El mundo es un pañuelo
Martes, 15 de Enero de 2008 |
la aguja |
Hay 6 comentarios
infraestructura deportiva | sociedad
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SE ACABÓ el Dakar de este año sin haber comenzado. Y de la forma más irónica posible. Protegiendo las vidas de sus participantes después de treinta años goteando muertes estúpidas en nombre de la aventura (de lesiones irreversibles nadie se hace eco).
El terrorismo internacional ha demostrado la fragilidad del sistema. Una llamada de teléfono y la (quizá) prueba más emblemática del deporte de motor se ha ido al traste con pérdidas millonarias para los que, sin exponer su pellejo, sacaban tajada de los aventureros.
Puestos a seguir sacando conclusiones —sabido es que huyo de lo obvio—, me apuntaré una que llevo tiempo predicando, cual es que los deportistas no representan a sus países ni a sus conciudadanos.
El movimiento deportivo no guarda relación alguna con eso de la defensa de los colores de un país. Quienes se dejan llevar por himnos, desfiles de abanderados y pasiones están confundiendo la gimnasia con la magnesia.
El movimiento deportivo es una actividad de índole privada —y así debe seguir por el bien de todos—. Que los gobiernos apoyen las manifestaciones deportivas internacionales es una estrategia política que tiene más que ver con la demagogia que con altos ideales desinteresados.
Supongo que nadie dudará en admitir que si esta caravana hacia Dakar hubiera sido del interés de los gobiernos europeos se habría llevado a cabo sí o sí.
Por muchas banderitas nacionales que haya en las salidas y las llegadas, los gobiernos no se implican en aquello que no les incumbe. ¡Natural!
Elucubrando un poco más es posible concluir que el carpetazo dado a esta carrera será permanente mientras el terrorismo internacional siga activo.
Se está hablando de llevar la carrera a Chile o a China, como si la distancia con el continente negro pudiera alejar los temores de sabotajes y terrorismo. ¡Ni aunque la llevaran a Siberia y el desierto del Gobi!
A estas horas los terroristas ríen tras haber evidenciado la debilidad de la que hablaba al principio. La llamada de teléfono se seguirá produciendo allí donde lleven la prueba. No en vano se llama terrorismo “internacional”.
Es lo que tienen los chantajes: mientras lo aceptes seguirás siendo chantajeado.
Fijémonos en otro evento deportivo que sí es del interés de los gobiernos por motivos ya manidos en esta bitácora: los Juegos Olímpicos. Me temo que una llamada amenazante no dará al traste con la organización de los JJOO de Pekín, ni con los de Londres dentro de cuatro años.
Es cierto que la dificultad para proteger una caravana de vehículos a motor que participan en una contrarreloj por regiones desérticas puede ser mayor que la que supone defender en una ciudad a un colectivo ingente de personas que se encuentran agrupadas en un puñadito de sedes.
Pero el potencial en pérdidas de vidas es mayor en este segundo caso. Un fallo en el sistema de protección antiterrorista puede tener un coste demasiado elevado de víctimas. Quizá por ello, y por el reto que supone demostrar al mundo que ningún sistema de protección lo mantendrá a salvo de ataques criminales, si yo fuera terrorista trataría de causar estragos en Pekín (otra cosa es que no se produzcan errores en el sistema de protección, aunque algunos no hemos olvidado el ataque en la maratón de Atenas 2004).
Por supuesto que quien suscribe condena cualquier ataque terrorista o criminal que cualquier sociedad o individuo pueda sufrir. Pero ello no me incapacita para reflexionar contra-empáticamente como si tuviera intereses terroristas.
Mucho me temo que la decisión de suspender el Dakar ha abierto la espita de las amenazas terroristas. Es la debilidad del sistema deportivo, que no cuenta con el amparo de los gobiernos.
La esperanza…, que si abusan de ello los gobiernos acabarán tomando partido.
15 de enero de 2008
* Se opina también sobre este asunto en Por el Arco del Triunfo
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de un descreído del deporte




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Escribió Alvaro de la Iglesia en una de sus desternillantes novelas que “el mundo es un pañuelo y por eso hay tanta gente resfriada”. Los últimos en coger una gripe de espanto que va a acabar por llevarles al más allá son los integrantes del rally éste, al que he llamado caústicamente como la carrera más idiota del mundo. No espero ser aplaudido por ninguno de ellos, pero dejando al lado a esos cabres de Al Qaeda, lo cierto es que al final se va a hacer justicia y el rally dejará de correr tan ricamente por aquellas pobres tierras. (Obsérvese la sutil antinomia).
En fin, fue bello mientras duró y a ti te encontré en la calle ( o sea, al negrito). RIP.
Más que sutil, abrupta antinomia.
A más de uno lo quemaron en la hoguera hace no tantísimos años por menos de lo que tu has hecho muy literariamente: abrazar al maligno.
PD: “Cabres” = “cafres”. (Las teclas anduvieron revoltosas).
Cabres = cabras.
Un lapsus cálami que has sufrido.
(“Cultura wikipedia”, que criticaba mi amigo JR).
Tal como bien decís no sé si cambiará la situación en algo, pero en Argentina se comenzó a anunciar como un hecho que el año próximo la competencia se correrá entre Buenos Aires y Santiago de Chile.
Saludos.
Gracias por el aporte, Leonardo. Estaré al tanto de esa iniciativa. La verdad es que tengo que reconocer que “aquella parte del mundo” queda un tanto lejos de los objetivos habituales del terrorismo internacional. Pero…
Ahora bien, lo tradicional era (creo) iniciar la prueba en los primeros días del año. Incluso creo recordar que antes se tomaba la salida en París justo tras las campanadas de año nuevo. (Pero igual estoy equivocado).
Si se sigue esa tradición, veo un inconveniente añadido. Aquí es invierno en esa fecha, pero allí es pleno verano austral. Lo hago notar porque no sé cómo eso afectaría al rendimiento de los vehículos en un rali de larga distancia. Y por consiguiente a los presupuestos de los pilotos.
Que sepas que te sigo leyendo desde mi lector de feeds. Un abrazo y feliz verano (austral), amigo.