HE DECIDIDO dar publicidad a una situación fraudulenta, incluso delictiva. Han pasado ya siete años y no preveo que ello me ocasione problemas. Eso sí, evitaré dar nombres, citar lugares y facilitar cualquier dato susceptible de identificar a personas y entidades.

Con la perspectiva del tiempo transcurrido da la sensación de que lo que me dispongo a contar ha perdido vigencia y gravedad. Pero sigue siendo ilegal.

En aquel momento algunos vieron la manera de beneficiarse o/y beneficiar a su deporte siendo connivente con un delito. El ser beneficiario de la comisión de un delito a sabiendas está penado por la Ley, aunque este punto hubiera sido, llegado el caso, difícil de probar.

En enero de 2001 algunos países europeos —y con ellos España— abandonaban su moneda nacional para apostar por una moneda única. Me estoy refiriendo a la adopción del euro, por si queda algún despistado.

Desde todos los órdenes económicos el cambio iba a ser trascendental. Pero también para las pequeñas historias y las grandes miserias de algunos deportes.

Se hablaba con insistencia de que la nueva moneda eliminaría barreras comerciales, pero también se incidía en que con la entrada del euro sería más difícil blanquear algunas fortunas que nadan en los pozos de la economía sumergida.

En quienes tuvieran muuuuucho dinero en negro estoy convencido de que estas admoniciones no producían mella. Pero en los magnates menores, no voy a decir que cundiera el pánico, pero sí que se instaló cierta intranquilidad y alguna prisa.

Es lógico: quien más bienes tiene es quien más poder detenta y se rodea de amigos más influyentes, con lo que su visión de la realidad venidera es menos riesgosa.

Sin embargo, quienes tenían pillados sus buenos millones de pesetas y estaban faltos de esa información —sino privilegiada sí al menos segura— que dan ciertas amistades, no las tenían todas consigo.

Existen deportes en los que sus organizadores, por el escaso atractivo que presentan para el gran público —ese que devora todo lo que le dan sin cuestionarse nada—, y dado el coste que ocasiona su puesta en escena, van rodando de puerta en puerta a la espera de dar con un patrocinador al que parasitar.

Con la llegada del euro hubo quien creyó verse en la necesidad de blanquear un dinero que tenían guardado dios sabe dónde. Esto bajó de boca en boca por algunas federaciones deportivas, invitando a buscar estos necesitados —o cuando menos a estar alerta— a quien tuviera inquietud por organizar.

Explicaré el mecanismo para quien les cueste entender estos procesos. Que nadie se ofenda, que un servidor necesitó no una, sino dos y tres veces de la misma explicación para comprender.

Las pérdidas que genera la organización de eventos deportivos ruinosos se tratan de paliar con los ingresos de taquilla, alguna subvención y la participación de la iniciativa privada vía patrocinios e incluso cartelería.

Los organizadores suelen ser clubes deportivos modestos, necesitados de actuaciones deportivas para que sus deportistas compitan, pues las federaciones sólo organizan los campeonatos oficiales.

Pero nunca se ha negado la posibilidad de que la iniciativa privada organizara un evento o un espectáculo deportivo. De hecho, los mega-eventos deportivos son organizados por esa iniciativa privada, que se asegura de ajustar los presupuestos incluyendo el beneficio industrial (contando con el apoyo de los medios de comunicación de masas, que son la clave).

Pues bien, si organizar eventos de segunda y tercera fila es deficitario, ahí está la oportunidad para los “ahorradores” que tienen sus buenas cantidades pilladas en B. Organizar un evento deportivo, perder dinero y presentar beneficios a Hacienda, así se blanquea dinero.

¿Y si hubiera beneficios tras los ingresos de taquilla? Pues entonces se presentan beneficios mayores. Si pierdes 20 di que has ganado 30; si ganas 40 di que has ganado 100, y si ganas 100 di que el superávit es de 200. ¿Y qué haces con las entradas de taquilla que te han sobrado? ¡Pues las tiras, hombre!

La astucia radica en no salirse de unos márgenes creíbles para no llamar la atención.

Pero, ahora que caigo… no es necesaria la entrada del euro para blanquear dinero negro con la organización de eventos deportivos y fiestas varias. Es de suponer que en esos mega-eventos nacionales e internacionales en los que colabora el Estado y otras Administraciones públicas (léase vueltas ciclistas, copas américas, grandes premios, campeonatos europeos y copas del mundo) estará todo bien vigilado…

18 de diciembre de 2007