La mejor tumba es la más sencilla
Martes, 11 de Marzo de 2008 |
la aguja |
Hay 4 comentarios
sociedad | deporte de elite | Administraciones publicas | dopaje | salud
http://www.agujadebitacora.com/2008/03/tabu-muertos/trackback/
EN LAS culturas mediterráneas pesa un fuerte tabú sobre la muerte y los muertos. Está mal visto desearle la muerte a un cabrón, pero se acepta que al ofensor —o al cargante— se le deseen calamidades sin fin. Me dijo en cierta ocasión un buen amigo: “los curas y las monjas no deberían morirse nunca; deberían estar siempre enfermos”.
La sociedad en la que vivimos en esta parte meridional de la Europa más occidental se identifica con el grito de “hay que respetar a los muertos” o se une bajo el más amenazante de “a los muertos ni tocarlos”, logrando así echar tierra no sobre el ataúd del finado, sino sobre su vida por muy tumultuosa que hubiera sido.
Y uno, que se jacta de irreverente —y hasta oficia de ello—, se pregunta que a qué viene tanto interés en callar la verdad, cuando no en amordazarla.
Esconder la verdad, disfrazarla de sofismas y circunloquios, sirve para enterrar los hechos y para ocultar los intereses de quienes sin escrúpulos obtienen un beneficio por haber utilizado en vida al difunto, o por valerse de los muertos, o del propio tabú que existe sobre los difuntos, para transgredir la ley o las normativas existentes.
Cuando muere un deportista enseguida el común se apresta a sepultar con él las miserias que todos los mortales padecemos, elevando al desaparecido a un olimpo en el que nunca hubiera entrado de no ser por el súbito fallecimiento. De repente el muerto era una persona modélica, un dechado de perfecciones tanto en su hogar como con los compañeros.
Con la muerte se difuminan hasta quedar diluidas todo tipo de sospechas sobre turbios asuntos. La condición de cadáver del deportista otorga a su memoria una especie de omni-amnistía.
Insinuar que Antonio Puerta, el sevillista, podría haber estado siendo objeto de un programa de dopaje constituye un crimen de lesa majestad para los forofos/integristas del sevillismo más recalcitrante, que han elevado a un altar a un chaval que no era, ni mucho menos, la octava maravilla futbolera. Y es que en tierras andaluzas las muertes trágicas no se viven como en este Cantábrico mío…
El ambiente que se vivió en la ciudad aquellos días fue tan especialmente truculento que incluso el cura que ofició el funeral se permitió adornarse con la muerte del jugador estando el difunto de cuerpo presente:
El velatorio concluyó con un responso en el que el sacerdote oficiante recordó el ya célebre estribillo del himno del centenario, “sevillista seré hasta la muerte”, para destacar que, para un futbolista, “qué mejor forma de morir que en el terreno de juego”, donde Puerta “daba su vida”.
Y así, el curilla, utilizó al muerto para su lucimiento personal. ¡Hombre!, a mí se me ocurre que la mejor manera de morir para un futbolista es hacerlo de viejo, en la cama, y rodeado de los suyos. Aquí, en el norte, a ningún cura se le hubiera ocurrido semejante disparate porque alguien le hubiera contestado allí mismo que qué mejor manera de morir para un cura que flagelado, clavado y asfixiado en una cruz.
De alguna manera la muerte diferencia a las culturas.
No recuerdo dónde he leído que al futbolista no se le hizo la autopsia (cosa que me cuesta creer). Lo que no me extrañaría es que se hubiera silenciado cualquier dato que hubiera dejado la memoria del deportista a la altura del betún. Si estoy en lo cierto, y dentro de un tiempo llega a descubrirse, nos dirán aquello de “no estaba el horno para bollos”. Si no había nada que ocultar, ¿por qué no se ha despachado este asunto con luz y taquígrafos? (la frase es del periodista José María García).
En lugar de investigar, de esclarecer, de atar cabos y desenmarañar la madeja, en nuestra cultura se prefiere no mencionar las debilidades del finado, aunque con ello se continúen permitiendo situaciones que deberían ponerse en conocimiento del juzgado más cercano.
Hace ahora dos años murió Jesús Rollán —que fuera portero de la selección de waterpolo de la federación española de natación—. Se apuntó en primera instancia el suicidio como causa de la muerte, pero acto seguido se corrió un velo quizá por los motivos explicados en el enlace.
En la siguiente noticia se evita mencionar el motivo de la muerte del deportista: «Jesús Rollán, el espíritu del waterpolo español». Pero sí ofrecen un dato recubierto de una pátina de humanidad que desvela el trato de favor y el dinero que nos está costando a todos esta historia del deporte internacional y la supuesta representación del país que hacen los deportistas de elite.
Desde el pasado octubre, debido a problemas personales, como la separación de su mujer, seguía un costoso tratamiento (Tutoría de Deportistas) sufragado por el Comité Olímpico Español, al que accedió tras solicitar ayuda al presidente del COE. “Manel Estiarte, Chiqui Sans y yo hablamos de ver la manera de ayudarle”, declaró Rafael Blanco, director general del Consejo Superior de Deportes (CSD) y ex presidente de la federación española de natación.
[ [ Evite el lector confundir en una primera lectura a Rafael Blanco, director general del CSD, con Alejandro Blanco, presidente del COE ] ]
No entiendo cómo es posible que haya un fondo de reptiles destinado a ayudar en su vida personal a los deportistas de elite una vez que abandonan su etapa deportiva. No existe para ningún otro sector de la población una dotación de dinero público destinada a tal fin (las pensiones por jubilación no son un fondo oculto).
Nos salen muy caras las medallas olímpicas. Medallas que no elevan a España en ningún foro internacional, y que poseen un valor efímero salvo para quienes las consiguen. Una cosa es que existan becas y ayudas a los deportistas para ultimar su preparación, y otra muy distinta que se confunda al gobierno con una ONG.
Si la especificidad del deporte supone que el deporte de elite no debe ser intervenido por los Estados —doctrina con la que estoy de acuerdo—, se debe mantener ese criterio y no beneficiar a personas concretas con el dinero de los impuestos que todos pagamos.
El que sólo unos españoles puedan acudir a centros privados para aliviar sus dolencias con buena parte del dinero con el que contribuimos a la marcha del Estado me parece de un exclusivismo irritante y criticable. Cuando un trabajador español se encuentra enfermo, sea física o mentalmente, acude a la Seguridad Social que sufragamos entre todos.
Jesús Rollán estaba siendo beneficiario de un costoso tratamiento gracias al dinero de los contribuyentes, quienes a pesar de pagarlo no tienen acceso a clínicas privadas ni a tratamientos avanzados. Sus problemas personales estaban siendo costeados por el Erario público a través del COE, organismo privado que percibe del Estado pingües subvenciones (relean con calma la última frase del texto extractado).
Me parece una grandísima falta de solidaridad para con quienes quizá no se hayan dejado la piel en la cancha de juego pero sí se dejan la salud trabajando por la noche o madrugando a horas intempestivas, prestando sus servicios en fábricas o en minas insalubres, subiéndose a andamios o conduciendo maquinarias en las heladas mañanas del invierno, y cargando y desplazando pesos que les dejan los músculos tan machacados como a estos sibaritas del deporte de elite.
Sé que los muertos no hablan, pero yo no voy a dejar de hablar de los muertos por el mero hecho de que estén muertos. Máxime si con su muerte se pueden descubrir injusticias con los trabajadores o escándalos de dopaje.
Nota: el título de este artículo es una conocida frase de Platón.
11 de marzo de 2008
![]() Versión imprimible |
![]() Deja tu opinión |
de un descreído del deporte




Recomienda este artículo







En primer lugar decirte que estoy bastante de acuerdo con lo escrito en este articulo y sin animo de ser repetitivo quiero dar mi opinión ya que este es un tema que mucha gente puede considerar delicado y que como bien has dicho en la cultura en que nos hemos criado se considera “tabú” pero ¿ por que no hablar de una “meta” que tenemos todos por destino desde el dia de nuestro fallecimiento?.
La verdad es que cuando ocurre un asesinato, fallece una persona joven, un deportista, muere alguien a consecuencía de un atropello o cualquier circustancía parecida, todos nos convertimos en unos santos y cuando entrevistan a alguien en la televisión siempre se escucharan las mismas “palabrejas faciles” de si fulanito era una excelente persona, no se metía con nadie, era muy bueno, siempre estaba ayudando a los demás y que si patatín y que si patatan.
Lo que nunca escuchamos es decir ” fulanito era un sinverguenza o era un hijo de la gran…….” con todos los respetos.
¿Realmente los daños causados por una persona se esfuman y desaparecen el dia de su fallecimiento?, en cierta manera si porque el individio ha dejado de existir pero sus daños siguen hay y quizas mucha gente se beneficie y se sienta descansada con la defunción de un indeseable.
En definitiva,( cierto es que en la cultura de la mitad sur peninsular respecto a la muerte y muchas otras cosas es bastante diferente a la de la mitad norte) creo que este no debería de ser un tema tabú porque como mencionó más arriba esta no deja de ser la meta de nuestras vidas ya que desde el más rico al más pobre, desde el blanco, al chino o al negro todos nacemos con esta finalidad y no hay más.
Es una fase de reciclaje.
psdt: Seguro que mucha gente se puede sentir descansada y satisfecha con la defunción de algún supuesto cabrón.
un saludo
en el comentario de arriba donde pongo fallecimiento quiero decir nacimiento como es obvio.
La muerte -la estación términi de la vida- no puede estar ajena a la cultura. Ello explica que en distintos países, regiones y hasta lugarejos se viva interna y externamente de manera bien diferenciada. Hay quien la afronta de cara y quien la oculta, quien la asume como inevitable y quien jamás podrá comprenderla, quien la llora ostentosa y públicamente y quien lo hace en la más absoluta intimidad. No por el hecho de fallecer uno ya puede ser catalogado como buena persona y tal, pero considero que -salvo casos sangrantes como grandes dictadores, criminales o así- no pasa nada por echar ciertas flores al fallecido, sabiendo como sabe todo el mundo que en esto hay mucho de hipocresía, o de mantener las formas o los “buenos” modales. Al fin y al cabo el difunto ya nunca más va a volver a hacer jugarretas, maldades y cabronadas. Más bien, a partir de ahora, habría que preocuparse por quien le va a suceder en estas cosas.
Claro que lo antedicho está muy bien siempre que no olvidemos, siempre que no convirtamos a la muerte en una tabla rasa que ha terminado con todo lo anterior. Murió una vida pero todo lo que la rodeó y lo que ésta hizo y creó perdura y, seguramente, sigue produciendo consecuencias. Es evidente que, por remitirnos a Puerta, debería haberse realizado una autopsia y si hay evidencias de dopaje o cosas raras, investigarse. La celebridad de un personaje, sea futbolista, gobernante o famosillo del celuloide, nunca debe primar sobre la verdad que se esconde tras él. El problema, sin embargo, es que con la muerte muchos personajes suelen llevarse trágicamente consigo numerosos secretos y grandes verdades. Luego, salvo pruebas incontestables, me parece muy peligroso (y a veces poco ético) sacar cuestiones a menudo sin fundamento, para las que sería precisa la opinión del finado. Me viene a la mente el caso Pantani de hace un par de años, de cuyo aparente suicidio se podrían sacar muchas conclusiones aunque casi todas supuestas.
En cualquier caso el tema es delicado porque, como bien dices, la muerte sirve en ocasiones de coartada para tapar otras cosas. Y de hecho muchas muertes violentas o imprevistas o enigmáticas ocurren por eso mismo (caso Diana de Gales, por ejemplo?). A mí no preocupa tanto el tema de que se hable de los muertos (hay que recordar la memoria de quienes nos antecedieron, sea buena o mala). Más me preocupan los “vivos” que hacen negocio a costa de los muertos o que tergiversan su memoria buscando pingües beneficios, como hacen muchas telemierdas rebuscando en la intimidad de famosos y famosas que ya estiraron la pata.
La muerte, para muchos, es un estupendo negocio. Quebrará una guardería por falta de niños, pero no una funeraria por falta de finados.
Sin ningún tipo de complejo sobre la muerte, los muertos, y los vivos, Nieves Concostrina es la titular de un fenomenal microespacio en RNE5: Polvo eres.
Sobre las diferencias culturales sobre el tratamiento que se hace de la muerte, me hace una gracia particular los tabúes de ciertas culturas (algunas españolas) a la hora de hablar de la muerte, pero que se acuerdan de tus muertos para insultarte. Te diré que en este norte nos choca que alguien se ensucie en tus muertos a modo de burla. Simplemente no lo entendemos como insulto, aunque no descarto que alguna bofetada se escape habida cuenta del contexto y del lenguaje no verbal que siempre acompaña a este tipo de manifestaciones.
Sobre el suicidio diré que es un tabú dentro del tabú que es la muerte, y por ello merece un tratamiento especial.
Ahora bien: yo quiero saber. Quiero saber por qué se muere un deportista joven que está valorado en una porrada de millones y cuya SAD tiene un equipo médico con dedicación completa para el equipo profesional. Y no me vale eso tan manido de que es un problema congénito indetectable que nadie sabe que lo tenía hasta el día que se muere de ello. Pues no, mire usted. No me lo trago. Necesito más explicaciones.
Y también quiero saber por qué existe un fondo de reptiles para pagar las neuras particulares de los deportistas que han logrado algún título en deportes olímpicos (los deportes no-olímpicos ni existen).
Sobre este asunto de costear con el dinero de todos los problemas personales y particulares de los deportistas famosos hablaré a la vuelta de las vacaciones semanasantiegas, que me temo que van a demorarse un poco más de lo predicho en el cierre porque estoy muy cómodo sin hacer nada.