Una mirada al futuro
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historia | deporte profesional
ENTIENDO QUE cualquiera que sea capaz de leer estas letras ha oído alguna vez la expresión: “la historia siempre se repite”, que yo no sabría si calificar de adagio o elevarla al rango de aforismo.
En el artículo anterior transcribía unos párrafos del libro “La génesis de los deportes” de Jean Le Floc’hmoan en los que era sencillo encontrar similitudes entre sucesos que ya se vivían en el deporte de hace 2.400 años y la casuística deportiva de la época actual.
En el texto se hacía referencia a las multas que debían abonar quienes eran atrapados haciendo trampas y a las recompensas y el estado de gracia en que vivían los campeones olímpicos de las escasas modalidades que se disputaban (básicamente carreras de jinetes y aurigas, luchas y atletismo).
De ser cierto que la historia se repite, desconozco si lo hará como el trazo de una circunferencia, pasando una y otra vez por el mismo punto, o como si del dibujo de una espiral se tratara, capaz de alcanzar todos los puntos del plano pero pasando cíclicamente por situaciones análogas.
Dado que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces en la misma piedra —individual y colectivamente— quizá como civilización estemos abocados a repetir los errores sociales que ya vivieron nuestros predecesores.
Referiré un nuevo párrafo de este maravilloso libro que buscaba denodadamente desde hacía tiempo y que ahora atesoro con fruición. Desde lo escrito en mi último artículo, en la época de la Antigua Grecia, estamos ahora instalados en el esplendor romano (bajo cuyo imperio se siguieron celebrando los Juegos Olímpicos).
En el siglo III, Filostrato [sic] de Lemnos mostró cómo la decadencia de las costumbres atléticas se había precipitado. Escribía a propósito de los campeones de su época: «El estado de francachela en que viven comienza por excitar a los atletas y por incitarles a los deseos amorosos; hace nacer en ellos mil pasiones ilícitas y los lleva a comprar y vender sus victorias. Unos convierten su gloria en moneda, creo yo, para satisfacer numerosas necesidades; otros pagan para obtener una victoria fácil que su vida afeminada no les concedería. No exceptúo a los instructores en esta corrupción: se han hecho entrenadores por espíritu de lucro; no se preocupan en absoluto de la gloria de los atletas; ellos les aconsejan toda clase de combinaciones pensando sólo en sus propios intereses. Todo esto debería decirse contra estos mercaderes: que no son más que mercaderes del valor atlético.»
En los años en que se escribió el libro “La génesis de los deportes” —entre 1965 y 1966— el mundo no conocía la corrupción en el deporte que hoy parece generalizada y de la que se hacen eco a diario los medios de comunicación.
Leyendo el texto de Filóstrato de Lemnos —el texto que se encuentra entre comillas españolas (« »)—, que nació entre 160 y 170 de nuestra era, uno duda de si la crítica se sitúa hace 1.800 años o en la época actual.
No tengo interés alguno en pasar por augur de la apocalipsis deportiva de nuestra época, pero si alguien está convencido de que la historia se repite y de que como colectivo somos incapaces de corregirnos, no hace falta que le recuerde el desinterés y la decadencia que alcanzó al deporte (y a la cultura en general) durante la Edad Media.
Quizá nos pueda parecer imposible. A buen seguro a los coetáneos de Pausánidas y Eurípides (los historiadores que nos ilustraron en mi último artículo) también les parecía imposible que los Juegos Olímpicos de su época desaparecieran.
Aún así, llegaron a celebrarse los CCLXXXVII Juegos en el año 369 de nuestra era. Una cifra realmente astronómica para los incipientes Juegos Olímpicos modernos que el próximo año celebrarán su XXIX edición. Celebraríamos los 287º JJOO allá por el año 3040. ¿Alcanzará nuestra progenie a disfrutarlos?
9 de noviembre de 2007
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Si no llega a ser porque el fragmento que citas empieza hablando del siglo III, uno creería que el párrafo es actual. Siento contradecirte y al clásico, je, je, pero el hombre no tropieza dos veces en la misma piedra sino doscientas mil veces. Por lo menos… (Esto siendo optimista…)
Es normal que la historia se repita porque aunque los hechos que hayan cometido nuestros antepasados se puedan estudiar y despues nosotros los podamos corregir ( bueno corregir no, porque ya es un hecho pasado, enmendarlos y no volver a llevarlos a cabo diria mejor) somos otras personas diferentes a las que vivieron en aquella epoca y por lo tanto no hemos llevado el golpazo todavía, quiero decir con esto que de primeras es normal que cometamos los errores que otras personas cometiron anteriormente.
Coincido con Juan Puñetas, en que no solo tropezamos dos veces sino que quizas tropecemos miles y miles y solode esta manera vamos curtiendonos y evolucionando como personas pero no por ello nuestros hijos o nuestros nietos van a aprender de nuestros errores porque esos errores los cometimos nosotros y no ellos.
La especie humana evoluciona lentamente y el coeficiente intelectual de una persona normal ( con lo de normal quiero decir una persona que no se salga de la media ni para arriba ni para abajo) al de uno de la edad antigua no creo que sea muy diferente.
En fin, quizas haya sido muy osado al tratar ciertos temas que más bien se adentran en una materia que quizas desconozca bastante como la filosofia y la psicología y adentrarnos en un tema tan complejo como el cerebro humano es una tarea que se me escapa de mis posiblidades.
No coincido con Vd, autor del espectador ( llamemosle mr. aguja por el anterior nombre del blog) en que en la Edad Media hubo un parón en el tema cultural y deportivo. Creo que quizas se relantizara y se llevaran a cabo unas conductas más extremas que en la Edad Antigua, pero tampoco debemos olvidar los monumentos que nos dejaron en aquella epoca y los conocimientos de astronomia y teología.
En la Edad Media, bueno post-Edad Media o Edad Moderna a partir de mil quinientos y pico hubo grandes genios como Leonardo Da Vinci, Miguel Angel, Cristobal Colón o Galileo cada uno era un genio en su materia.
Para finalizar mi humilde comentario y sin animo de ser cansino y extralimitarme ( espero haber aportado algo con mi granito de arena) quiero decir que evolucionamos lentamente e incluso en la Edad Media se avanzo poco pero se avanzo.
Ahora me pregunto yo, ¿ que hubiese pasado si tras la caida del Imperio Romano no se hubiese instaurado la Edad Media y el feudalismo? ¿ quizas hubiese llegado primero la Revolución Industrial?.
Si no respondo a los comentarios ni en éste ni en el anterior artículo no es por dejadez, sino porque el tema es para darle a la imaginación. Tan solo he pretendido fijar semejanzas entre actos muy lejanos en el tiempo y otros tan actuales como que están pasando en este momento. Nadie sabe qué puede pasar en el deporte de aquí a ese año 3040. Pero de no corregirse ciertas tendencias, es posible que se avecinen grandes cambios de los que —y en caso de producirse— seremos testigos. Es apasionante, ¿verdad?
Al menos a mí —que soy un carroza friki— me lo parece.
Me ha llegado un correo-e de un amigo personal que lee asiduamente esta bitácora, aunque lo hace de forma silente, sin comentar en ella. Mi compromiso es el de responder a los comentarios que se hacen en la bitácora de forma pública, y de forma privada a los comentarios que me llegan a través del correo-e.
Hoy haré un excepción puesto que la respuesta puede ser de interés general a la hora de comprender el texto transcrito.
Me pregunta mi amigo si se acusa a los deportistas de aquella época de practicar la homosexualidad. Y para ello se basa en dos frases:
• “[…] hace nacer en ellos mil pasiones ilícitas […]”
• “[…] para obtener una victoria fácil que su vida afeminada no les concedería.”
No soy experto en Historia, por lo que explicaré mi interpretación personal de esas dos frases. Antes, debemos retrotraernos al momento en el que fue publicado el libro, a mediados de los años sesenta.
Algunas palabras han cambiado su significado social en estos cuarenta años, y así nos encontramos con expresiones que utilizó el traductor —que ha tenido que traducir a Le Floc’hmoan y a la traducción que de Filóstrato ha hecho el autor— que han variado su significado y sus connotaciones.
En la segunda frase, la palabra “afeminada/o” tiene varias acepciones en el DRAE. La cuarta es sinónima de “disoluta/o”, que de seguir indagando nos dará la clave de lo que pretende trasladarnos el traductor: “vida afeminada” por ”vida licenciosa, entregada a los vicios”, sin más especificaciones.
La primera frase, una vez entendido por donde van los tiros, es ahora más fácil de comprender: “pasión”, en su séptima acepción, significa “Apetito o afición vehemente a algo”. Y lo “ilícito” ya sabemos que es lo “no permitido legal o moralmente”. Pero lo que no les está permitido en su condición de atletas, haciéndose eco de los pecados capitales: gula, pereza, lujuria, soberbia…, típico de gentes mal acostumbradas.
Esta es la interpretación que del texto hice yo en su día. Nada que ver con la homosexualidad, lo que por otro lado tampoco me sorprendería. Pero entiendo que Filóstrato se refiere más a la promiscuidad, a orgías, a bacanales, a banquetes pantagruélicos y a dormir todo el día en un “dolce far niente”.