ESCAMOSO TÍTULO, ¿verdad? A fuer de ser sincero tengo que comenzar haciendo una confesión: huyo por sistema de todo cuanto hieda a religión. No me sentiría una persona libre si aceptara que un dios omnipesado me fiscalizara los pensamientos.

Al último reducto de intimidad (y libertad) que siempre tendré como animal humano no voy a permitir la entrada de un coro de ángeles y santos para que sepan lo que pasa por mi mente. Mucho me sermonearon con aquello de que se puede pecar de pensamiento, palabra, obra u omisión. ¡Al carajo!

Me niego sistemáticamente a escuchar a esa legión de salva-almas inoportunos y pedantes —cuyas mentes deberían quedar confundidas en pago por el daño que están haciendo al mundo—, y desde que me liberé de todas las reliquias que implantaron en mi infancia durante el franquismo (otro “ismo” convertido hoy en día en cuasi-religión) estoy tan a gusto que renuncio voluntaria y conscientemente a oír letanía alguna.

Dicho lo cual, he de explicar que respeto a quienes por un motivo u otro continúan sin liberarse de las pesadas cadenas que supone la fe —sea cual sea—, y que siguen los dictados de su religión al igual que yo sigo el dictado de mis convicciones (otros siguen los dictados del partido político que han elegido).

Me consta que habrá quien no entienda la oportunidad de este último párrafo. Tal vez deba enrolarse en aquella legión de mentes a quedar confundidas que citaba más arriba.

El deporte se ha convertido durante el siglo pasado en una actividad humana con el calado del comercio o la industria. Diría que engloba a estos dos motores de la sociedad a la vez que es englobado por ellos. Pero no existe una definición del deporte, o del mundo deportivo o del movimiento deportivo, que por restrictiva satisfaga a todos.

Antes al contrario, cuanto más abierta sea la definición más universal será su aceptación. Se llega, pues, a no poder definir aquello que se pretende por querer mucho abarcar con la definición.

Deporte, prácticas deportivas, ejercicio físico, cultura física, educación física, son todos ellos conceptos similares cuyo significado entendemos, pero que delimitan diferentes esferas dentro de un todo. Ocurre que no necesariamente para cada uno de nosotros esos conceptos tienen el mismo alcance. No existe consenso a la hora de establecer los límites de cada parcela deportiva.

El deporte escolar y la Educación Física no identifican al mismo concepto (por lo que, obviamente, mantendrán diferencias entre sí); sin embargo sí comparten características.

Baste lo antedicho, aunque reconozco que de forma incompleta y nada satisfactoria, para ir culminando mi queja de hoy (el objetivo del artículo no es establecer conceptos y definiciones).

El hecho religioso se va inmiscuyendo en el movimiento deportivo e interactúa con él. Conviene, pues, proceder a diferenciar cada esfera dentro de ese todo que es el deporte. Observemos dos que ni tan siquiera son tangentes entre sí: la educación físico-deportiva y el deporte de competición.

La primera compete a los Estados, el segundo a los organismos privados (federaciones internacionales y COI).

Polémicas entre educación obligatoria y religión hubo no hace mucho con el tema de los velos en las aulas tanto en España como en Francia. Más serio fue el caso de aquellos padres que negaban a sus hijas el aprendizaje de la natación alegando motivos religiosos (el bañador en las niñas púberes atentaba contra los tabúes de su religión).

Peor aún el caso de las escolares que fueron retiradas de los institutos de Educación Secundaria Obligatoria porque la religión de su padre dictaminaba que a cierta edad la mujer debía quedar recluida en casa.

Los Estados aconfesionales, como España, no deberían permitir que los valores religiosos penetrasen en las escuelas públicas. Una excesiva permeabilidad llevará a recibir presiones de los dirigentes de las diferentes confesiones, quienes por creerse en posesión de la verdad buscan influir en los sistemas educativos de los Estados.

En España sabemos lo que es la emigración. Y no podemos dejar de mostrarnos solidarios con quienes vienen a nuestro país para mejorar la vida de sus familias. Ahora bien, los españoles emigrantes se tuvieron que adaptar a las leyes que encontraron allá donde llegaron. Y los que no supieron o no quisieron adaptarse fueron enviados de vuelta a su pueblo, con la burra y el botijo.

Pero en el deporte de competición —esfera privada, no estatal— las cosas son bien diferentes. Los reglamentos de competición deberán revisar sus articulados si quieren que el deporte sea una herramienta de integración y no de segregación.

Es una majadería descalificar del torneo a una mujer porque participe con una vestimenta conforme a los dictámenes de su religión: «Descalificada una atleta musulmana por cubrirse el cuerpo en una competición»

Corra con burka o con capucha, los reglamentos internacionales deberán aceptar cualquier indumentaria siempre que no suponga una ventaja sobre los demás participantes (¿¿ventaja en la ropa??; ¡¡¡pero si prácticamente atletas y nadadoras baten sus plusmarcas en cueros…!!! —ver foto de Laure Manaudou—).

22 de enero de 2008