QUIEN LEA con cierta frecuencia esta bitácora acabará deduciendo que tengo algo personal contra Jaime Lissavetzky. No es cierto. Incluso tenemos algunas afinidades. El tipo veranea cerca de donde yo vivo, y no me importaría invitarle a cenar en el próximo mes de agosto.

Ocurre que este hombre tiene afición a meterse en los charcos. Yo pienso que es debido a no haber focalizado convenientemente su tarea al frente del CSD. Le está pasando, salvando las distancias, como al anterior director general de deportes de Asturias. Se han centrado en la parte mediática de su cargo y han acabado opacando al político del escalafón superior, el consejero o el ministro al que corresponde la cartera de deportes.

El último fangal en el que se ha metido Lissavetzky es la exclusión del Astaná del Tour 2008: «Lissavetzky reitera su apoyo a Contador y pedirá al Tour que le deje correr». ¿Creerá que ha ganado influencias en el ciclismo con la Operación Puerto? ¿Por qué entrometerse en asuntos que no son de su incumbencia?

Vayamos por partes: 1) se trata del Tour y no de la Vuelta, prueba ciclista que se desarrolla en Francia y no en España, por lo que está entrometiéndose en una prueba que no es de su jurisdicción.

2) El Tour es organizado por una empresa privada (ASO) y no por un Estado, por lo que los gobiernos poco o nada deben hacer, salvo velar por la observancia de la legalidad vigente.

3) El Tour se organiza en torno a la vertiente profesional de un deporte, por ello planteamientos como la participación universal no tienen cabida. El principio que rige el deporte profesional es únicamente el crematístico, como el de toda empresa. Y es lícito que una empresa vele por sus intereses económicos; debemos suponer que entienden que están haciendo lo mejor para su empresa.

¿O acaso no sería tirar piedras contra su tejado tomar una decisión que implica dejar fuera de la carrera al campeón del año anterior?

4) La participación en el Tour se cursa mediante invitación y no por inscripción. Se trata de una prueba INVITACIONAL, y no de un OPEN. No se excluye a nadie, simplemente no le invitan. Una empresa debe poder decidir libremente con qué otras empresas quiere asociarse para la consecución de sus fines.

5) Han excluido a un equipo (y no al ciclista; ¡cómo nos gusta intoxicar!) que no ha hecho más que sembrar la duda sobre el ciclismo profesional, el cual es el producto o/y servicio que vende y del que depende esa empresa.

Contador debería empezar explicando por qué él, que era el único del pelotón internacional que podía haber elegido cualquier destino, prefirió fichar por el equipo sobre el que más sombras planeaban ya en el momento de firmar su contrato.

Sobre la influencia que Contador pueda ejercer en el público hay que reconocer que está lejos del trío que comanda el deporte español internacional: Fernando Alonso, Pau Gasol y Rafael Nadal (en orden alfabético).

No veo a Lissavetzky entrometiéndose en los asuntos de McLaren cuando decidieron prescindir de los servicios del asturiano. Ni mucho menos le veo llamando a la FIA para presionar y que le dieran un bólido a Fernando cuando planeó la duda de si tendría escudería este año.

Tampoco veo yo al presidente del CSD llamando a la NBA ni a ninguna de sus franquicias para que Gasol cambiara de equipo o le permitieran jugar más minutos. En cuanto a la disponibilidad del catalán para jugar con la selección de la federación española de baloncesto, no recuerdo que Lissavetzky reiterara apoyos ni peticiones a nadie para que jugara el mundial y el europeo. Ahí nuestro figurín tenía bien clarito que se trataba de deporte profesional.

Posiblemente a Rafael Nadal nunca le vayan a impedir jugar en Wimbledon o en Roland Garros, salvo que quede señalado por alguna causa no deseable. Ambos torneos son open y no son invitacional. Pero si para algún torneo invitacional dejaran de contar con su raqueta, no veo yo a Lissavetzky presionando para que contaran con los servicios del balear.

Muy distinto sería si el motivo de la exclusión fuera ser español… (Y el Astaná no es español precisamente…).

Sin embargo Contador debe sentirse muy arropado por ciertas esferas del poder para decir públicamente: «‘Pido un esfuerzo a los políticos que puedan presionar para que corra el Tour’». El chaval ha acabado creyendo que el Estado está al servicio de sus deseos.

A pesar de todo, y después de mi invectiva del último día, he de felicitar al ucranio-asturiano Lissavetzky por salir al paso del prepotente Blatter. Está por ver si la firmeza de sus declaraciones no se troca en flojera de piernas cuando haya que plantarle cara:
«[…] pido respeto absoluto a España y a los españoles, a sus leyes y su soberanía. […] Estoy aquí para hacer cumplir las leyes y vamos a seguir adelante en [la aplicación de] esta orden ministerial y en [la de] la ley […]».

No hace falta que este contribuyente recuerde al equipo del gobierno español que se avecinan elecciones generales, y que demostrar flaqueza en cuanto a la aplicación de las leyes españolas podría suponer que muchos compatriotas se planteen si merece la pena volver a darles el voto. Sepp Blatter no es un Jefe de Estado (y dista mucho de serlo), por lo que los honores y contemplaciones que se le dispensan son excesivos. No vayamos a confundir la gimnasia con la magnesia.

22 de febrero de 2008