HACE COSA de dos meses descubría una de esas bitácoras futboleras que de vez en cuando nos regalan algunas perlas a los que gustamos de indagar en los intríngulis y por los vericuetos de la escena deportiva.

Creo recordar que se llamaba “La grada”. No se tomen la molestia de pinchar en el enlace porque serán redirigidos a la bitácora “Reserva india”, así que no verán el peinado —ni el nombre— con el que quedó abandonada la primera.

La grada estaba alojada en “Blogger”; por ello se le presuponía un principio de independencia respecto a los mass media. Ahora está alojada en “Terra”, empresa entroncada con la industria de la información.

La extinta bitácora dedicaba sus posts casi en exclusiva a uno de los equipos de la primera división del fútbol español, y el autor zahería con invectivas constantes la credibilidad y la honorabilidad de los dirigentes del club de sus amores. Escrita por un periodista deportivo, se podían leer también artículos críticos sobre lo que se cocía entre las bambalinas de su profesión.

Yo llegué en medio de una feroz diatriba a lo que parece ser un modus operandi instaurado en oficio tan inmaculado. Se podía leer ese post accediendo desde este enlace: “Los indigentes del As”. Pueden ahorrarse la molestia porque no lo encontrarán (ya saben, serán redirigidos a la portada de la nueva bitácora).

En El Espectador, por mor de cierta tecnología, quedó guardado aquel corto artículo que fijó mi atención:

Artículo alojado en http://la-grada.blogspot.com/ el 29.12.2007 a las 17:18 h. bajo el título “Los indigentes del As

Esta historia que voy a relatar no tenía pensado contarla, porque aunque Manolote me parece una persona muy dañina ara [sic] el equipo lo que viví ese día me parecía tan triste que me daba hasta pena contarlo.

Los que soléis leer el As, sabéis que los lunes hacen una tertulia en el Asador Donostiarra. Este restaurante es muy frecuentado por periodista [sic] y gente del artisteo que nunca pagan, lo cual no me parece mal porque el establecimiento esta lleno todos los días, no por su calidad gastronómica, sino porque la gente acude porque allí comen famosos.

A mi amigo Carlos le encanta comer en el Asador porque es amigo del dueño yo hace unos años comía allí casi todos los días, por lo que ya hay cierto trato con el personal y Pedro Abrego, propietario del restaurante, siempre que vamos a comer se sienta con nosotros a tomar café.

Hace unos lunes, estando Pedro sentado con nosotros, llegó Manolete y le llamó, hablando con él a dos metros nuestros [sic], para pedirle si podía llevar a comer gratis a su familia allí, pero no se crean que a tres a cuatro personas, sino once, que se han tenido que llevar hasta el perro. Pedro, por supuesto, le dijo que sin problema.

Una cosa es que tú vayas a comer a un sitio y te inviten, que a mi me pasa con cierta frecuencia, eso sí estos, no sólo los periodistas sino Lecquio, Amador Mohedano, Kiko Matamoros… son tan cutres que no sólo no pagan sino que no dejan ni propina; pero otra muy distinto [sic] es echarle tanto rastro [sic].

Pensarán ustedes que qué cojones les importa si Manolete come gratis o no en los sitios, pues fíjense que si alguien es capaz de arrastrarse para que le inviten a comer con su familia, que [sic] no pedirá por escribir esas columnas que escribe en el As. Ahí está la moraleja de toda esta historia, que si alguien se atreve que me diga que es mentira.

Fue tal mi impresión que incluso dejé un comentario alabando la valentía del autor y su independencia, y advirtiéndole de ciertos riesgos que invariablemente se dan en las profesiones donde el corporativismo es utilizado a modo de rodillo aplanador de voluntades.

El muchacho tuvo la atención de entrar en El Espectador y dejarme un comentario en el articulillo que por aquellos días figuraba en lo más alto de la pila.

Abrumado por el valor de este bloguer-periodista, o periodista-bloguer, añadí a mi lector de feeds su bitácora para seguir pasos tan atrevidos (y piezas tan suculentas).

El 23 de enero la bitácora informaba de que cambiaba de dirección, yendo a parar al alojamiento ya referido al inicio de este escrito. Reconozco que pensé: “bueno, si al chaval la cosa del blogueo le renta algunos euros al año, ¡pues por qué no!”.

Este domingo entré en la bitácora sucesora en busca de nuevas. Me llevé una decepción al ver que los primeros posts (los de comienzos de enero 2008) habían sido modificados hasta el punto de no corresponderse con los publicados en el alojamiento abandonado (activo todavía después del 23 de ese mes).

Intenté entrar en la antigua bitácora, y no es posible acceder. Ojeé los artículos subidos al nuevo emplazamiento y veo con pesar que ya no hay críticas a la profesión.

Me pongo a pensar… Las críticas más ácidas fueron hacia el entorno del Diario As, que pertenece al Grupo Prisa, y la empresa Terra pertenece a la corporación Telefónica de España.

A estas alturas no voy a ser tan ingenuo de empecinarme en probar las relaciones entre Prisa y Telefónica. Basta navegar por el buscador de noticias favorito de cada cual tecleando series de palabras clave como: “alianza prisa telefonica”, o bien “prisa telefonica cablevision”.

La competencia ha dejado sobre ello algunos artículos en sus hemerotecas: «Van Miert revela que el Gobierno de González le presionó para que la UE favoreciera a Prisa: Solbes y Solana intercedieron para que aprobase la alianza de Polanco con Telefónica» (13.01.2001).

Éste es más reciente: «La CNMV admite a trámite la OPA de Prisa sobre Sogecable» (14.01.2008), con un revelador último párrafo.

Con cierto amargor empiezo a tomar conciencia de lo que puede haber pasado. Parafraseando sin su permiso al ministro Pérez Rubalcaba diré que esta acción, viniendo de un periodista deportivo, despide un cierto tufillo a vendido.

Mi más triste enhorabuena por el ascenso… Estarás a la altura moral de los que con tanta virulencia criticabas: compañeros y directivos.

12 de febrero de 2008