Melones y sandías
Martes, 05 de Febrero de 2008 |
la aguja |
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sociedad
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ESTE DOMINGO finalizaba la liga estadounidense de fútbol americano profesional con la puesta en escena de la XLII Superbowl mientras el sábado comenzaba el torneo VI Naciones, con el campeonato del mundo de rugby del año pasado aún vívido en nuestras retinas.
Los deportistas de ambas modalidades derrochan coraje y pundonor por doquier. Se trata de esforzados atletas, endurecidos en mil batallas, curtidos tras jugar bajo las más adversas condiciones climatológicas.
La primera imagen que recibe el profano cuando se acerca a ojear una de estas disciplinas es de confusión, de un juego brusco y enmarañado en el que (no) todo vale con tal de hacerse con la posesión de la pelota.
Tras los primeros compases ese neófito advierte que cada cosa tiene un por qué, y cada jugador está en un lugar del campo por un motivo y una misión concreta. En seguida percibe un orden en las formaciones de ataque y de defensa.
Y es entonces cuando el novato quiere saber más. Y va aprendiendo las reglas. Y es cuando se da cuenta de que en realidad no todo vale, y que existe un código que consiste precisamente en no dañar al contrario aunque la ocasión sea propicia. Cada jugador espera que sus antagonistas reaccionen con vigor pero no con violencia.
Ya he explicado en algunas ocasiones que violencia siempre es no respetar las normas —cualquiera que éstas sean—, y que un mismo acto puede ser considerado violento o no violento dependiendo de las circunstancias.
Me lo explicaron del siguiente modo: si vas por la calle y coges un ladrillo y rompes la luna de un escaparate, eso es un acto violento. Pero si con ese mismo ladrillo rompes ese mismo cristal porque se ha declarado un incendio dentro y hay gente que no puede salir porque la puerta está atorada, es el mismo acto, pero nunca será considerado violento.
A mí me bastó. Espero que al lector juicioso le valga también este ejemplo para entender el concepto de acto violento y saberlo aplicar.
Lo expondré en el contexto de los reglamentos deportivos (una circunstancia). Si en un combate de boxeo un púgil propina al otro una patada, eso es un acto violento. Pero si el combate es de kickboxing, esa misma patada no contendrá ninguna violencia.
Retomando el hilo de mi elogio a los deportes que se juegan con un melón por pelota, contrariamente a lo que pudiera parecer, en deportes de la dureza y rudeza del rugby y del fútbol americano, los actos violentos se dan en contadísimas ocasiones, aunque las oportunidades abundan.
Por contra, observo que los actos violentos, los que vulneran las reglas, se dan con mayor frecuencia —a pesar de que existen mayores limitaciones para jugar rudamente— en el fútbol, donde la pelota es más una sandía.
El comportamiento incivilizado y violento (no acatar unas normas) de jugadores y espectadores de fútbol ha dado como resultado un tipo de violencia de tales proporciones que las autoridades están ya decididas a erradicarla.
No digo que en los deportes del melón no se de la violencia. Y no digo que en el deporte de la sandía siempre haya violencia. Afirmo que la violencia en el fútbol se da con mayor frecuencia que en el rugby y en el fútbol americano.
No me vale que se apele al concepto de la cantidad y la probabilidad: a saber, que los del melón son deportes minoritarios y que en la sandía, al concitar la atención de más número de público, cabe que se enmarquen más cabestros.
Esa lectura será válida para la hipermegafutbolizada España. En la Europa central, donde el rugby (Francia, Reino Unido, Italia) y el fútbol americano (Alemania) levantan tantas pasiones como el fútbol, esos mismos cabestros no tienen cabida en estos deportes. Es el propio sistema que impera en los mundos del melón quien los va eliminando.
¿Por qué en el mundo del fútbol se da la violencia en mayor grado —hasta el punto de que la Unión Europea creara una comisión ad hoc (PDF)— que en los mundos del melón?
El viernes concretaré mis impresiones.
4 de febrero de 2008
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de un descreído del deporte




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[…] Melones y sandías February 5, 2008 - 5:59 pm | unknown Escribio un articulo buenisimo hoyAqui hay un pedazo del articuloPor contra, observo que los actos violentos, los que vulneran las reglas, se dan con mayor frecuencia —a pesar de que existen mayores limitaciones para jugar rudamente— en el fútbol, donde la pelota es más una sandía. … […]
Hoy te has salido, Aguja. Ya lo dice el comentarista anterior. ¿Qué será ésto de los melones y las sandías? -pensaba intrigado antes de leer el artículo. ¡Buena comparación! “Es el propio sistema que impera en los mundos del melón quien los va eliminando” -afirmas en referencia a los cabestros y violentos tan escasos que hay en los deportes meloneros. Y la explicación de que los haya tanto en los de la sandía.
Por cierto, tú que sabes tanto de deportes, ¿el hockey sobre hielo es muy violento? Te lo digo porque cada vez que es noticia en los telediarios españoles es para ponernos imágenes de un combate entre los jugadores. Es una manera más de colaborar a la violencia en el deporte que debería dar para otro artículo magistral.
Hoy me paró un buen amigo, con el que suelo comer un par de veces al mes. No estaba de acuerdo con la definición de violencia que yo daba.
He de decir que no es mía esta matización. A mí me trasladó este concepto un psicólogo deportivo con el ejemplo que ya he expuesto.
Violencia es aquello que vulnera las reglas. Aunque no estén escritas. Violentar las normas de urbanidad es también un acto de violencia.
Quien deja un coche mal aparcado, obstaculizando el paso de otros, simplemente porque le da la gana, está utilizando un tipo de violencia.
En ese caso la agresión no acompaña a la violencia. En el caso que comentas, sí que hay violencia, pues las normas del juego del hockey hielo no contemplan las peleas. Y violencia acompañada de agresión entre los jugadores.
Acabamos discutiendo mi amigo y yo (para nosotros discutir no es reñir) sobre diversos supuestos de violencia en la vida real a la luz de este concepto. Coincidimos en que si media el desconocimiento de la norma no puede existir violencia.
Quien no sabe que está prohibido tender ropa en fachadas que dan a la calle y la tiende no está cometiendo un acto violento (lo cual, como ya sabemos, no le exime de su cumplimento, por lo que podrá ser objeto de denuncia). Alguien que sí lo sabe, pero que se pasa la norma por el forro de sus caprichos, sí está violentando la ordenanza municipal, que es un reglamento (y posiblemente se le aplique la sanción correspondiente en su grado máximo).
Digamos que ésta es una definición formal de violencia. En el habla coloquial todos tildaremos de violentos aquellos actos en los que la agresividad(*) está presente, como cuando un tenista sube a la red y “rompe” la pelota: “le ha pegado con una violencia inusitada”, podrá decir el comentarista, y nadie levantará la voz para contradecirle.
Terminando la charla con mi amigo, te traslado una cuestión que nos quedó en el aire: ¿la caza y la pesca —donde se matan animales por deporte— son deportes violentos? (Al menos en boxeo las dos partes aceptan conducirse bajo las mismas normas —y en hockey hielo—).
Supongo que las normas por las que se rige nuestra sociedad van evolucionando y los animales están adquiriendo el derecho a no ser maltratados (parece ser que muchas tribus aborígenes ya tenían claro este concepto tan progresista y liberal de hoy en día).
(*)No confundir agresividad y agresión. Por cierto, si se acude al Diccionario de la RAE para esclarecer el término “agresividad” se verá que contradice lo dicho hasta aquí. Ésta es mi explicación sobre la función y el uso del DRAE.