AYER EMPECÉ a procrastinar el artículo de hoy. Hoy por la mañana seguía igual, sin decidirme a componer una historia que me va a llevar cierto tiempo hilvanar con estilo y coherencia. Al final de la tarde, en mi pausa laboral, acudo a tomar un café y alguien me tiende uno de esos tebeos deportivos.

A la japonesa lo hojeo, y ojeo las noticias menores. De pronto reparo en algo que da para medio artículo. Sigo adelante —o hacia atrás, según se mire—, y veo otra historia que da para medio artículo más.

La primera crítica se la lleva un articulista, por pelota. Ayer ratificaban a Jaime Lissavetzky en su cargo al frente del CSD. Ya he dicho en esta bitácora que no tengo nada contra la persona y sí que tengo poco a favor del personaje.

A pesar de que muchos ya le habíamos defenestrado, bien pensado en estos momentos tocaba ratificarle. Está demasiado fresca en la memoria colectiva la derrota sufrida en su lucha contra Ángel María Villar. Y no se quema a un vasallo fiel a las primeras de cambio. La política camina de la mano de la estrategia (y de la mercadotecnia y de la psicología social).

Lo prudente será darle un tiempo antes de enviarle a algún cementerio de elefantes. Veremos si mientras le dura la cuenta de protección —por utilizar términos boxísticos— recapacita y rectifica. Entonces es posible que procrastinen su viaje a la morgue de paquidermos.

Pero estaba diciendo que Juan Mora, articulista del tebeo deportivo que me habían acercado, adulaba a Jaime Lissavetzky, empezando ya por el titular del artículo: “Lissavetzky lo ha bordado”.

La baba resbala por un artículo estomagante a más no poder. Sus motivos tendrá el columnista. Leyendo la letra pequeña del tebeo compruebo que el tal Mora es subdirector del diario. Humm… ¿Permiso para sospechar?

Pero aún me recrearé un poco más en el peloteo rancio de este escritor de historias para memos. El segundo párrafo del artículo carece de rigor alguno:

Con él [con Lissavetzky], todos los deportes han conseguido éxitos insospechados. Algunos, alejados de su poder de influencia, como puedan ser los de Alonso, pero en otros ha contribuido con su apoyo a las Federaciones y que nos ha llevado, por ejemplo, a ganar los Mundiales de baloncesto y balonmano, dos veces el Tour o a conseguir un desarrollo en nuestra natación inimaginable.

[las negritas y mayúsculas aparecen tal cual en el texto original]

Es improbable que quepan majaderías más hiperbólicas en una frase tan subordinada [:-P]. Cualquiera diría que Lissavetzky ha dirigido los entrenamientos y coordinado la gestión de las federaciones.

¿Es esto lo que llaman estar a sueldo de Moncloa?

Tres páginas antes (o después, si se lee a la japonesa) se habla de la reciente derrota por K.O. de Javier Castillejo.

El púgil, que tiene ya cuarenta castañas, es el boxeador español con más éxito en el noble arte. Son muchas las guerras en las que se ha batido el cobre, y el tío se mantiene en la elite del boxeo mundial, pudiendo ser considerado ya como un atleta longevo (en algunas pruebas populares participaría en las categorías de veteranos), máxime en el duro oficio de gladiador moderno.

Sin embargo su preparador, Ricardo Sánchez Atocha, es incapaz de interpretar esta primera derrota por K.O. como un aviso. En realidad no es la primera; Castillejo ha perdido hace cosa de un año y pico otra pelea por K.O., pero su adversario dio positivo en el control antidopaje posterior a la disputa y el combate, creo recordar, que aparece como un no contest (sin resultado).

Es fácil borrar del currículo del campeón español esa derrota, pero lo que no le puede quitar nadie son los golpes que se llevó en aquel cuadrilátero teutón.

Ahora Sánchez Atocha dice que “el Lince” no puede retirarse con una derrota por K.O. La cosa suena hasta creíble a oídos de los aficionados nada críticos con la seguridad y la prudencia que debe imponerse al borde del ring.

¿Hasta cuándo piensa Sánchez Atocha seguir parasitando al del Parla? Si vuelve a pelear y gana, nos vendrá con la monserga de que está en su mejor momento. Y entonces volverán a procrastinar el momento de la retirada.

Sánchez Atocha se ha quedado sin recambio para Castillejo, y cuando éste lo deje volverá a ser un entrenador del montón; pero no del montón de dinero que se mueve en los cuadriláteros americanos, alemanes y británicos. El último párrafo de la noticia le retrata como un manipulador.

Castillejo ha superado la edad recomendable para dejar esta dura actividad que algunos se niegan a reconocer como deporte —el propio Lissavetzky entre ellos, señor Juan Mora—. Los daños al cerebro y la salud de un humano no son cuantificables ni mensurables.

No hay una ITV para boxeadores de cuarenta años.

15 de abril de 2008