VOLVÍA TRAS el verano mostrando las extorsiones que pueden llegar a padecer ciertos directivos de clubes modestos cuando se oponen a las voluntades de mandatarios locales.
Para quien vaya con prisa diré que en aquel artículo se exponía la situación de un grupo de entusiastas que dirigían el club local de fútbol. Sus aspiraciones habían llegado a un punto en el que entraban en conflicto con los intereses de una fuerte empresa implantada en la localidad, y habían acudido al alcalde para que intercediera en favor de los intereses del club, que en principio son los intereses del pueblo, puesto que del pueblo surge el asociacionismo deportivo.
Pero se dieron cuenta de que al mandatario local le encartaba más la defensa de los intereses empresariales —desprovistos de razón, dicho sea de paso— que la defensa de los intereses del deporte local.
Decidieron acudir al gobierno regional, y encontraron allí que recelaban de mediar en el asunto dado que el propio ayuntamiento no iba a mover un dedo en favor de sus administrados.
Así las cosas, este grupo de directivos —todos ellos empresarios locales— se veían maniatados para acometer otro tipo de reivindicación. Descartaban cualquier movilización social pues presentían que sus negocios pagarían la osadía de desafiar al primer edil.
La empresa grande, conocedora del statu quo local, decidió plantear un pulso a estos empresarios locales que rigen el club. La empresa se había ganado de antemano la voluntad del alcalde —cada cual que elucubre cómo—, y no existía ningún escrúpulo por su parte para enfrentarse al pueblo.
Éste podría ser un resumen de aquel artículo, aunque creo que los matices son los que dan la salsa a este asunto.
El artículo fue escrito con toda la intención para solidarizar al lector con los directivos del club local, que veían como las fuerzas fácticas del pueblo, esas que existen pero que ni se ven ni se pueden denunciar, campan a su antojo.
Pero hay socios del club que hacen una lectura del asunto nada favorable a los directivos, aunque nadie en el pueblo duda de que a la entidad deportiva le asista la razón en sus reivindicaciones.
Como en todas las entidades deportivas legalmente constituidas en España, es menester que cada cuatro años haya elecciones a la presidencia de un club deportivo (son regímenes presidencialistas, y la junta directiva es nombrada por el presidente electo).
El actual presidente —don Manuel, el del hotel—, empresario local, había pugnado por hacerse con el control del club. Después, colocó a sus camaradas en los puestos de gobierno de la entidad. He de decir ahora que este club no es de los más modestos de la comarca, precisamente, sino que tiene serias aspiraciones de ejercer como cabecera de zona.
Esto de cabeza de zona en el fútbol tiene su importancia. La natural evolución deportiva tiende a conformar un sistema piramidal, de manera que los mejores jugadores de la comarca aspiran a jugar en el equipo que participa en la categoría más alta. En un sistema ideal, si los primera serie de la zona son absorbidos, los demás equipos son incapaces de incomodar al gallito.
Una vez en la cima de esta pirámide trófica, sólo hay que procurar mantenerse. A los clubes de primera y segunda división les es más fácil tratar con un único club en una comarca que andar ojeando jugadores por diferentes campos.
Es también más sencillo para ellos establecer convenios de colaboración con una sola entidad por comarca que con varias de ellas (que le pregunten a la Real Sociedad por el revolú que tiene encima al querer tratar a todos los equipos guipuzcoanos por igual —aunque en esta polémica se trata de deporte base—).
Así es el club objeto del artículo; bien situado y con contactos serios. De ahí que don Manuel pujara por hacerse con la presidencia, apoyado por otros empresarios que ahora se sientan con él en la junta directiva. Ya colegirán ustedes que del gobierno y representación del club acabarán derivándose ventajas y oportunidades para los empresarios más hábiles del pueblo, que ahora dirigen el club.
Y eso es lo que se les echa en cara: su falta de independencia y su falta de arrestos. Esta tropa de aprovechados eliminó a otros candidatos que ahora hubieran sido mucho más válidos para movilizar al pueblo.
Me temo que en las coplillas del próximo carnaval se va a reeditar aquello de: ¡Ay, Manolete, si no puedes torear ‘pa’ que te metes!
21 de diciembre de 2007
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