El fin y los medios
Viernes, 30 de Noviembre de 2007 |
la aguja |
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olimpismo | sociedad
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EN NUESTRA sociedad actual hemos olvidado la máxima aquella de que el fin no justifica los medios
(¿Vassily Grossman?). Nuestra falta de memoria nos hace testigos de todo tipo de atropellos al buen gusto y a las buenas formas en las relaciones con los demás. Estamos más próximos a conceder que todos los medios son buenos cuando son eficaces
(Jean-Paul Sartre). Es la ley del todo vale con tal de salirme con la mía.
Así, vemos en la televisión —que solamente por el hecho de estar presente en todas las casas debería oficiar de transmisor de la cultura y la educación— esperpénticas discusiones en las que quien más grita acapara más segundos de cámara y consecuentemente más atención del público, lo que hace aparecer al chillón como quien lleva razón.
Si somos sinceros debemos admitir que lo que cuenta no es tener razón, sino parecer que la tenemos ante la audiencia, sea en un programa de televisión, en un hemiciclo, o en el café.
La cortesía y la elegancia se han perdido, y así hemos visto en televisión —con el eco sempiterno que proporciona Internet— como en un foro de participación y diálogo internacional un Jefe de Estado mandaba callar a otro tan Jefe de Estado como él con una pregunta retórica, erigiéndose así en rey de verduleras.
Se ha perdido el diálogo, sólo existe el vocerío. Se ha perdido el razonamiento, tan sólo existe la imposición de ideas. No tratamos siquiera de argumentar falazmente, obligando con ello al oponente a emplearse a fondo para desmontar nuestros sofismas.
Esta falta de educación y talento se ha instalado en todos los ámbitos de la sociedad. Tal vez política y deporte, por el exceso de minutaje que ocupan en la programación, sean los sectores que más han influido en el conjunto de la población con esta falta de saber estar, de saber comportarse.
Dentro del mal gusto imperante quizá la mayor falta de respeto sea la proferta de amenazas por parte de quienes deberían dar ejemplo de empatía y cordialidad, de saber debatir cualquier asunto por espinoso que sea con educación y elegancia, de aceptar el debate y la contraposición de ideas, de escuchar…
Es en esta arrogancia e irrespetuosidad en la que ha caído el COI con la IHF, amenazando con excluir el balonmano del programa de los JJOO si no se cumplían sus deseos, por mucho que persigan un fin honesto.
¿Dónde está la capacidad de negociación, el carisma para convencer y reconducir un asunto escabroso, el tacto, la diplomacia, la mano izquierda, la facultad de dialogar, el amonestar para que el otro desista de su obstinación?
El equilibrio de fuerzas entre los organismos deportivos internacionales pende del hilo de los personalismos. Algunas federaciones internacionales acataron al COI por voluntad propia, habiéndole dado con ello fuerza y poder, pero hoy por hoy no necesitan al organismo olímpico para ser grandes y fuertes y seguir creciendo. En realidad han perdido cierta independencia.
30 de noviembre de 2007
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de un descreído del deporte




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Es increible, tras leer el enlace que pones sobre la noticia, que por un determinado partido plagado de incidentes y accidentes, la carcundia del COI pretenda vetar a TODO el balonmano mundial a los próximos Juegos Olímpicos. Que conste que lo que me subleva dialécticamente es esa barbaridad surgida, seguramente, tras una noche de farra y guisqui, pero que tras la resaca quedará descartada., porque ya me gustaría que más de una Federación Deportiva les hiciera a estos carcas un sonoro corte de mangas haciendo que su deporte no acudiera a una edición de los JJOO. Claro que entonces, los deportistas serían los más afectados, siendo ellos seguramente los que recibirían en su trasero la patada dada al COI, lo cual tampoco me parecería justo. En fin, que lo mires por donde lo mires, al final siempre pierden y ganan los mismos.
Pues no creo yo que los deportistas sufrieran impacto alguno en sus posaderas (ni en su estima, ni en su bolsillo).
Cualquier federación internacional ya tiene su campeonato del mundo, que es lo máximo en competición de elite. Los JJOO desdoblan y dividen el valor de esa competición suprema que es la copa del mundo.
Pero me has dado materia para un artículo, y a fe que voy a intentar lucirme. El olimpismo es una farsa, un sueño injertado en la mente colectiva del que muchos viven sobradamente. ¿Pero por qué juntar todos los deportes durante mes y medio en una ciudad? ¿Y qué ganan las federaciones internacionales más que imposiciones y normas que deben acatar?
¿Qué pasaría el día que la FIFA, la FIBA y la IAAF manden a tomar por su sancrosanto culo al COI y a sus nobles y acomodados comedores, señor Urdangarín incluido, ya que goza ahora de título nobiliario —cuya asignación pagamos entre todos— y obtiene sus beneficios al codearse con el movimiento olímpico y la industria que le rodea?
Pues sencillamente pasaría que se acabó el cotarro y el mamoneo olímpico para quienes viven del gorroneo deportivo. Y será el COI quien quedará expuesto y mermado.
¿Alguien cree que federaciones internacionales como la de fútbol, la de atletismo, la de baloncesto o la de tenis necesitan del COI para subsistir y gozar de reconocimiento internacional?
Ni golf ni rugby ni automovilismo están presentes en los JJOO y les va muy bien sin ser supervisados por los dirigentes del COI, que no hacen otra cosa que administrar la producción ajena. Y no están obligados a organizar otra competición más que recarga el calendario de los deportistas con sus fases de clasificación y su puesta en escena. Sólo les faltaba que llegaran estos manguanes con prepotencia y amenazas…
Y creo que ya he hecho el artículo, pero aún me queda algo de dinamita que encender, además de recolocar todo lo antedicho.
la cultura de un individuo no se comompone fundamentalmente de informaciones, sino más bien, como en el caso del ajedrez, de una mezcla de reglas de juego asi como del número de piezas y de su valor.
“Cultura es lo que queda después de haber olvidado lo que se aprendió”; lo dijo André Maurois, que seguro que de esto sabía más que yo, aunque no sé si estarás de acuerdo.
Me gusta el ajedrez, pero hay que reconocer que sus reglas son divergentes con las de la vida real. Ni se parte en igualdad de condiciones (con las mismas piezas y de idéntico valor), ni existen turnos, sino que quien da primero suelo dar dos veces.
Además esas reglas de juego no son iguales para todos; algunos las perciben con mayor flexibilidad y permeabilidad.
Aparte de esto, no tengo ni idea de lo que has querido decir. Si te es posible, agradecería que te explicases. Tómate la extensión que necesites.