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 Marionetas bien pagadas

Viernes, 28 de Diciembre de 2007  |   la aguja  |   No hay comentarios
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EXPLICABA EL último día que en esta bitácora presto atención a aquellas actuaciones en la esfera del deporte de las que al menos puedo extraer alguna conclusión que me sirva para escudriñar hacia donde camina ese entramado que se da en llamar “el movimiento deportivo”.

Movimiento deportivo al que pertenecen también aquellos aficionados que vierten día a día sus opiniones, pero que no son más que ovejas pastoreadas hacia un redil.

En el Valencia C.F. parece que ha habido algo de marejada estas últimas semanas del año. Tan sólo porque el nuevo entrenador ha decidido prescindir de tres jugadores considerados históricos en esa entidad.

Criterios técnicos, entre otros, avalan la decisión del míster. Pero el aviso ha sido mal acogido por los aficionados. La prensa deportivesca, atenta a cualquier fricción que levante polémicas, ha metido sus pezuñas en el terreno de las decisiones de la entidad privada y ha exaltado conscientemente el lado emotivo del asunto como estrategia de mercado, jaleando a esa masa ingente que responde al nombre de “la afición”.

Me he preguntado en otras ocasiones qué coño pinta “la afición” en las decisiones de una entidad privada. La mayoría de ese rebaño llamado “la afición” no son accionistas de la sociedad anónima, por lo que ni siquiera tienen derecho a pedir que se preste atención a sus reclamaciones.

En una empresa o en un banco los clientes no tienen derecho a reclamar sobre las decisiones internas que tome la entidad. Eso sí, tienen todo el derecho del mundo a cambiar de bando, digo de banco. Son los accionistas quienes deciden las actuaciones más importantes que conciernen al gobierno de la entidad.

En Asamblea se toman, entre otras, decisiones estratégicas y se otorga la confianza al presidente y al consejo de administración hasta la próxima asamblea. Otra cosa será que no se goce de la confianza de la Asamblea por unanimidad, y los cuatro o cuarenta y nueve que no están de acuerdo con las decisiones de los directivos intenten desestabilizar el gobierno de la entidad por cualquier medio a su alcance.

Uno de los más recurridos es la agitación de las masas aborregadas. En el contexto deportivo esa masa ya he dicho que responde al nombre de “la afición”.

Pero gobernar según el parecer cambiante de la masa/afición es un error que sólo pueden permitirse los políticos. Días atrás el presidente del Valencia C.F. ha adoptado una postura ecléctica sobre el particular que como era de esperar no ha contentado a nadie. Ni al cuerpo técnico, que esperaba una ratificación contundente de su decisión, ni a “la afición”, ni a la prensa, que ahora ha hecho presa en la falta de claridad de tales declaraciones.

El dislate se ha visto sobredimensionado por la actitud de los profesionales afectados, que convocaron una rueda de prensa para trasladar a “la afición” su pensar —y su pesar— de manera lacrimosa (en el sentido más literal).

Con lloros impropios de un carácter fuerte, uno de estos chavales se presentaba ante los medios de comunicación. ¡Qué pena me dio! Pero no él, sino el espectáculo patético que ofreció por no saber encajar su nueva situación deportiva.

Que no se quedan sin trabajo, hombre. Se quedan sin unos ingresos sustanciosos con los que contaban. Los tebeos de información en que se han convertido los diarios deportivos los ha tratado de trabajadores acentuando así el dramatismo. ¡Que se dejaba en la calle a unos trabajadores! Qué facilidad para aplicar el término trabajadores dando una falsa impresión; ¡pero si no quedan en la indigencia!

Esos mismos periodistas no enarbolan banderas de solidaridad cuando una reconversión industrial deja en la calle a cien padres de familia que ni tienen la cuenta del banco saneada ni poseen activos en paraísos fiscales producto de los derechos de imagen.

No me extrañaría que entre esos cien padres de familia que van a quedar en la calle cualquiera de estos días estuvieran quienes han pintarrajeado las paredes que pertenecen a la SAD para defender a estos millonarios del balón.

Esto de las pintadas no es un cabreo de un momento, sino una acción premeditada. Hay que comprar aerosoles, aguardar a una hora intempestiva (en la que habría que estar en la cama para mejor rendir al día siguiente en el puesto laboral), hasta organizar un grupo, pues no es tarea que deba realizarse en solitario.

Y finalmente arriesgarse a ser sorprendidos en plena faena, lo que indefectiblemente llevará aparejada una sanción administrativa, pues no se puede ir por ahí ensuciando las propiedades privadas, ni tampoco las públicas.

Si escarbamos un poco más en la realidad que se nos oculta veremos que todos estos futbolistas del millón son nuevos ricos que cuentan con asesores fiscales e inversores que hacen realidad el dicho “dinero llama a dinero”.

Ganan mucho dinero con el fútbol, pero no lo arriesgan en el fútbol, y no tienen miramientos con los clubes que les han hecho triunfar si llega una oferta más cuantiosa en el momento oportuno.

Estos jugadores del nuevo fútbol-circo sólo tienen popularidad, pero no cortan el bacalao. Mientras los flashes apuntan hacia ellos, todo va bien. Pero cuando se les deja claro que sólo son marionetas —muy bien pagadas— no saben asumirlo.

Para quien sepa leer entre líneas quedan aquí una ristra de paradojas y sinsentidos. Permítanme destacar una: en el circo del fútbol profesional, donde se manipulan los sentimientos y pasiones de los aficionados para mayor gloria del espectáculo, los sentimientos y las pasiones de los jugadores no tienen cabida. Vales tanto como lo que has hecho ayer.

día de los santos inocentes de 2007

Postdata: no quiero dejar sin relacionar la siguiente noticia que avala mi teoría de que estos niñatos se creen ideólogos del humanismo: «Maxi Rodríguez se solidarizó con los jugadores del Valencia que fueron despedidos». ¿Y éste, qué gana metiendo las narices en casa ajena?



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