Fraude

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«Stallone tomó hormona del crecimiento para ‘Rambo’», y presentó su último filme en el estadio Santiago Bernabéu. ¿No tiene nada que decir el azote del dopaje, Jaime Lissavetzky? Consumo no terapéutico, publicidad, deporte… Al menos reconvenir al presidente del Real Madrid… ¡Vaya ejemplo que se ha dado a la juventud!
“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Las redes sociales deportivas

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YA HAN llegado (ha debido ser por la noche, porque yo no me he enterado) las redes sociales deportivas. Eso es lo que nos dicen desde Baquía: “Llegan las redes sociales deportivas”.

Pero, ¿qué son las redes sociales deportivas?

Lo cierto es que el enlace no aporta apenas información sobre qué es y cómo funciona una red social en Internet. No voy a caer ahora de pedante copiando la información sobre la teoría de las redes sociales. Remitiré al lector curioso a eso que mi amigo JR llama un tanto despectivamente la “cultura wikipedia”.

Pero este artículo de la Wikipedia sí explica con bastante claridad cual es el interesante principio en el que se sustenta el concepto de redes sociales. (Leyéndolo recordarán aquella campaña de promoción de un conocido gestor de correo-e que concedía cien invitaciones para repartir entre sus amistades a quien abría una cuenta, siendo ésta la única forma de conseguir una).

Para ahondar en la versión informática de las redes sociales dejo una serie de enlaces sobre el particular.

Parece que en los no tan lejanos USA las redes sociales deportivas han adquirido notable popularidad en torno a las grandes ligas y a otras actividades deportivas.

En España siempre hemos tenido redes sociales deportivas: cada bar del pueblo o del barrio funciona como una red social de este tipo. Gracias a Internet ahora ni siquiera hará falta salir de casa, con lo que nos iremos volviendo cada vez más torpes en habilidades sociales al no tratar directamente con humanos.

Supongo que las redes sociales se propagarán a velocidad de vértigo entre los futboleros españoles. Aventuro que se abrirá, al menos, una red social por cada equipo de fútbol de primera división.

Esto me parece positivo. Puesto que para acceder a una red social es preciso registrarse, y puesto que los contenidos que en ella se publican no estarán al alcance de los tradicionales buscadores —precisamente por ser su acceso restringido—, nos ahorraremos la lectura de gilipolleces inmaduras cuando se emprenda una búsqueda para, por ejemplo, escribir un articulillo, como es mi caso.

Hoy sin ir más lejos, ahondando en un tema para una próxima opinión, me he encontrado con una insultante carta de un tipo que dice ser seguidor hasta la muerte de cierto equipo andaluz de fútbol… Pero, ¿por qué darle publicidad?

Si la idea cuaja, yo veo estas redes sociales deportivas como rediles en los que quedarán atrapados las paranoias y los fanatismos de futboleros, alonsomaníacos y otras hierbas que siembran la blogosfera de escritos disparatados y aberrantes.

Bienvenidas sean, pues, las redes sociales deportivas si con ello quedan encerradas las neuras de todos aquellos cuyas memeces se abigarran en la Internet. (Soy consciente de que para algunos la estupidez consiste en escribir folio y medio sobre aspectos deportivos que a nadie interesan, como se hace en esta bitácora).

No dudo de que para ciertas actividades deportivas las redes sociales sí van a ser muy positivas: para los adictos del skateboarding (monopatín), moteros, golfistas, pescadores y cazadores…

Pero conociendo la idiosincrasia de las gentes que viven en mi país no descarto que los descontentos sobre la gestión de las directivas de equipos punteros encontrarán el aliento que necesitan para organizarse en una de estas redes sociales.

Quede claro que al no restringirse el ingreso de nuevos miembros no cabe el diseño de estrategia secreta alguna. No obstante, bajo el amparo de estas redes sociales a un grupo opositor no le costará encontrar las señas de identidad necesarias y le permitirá tomar conciencia de su fuerza numérica.

Sin embargo la duda sí me asalta al considerar que ciertas acusaciones, al no hacerse en un espacio abierto públicamente, encontrarán un terreno óptimo para proliferar. Sin ser versado en leyes, pero conociendo a mis compatriotas, me temo que los jueces no tardarán en tener que discurrir sobre el concepto de publicidad de los “delitos de opinión”.

29 de enero de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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