestros niños con su pasividad.
Pues dicho de una forma más clara, sí. Debe traerles sin cuidado porque eso no acarrea el relumbrón mediático de otras medidas que han tomado mucho más complejas.