A veces llegan cartas…
Viernes, 11 de Abril de 2008 |
la aguja |
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patrocinios | legislacion | bitacora
http://www.agujadebitacora.com/2008/04/llegan-cartas/trackback/
DÍAS ATRÁS encontraba una comunicación comercial no solicitada en mi ciberbuzón. Estaba redactada en un tono jovial y desenfadado, quizá juzgando a todo el mundo por igual. El texto que me dejaron es éste:
HOLA, fanático
TENEMOS ALGO QUE TE VA A INTERESAREn [la empresa] hemos terminado este nuevo comercial para la Eurocopa 2008.
Pensamos que siendo un mega fanático podrías estar interesado.
Lo mejor del fútbol internacional es su poder para acercar a la gente sin importar quién ni dónde.El fútbol ayuda a la gente a olvidar sus diferencias y permite compartir una pasión y experiencia en común.
Esta [sic] es una visión muy [nombre de la empresa] del mundo y es la razón por la que nuestro compromiso con el fútbol lleva ya más de 70 años de historia! [sic]
Esto es lo que llamamos “El Lado [nombre de la empresa] de la Vida”, que trata de abrazar la oportunidad y la espontaneidad y dispersar una actitud positiva alrededor del mundo.
En “Football Language” dos hombres se conocen en un tren. No hablan el mismo idioma pero sí conocen los nombres de los jugadores de la selección nacional de su nuevo conocido. Esto rompe la barrera de comunicación y ellos logran forjar una conexión por medio del lenguaje compartido del fútbol.¡Dinos lo que piensas sobre este comercial y siéntete libre de pasarlo a tus amigos!
ÉCHALE UN VISTAZO AQUÍ.Gracias! [sic]
[la empresa]
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No transcribo el nombre de la empresa pues no tengo intención de hacerles publicidad gratuita. Y los enlaces que me facilitaban han sido eliminados por el mismo motivo.
Como quiera que tenía cinco minutos antes de marchar al trabajo, me pareció ocurrente enviarles una respuesta al más puro estilo de “la aguja” haciéndoles notar los errores cometidos en texto tan escueto. Mi comunicación fue la siguiente:
Señores,
considero una falta de respeto que me saluden con un “Hola, fanático”. Ustedes y yo no nos conocemos de nada.Además, considero un insulto a mi inteligencia que me juzguen un fanático. Quizá deberían visitar el Diccionario de la RAE antes de emplear ciertos vocablos.
Cometen otro error más: han dado por sentado que me gusta el fútbol, cuando lo cierto es que me parece un deporte primitivo que
es de los que menosno es de los que más pueden aportar al desarrollo motor y cognitivo del individuo.Y no he visitado el enlace que me proponen porque ya sólo me faltaba perder mi tiempo visitando anuncios promocionales de productos que no consumo.
En sucesivas comunicaciones (si es que se producen), espero que moderen sus expresiones juveniles cuando se dirijan a personas que desconocen.
Mientras tanto, reciban un frío saludo de quien no les ha pedido información alguna y menos aún que inunden mi correo-e de spam.
laaguja
Creía que en la frase “considero un insulto a mi inteligencia” se entendería que utilizo un tropo para referirme a “mi persona” y que no sería interpretada como una chulería, pero he debido pasarme de sutileza. La respuesta me llegó casi de inmediato:
Estimado señor,
Lamento que nuestra comunicación lo haya molestado y sí, reconozco mi error personal de no separar su correo electrónico del resto que conformaban la base de datos.
Olvidé que el blog que usted escribe es de interés general y debería haberle escrito un mail personalizado, orientado a su interés personal y apelando a su indudable inteligencia, calidad de discurso y previsible irritabilidad. Pero una vez más, el ajetreo de la rutina laboral diaria me impidió realizar mi tarea de un modo intachable.
Gracias por hacer notar mi falta. Espero, aunque lo dudo, que no vuelva a repetirse.
Sin más, saludo atentamente en esta, mi última comunicación.
[Maritornes Pérez]
Lic. (sí, licenciada) en Comunicación Social
¡Touché! Lo cierto es que nunca pensé que serían tan torpes de contestar. Hubiera sido más prudente no entrar al trapo. Se puede tomar nota de una crítica o no tomarla, pero nunca se contestan este tipo de cartas.
En El Abrevadero nos hemos pasado una buena tarde diseccionando la contestación y riéndonos del cabreo contenido de la muchachita licenciada.
Nos hemos reído con el contrasentido del primer párrafo, donde dice reconocer un error personal —un servidor sólo ha criticado las formas de esta campaña—, pues más adelante duda sobre su propia capacidad de enmienda. ¿De qué sirve entonces reconocer un error?
Simpático es también el hecho de que al final del mensaje publicitario pedían comentarios personales sobre esta campaña, para después cabrearse con la primera crítica que les llega.
Nos desternillamos, cómo no, con la fatuidad de advertirme de que ésta será la última comunicación que me enviarán. Sólo el pensar que me he caído de la base de datos de esta empresa de bebidas espirituosas ya es para brindar con cava.
Pero lo que no hemos acertado a discernir es por qué dice que mi bitácora es de interés general, cuando en realidad trata sólo sobre deporte.
Lo que más me ha gustado de sus pequeños dardos ha sido lo de mi previsible irritabilidad. Esto confirma que escribiendo consigo transmitir el estado de ánimo que busco, porque no es sencillo aparecer todos los días como Don Cicuta (los más jóvenes no conocieron al entrañable personaje que fue Don Cicuta, que estaba en contra de todo).
Sin embargo el ramalazo de humor feminista del tópico chiste en el que la abnegada mujer toma cumplida y silente venganza de un marido cargante en exceso, rebaja el nivel de la respuesta hasta los límites de la chabacanería.
¿Y de qué le viene el cabreo a Maritornes? Fácil de deducir a la vista de su firma. Sin duda se ha enfadado conmigo tras leer el texto que cáusticamente he redactado a modo de presentación: Quién no es la aguja.
Chirigotas aparte, lo cierto es que toda una licenciada en Comunicación Social contesta dolida pero evita entrar en el fondo del asunto, que había dejado caer en mi despedida.
El spam, es decir, el envío de información publicitaria no solicitada, está expresamente prohibido por la Ley 34/2002, de servicios de la sociedad de la información y de comercio electrónico —modificada posteriormente por la Ley 32/2003—, en su artículo 21:
1. Queda prohibido el envío de comunicaciones publicitarias o promocionales por correo electrónico u otro medio de comunicación electrónica equivalente que previamente no hubieran sido solicitadas o expresamente autorizadas por los destinatarios de las mismas.
Y estos publicistas tan megaguais se han permitido, en nombre del inmaculado fútbol internacional (como si no existieran otros deportes que levantan emociones y pasiones), enviar publicidad sobre su producto al correo-e que he dejado en ‘El Espectador’.
En realidad se han permitido el lujo de ofrecerme el acceso a su megafanático anuncio sobre el mundo del fútbol sin esconder el oportunismo que supone la proximidad de la Eurocopa. Rizando el rizo, ahora anuncian anuncios a través de la Internet. Quizá a ver si alguno caemos en la celada y les damos cobertura gratuita en nuestros blogs…
¡Ahí va!, pues ya he picado, y les he dado la publicidad que querían. ¡Jolines con la psicología social!
11 de abril de 2008
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de un descreído del deporte




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Y además de Licenciada, loísta.
Es lo que tiene que en las Universidades de nuestro país dejen estudiar a analfabetos sin hacer criba alguna.
Cosa que se debería enmendar.
Porque para poder desempeñar cualquier tipo de profesión, primero hay que saber expresarse correctamente y sin vulgarismos tanto en el propio idioma como en uno adquirido posteriormente.
Tengo la sensación de que esos “fallitos” en una licenciada en “Comunicación Social” sí que son reprobables.
Pase que en la primera comunicación se come la apertura de admiración en dos ocasiones (¡pero es que era la primera comunicación!; ¿será que en “Comunicación Social” no hay siquiera unos créditos sueltos sobre la importancia del primer contacto?) para en una tercera ocasión sí utilizarla (ésta sí, ésta no…).
Y pase, también en el primer comunicado, la omisión de la tilde en un pronombre (nos puede pasar a todos, pero una comunicación empresarial —al menos para mí— exige una revisión un poquito exhaustiva).
Pero en el escrito de respuesta ese “lo” dice muy poco en favor de la imagen de la persona que envía el cibercorreo (por usar el término que propone la RAE, desaconsejando el que aquí utilizamos siempre —correo-e—)
A mí me da la sensación de que en “Comunicación Social”, y en otros órdenes de la vida, “todo vale” con tal de echar pa’lante “la rutina laboral diaria”.
Me temo que con mi contestación y este articulo me he perdido una megafanática de esta bitácora…
Me había percatado también de esos dos fallos ortográficos tan comunes, pero considero el loísmo algo mucho más grave, ya que es un vulgarismo apreciable tanto en la lengua hablada como en la escrita.
El problema de la ortografía entre los españoles de hoy en día es algo que creo que difícilmente se vaya a poder enmendar en estos momentos y que cada vez va a peor entre la masa inerte.
La gente se ha empeñado en deshacerse de unos signos que son necesarios en nuestro idioma escrito, pues sin ellos es muy difícil comprender el significado de una oración (que no frase) extensa a primera vista. Por no hablar del hecho de que nuestro idioma sea uno de los pocos (si no el único) que los posee.
Aunque bien se pueden sacar de la manga un argumento para este tipo de deslices: El hecho de que el trato sea más mundano y juvenil denota que no es una fría máquina quien envía los correos, sino una persona cercana a sus receptores.
Supongo que es un pilar de la comunicación social.
Lo de las tildes en los pronombres lo dejo por caso perdido, ¿cuándo se darán cuenta de que pronombres personales no es sinónimo de pronombres demostrativos?
En buena hora se le ocurrió a la RAE cambiar esa gran norma de acentuación (y distinción).
Ya es hora de declarar la guerra a los spam, esos horribles y fastidiosos correos que nos invaden sin que nadie los solicite y que despues hay que empezar a borrar.
¡ Abajo los spam!
En aras de ser un poquito más precisos yo diría que abajo las empresas que nos bombardean con spam. Si está prohibido por ley, no sé por qué continuan con esa práctica.
Tengo un correo-e (cibercorreo, vale…) para esta bitácora. Se puede encontrar en la barra lateral por los motivos que ya he explicado en alguna ocasión.
Pero no está ahí para que me envíen “comunicaciones publicitarias o promocionales” no solicitadas. Ocurre que un servidor no va a perder su tiempo y su dinero elevando una denuncia contra esa empresa, y ellos lo saben y de eso se aprovechan.
Yo no sé si es que nos han tomado por tontos. Hacen un anuncio que se les antoja supermegaguais y ponen a una licenciada a recoger de la Internet correos-e de webs y bitácoras deportivas (tengo muy claro que la dirección de correo-e de esta bitácora no la he dado nunca a esa empresa).
Después alguien redacta una supermegaguais circular y la envían como si nos hicieran un favor:
Estoy contigo: ¡fuera el spam y quienes se sirven de él tratando de engañar a cuatro incautos! Debería existir una oficina institucional a la que poder quejarse y que la Administración actuara de oficio (si existe y alguien la conoce, que deje aquí la dirección).
El escrito de la señorita Licenciada en Comunicación Social en respuesta al tuyo no hay forma de agarrarlo en cuanto le metes un poco el bisturí. No es sólo el tema del “loísmo” ni las contradicciones argumentales. Es que no hay por donde coger semejante engendro lingüístico. Se lo he dado a varios profes quisquillosos y le han sacado un montón de errores gramaticales, morfológicos y semánticos que, claro, no me voy a poner a reflejar aquí, en esta bitácora de “interés general”. (Amigo Espectador, el elogio de esta Licenciada hacia tu bitácora, otorgándole dicho calificativo, merecería que le enviases un vistoso ramo de flores. Claro que si lo quisieras hacer por la valía de su escritura, el ramo debería estar confeccionado… con cardos borriqueros).
Por vía interna te remito una feroz crítica sobre cómo la tal Licenciada escribe su respuesta. Si ese es el nivel de expresión escrita que tiene cara al público, habría que quitarle la licencia para tal menester. Horrorizados, Aguja, aterrados se quedaron los profes cuando les enseñé semejante engendro. A su lado el “Buerbo hen un rrato” que vi el otro día en la puerta de un cerrajero es casi una obra de arte. El amigo merecería ser elevado a la categoría de orfebre ortográfico con nivel, al menos, de catedrático. ¡Qué menos!
¿Por qué se quedan tan aterrados esos profesores? Si la culpa de que alguién que sale de la universidad sin escribir correctamente no es del sistema educativo, no se de quién cojones es.
1. de la persona
2. de la puta mierda que es la LOGSE
Esos son los culpables, y no necesariamente en ese orden. Si una persona relativamente aplicada (asumo esto teniendo en cuenta que ha finalizado una licenciatura) no sabe escribir correctamente, tiene mucho que ver con que en su momento el profesor que hoy se echa las manos a la cabeza, ayer miró en otra dirección al ver el mismo fallo.
Yo tengo claro que la mediocridad está instalada en la sociedad en la que vivimos. Y por tanto alcanza a todos sus estamentos en todos sus estratos, licenciados y licenciadas incluidos.
Se puede superar con buena nota un examen de ingreso en una Universidad. Puede uno graduarse con buena nota en una Licenciatura. Pero eso no supone que se sacuda la mediocridad. El ser mediocre va con la persona. Hay oficiales mediocres y hay licenciados mediocres, como hay empleados mediocres y tenderos mediocres.
Si uno mismo no hace nada por mantener un compromiso por la excelencia (la frase no es mía; es el lema de los Oakland Raiders), de nada valen las arengas de profesores ni catedráticos.
Me has dejado asombrado con la disección que me has enviado. A estas alturas ya dudo hasta de la poca calidad de lo que escribo.
Parece que la muchachita tiene una vida laboral muy ajetreada; aún así ha sacado tiempo para sacarse la espina que sin duda le suponía mi respuesta.
Entonces, las prisas otra vez, la habrán llevado a cometer todos los errores que reseñas en el correo-e que me has enviado (es que tus amigos no han dejado tres palabras seguidas sin señalar con errores).
Mucha licenciatura y mucha gaita, pero para mí el error supremo es enviar ese tipo de escritos (tanto el primero como la contestación) como parte de la comunicación empresarial.
Tal vez esa licenciatura venga a cubrir el antiguo Secretariado. Pero creo que se ha perdido en calidad. Es que ahora “todo vale”.
Al final, ella misma ha dado la razón al texto de presentación que ya he reseñado y que aparece debajo del título de cada artículo (el que la dejó picada), donde pongo en solfa a tanto diplomado y licenciada mediocre.
En efecto, es un tema de mediocridad generalizado en el que todos (y cuando digo todos, quiero decir TODOS) tenemos nuestra cuota de responsabilidad. Es el signo de estos tiempos en que perdemos el cerebelo y hasta las gonadillas por cualquier armatoste tecnológico, cuando deberíamos hacerlo por cosas más necesarias y fundamentales. Así, me descorazona comprobar la pérdida de tiempo que representa un puñetero móvil, que no deja de ser en el fondo un vulgar telefonillo para salir del paso o para resolver algún contratiempo habitual. Encima acabo de leer la noticia de que escribir los mensajes SMS correctamente, con sus tildes, comas y demás parafernalia sale mucho más caro que hacerlo tan chorramente como es costumbre, uso y abuso.
En fin, que según afirma el dicho, y creo que Palicero estará de acuerdo, “entre todos la mataron y ella sola se murió”. El cadáver (sea la educación, la ortografía, el deporte o cualquier otra cuestión candente) está en el depósito perfectamente identificado, estudiado y diseccionado pero nadie pone nombre a los autores de la fechoría, que se diluye en la colectividad, el sistema o la sociedad como responsables finales. Ello es cierto, en efecto, pero por eso mismo no hay jamás responsables. Ni siquiera “en última instancia”, como hubiera escrito Carlitos Marx.
Aquí entramos, por último, en el quid de la cuestión: TODOS somos responsables pero ALGUNOS MÁS QUE OTROS. Y aquí es donde ni siquiera los forenses logran ponerse de acuerdo. Las sociedades modernas compensan su complejidad estructural y tecnológica con la simpleza de su ser vivo dominante: el bichejo humano. Coincido con Alain Finkielkraut, en su memorable libro “La derrota del Pensamiento”, de Editorial Anagrama, donde habla de “cultura zombi”, “reinos mediáticos de la confusión”, “la pedagogía de la relatividad”, la “cultura desmigajada”, el “derecho a la servidumbre”, “su majestad el consumidor” o “una sociedad finalmente convertida en adolescente”. Son algunos de los titulillos de su apasionado alegato contra la mediocridad del mundo que nos ha tocado vivir.