NO, PAULINO, victimismo no, por favor. Y menos aún chulería (oír audio) por haber derrotado a nadie. Te metiste tú solito en el charco, ahora jódete y apechuga con las consecuencias. Te creíste subido a la fama, a la gloria y a la inmortalidad. Y ahora estás donde estabas cuando comenzó el año.

Alardeas de que has triunfado entre siete mil participantes; viendo la letra ganadora nos hacemos cargo del nivel que hubo. Pero por si te sirve de consuelo te diré que hubiera pasado lo mismo si hubiera ganado cualquier otro.

¿De verdad creíste que la letra de un himno nacional saldría de un concurso de esta índole? Operación Himno… ¿No pensaste que toda una nación sería el hazmerreír en el mundo por semejante astracanada?

¿No te has parado a pensar por qué no se organizó un concurso administrativo mediante un procedimiento restringido entre los profesionales de la canción y la composición?

¿No se te ocurrió pensar que el concurso popular era una añagaza para que un megalómano viera colmadas sus ansias particulares? (así lo ha confesado en repetidas ocasiones —ver vídeo—).

Has sido tan útil como uno de esos papelitos amarillos pegados en la pared que cuando se les seca el envés se caen y quedan olvidados tras la mesa.

Pero sólo eres culpable de creértelo (¿qué nos importa a los demás que escribas ripios a una flor o a un ladrillo? —ver vídeo nº 1—). Has encarnado uno de los males que caracteriza a nuestro país: de la noche a la mañana te viste entronizado y te has puesto a filosofearnos con tu moralina de café con leche y donuts.

Adiós, Paulino. A ver si la efímera fama de la que has gozado al menos te abre las puertas del mundo laboral (las letras no son lo tuyo, ya te aviso). Pero por dios que no querría verte en uno de esos reality shows del famoseo. Mantén la dignidad.

Quien no se puede ir de rositas es el culpable de las tribulaciones de Paulino. Éste sí que tiene mayor culpa, habida cuenta de su cargo, y algún día habrá que exigirle responsabilidades.

Desde la presidencia de un organismo que no le pertenece, el presidente del COE —el gallego Alejandro Blanco— se ha propuesto imponernos su idea personal sobre los símbolos de todos los españoles (símbolos que tampoco le pertenecen). Y encima nos amenaza con volver a atacarnos con esta peregrina idea. Ya le ha dicho la sociedad que no; ¿qué más busca?

1) La falta de respeto hacia los deseos de los demás… —¿todavía no se ha dado cuenta de que hay más gente que no hace deporte que la que lo practica?

2) El dinero derrochado en semejante chabacanada… —pingüe es la subvención que el Estado español otorga anualmente al COE.

3) El daño que se está haciendo a la imagen del pueblo español… —a estas horas ya se han partido la caja desde la Pampa hasta Siberia pasando por el Kalahari.

Todo lo antedicho habría sido suficiente en un país serio para que este personaje dimitiera por jugar con los símbolos de una nación. ¿Por qué no se le acusa de apropiación indebida de un símbolo nacional?

Son mayoría los que no quieren que se modifique el himno frente a los que les gustaría una letrilla para canturrearla en sus momentos de inspiración patrioteril.

Vete Alejandro, vete antes de que dividas más a los españoles. No queremos que toques el himno, que hasta ahora se había salvado de ser utilizado como punto de fricción en una España aún con heridas que echan pus.

25 de enero de 2008