HE CONSEGUIDO un libro de los que ya no se encuentran sino con mucha dificultad. Se trata de un tomo impreso en 1965 ó 1966 por Editorial Labor: “La génesis de los deportes” de Jean Le Floc’hmoan. No se han realizado posteriores reimpresiones ni nuevas ediciones.

Mi trabajo de hoy consistirá —con sumo deleite— en transcribir sendos pasajes del capítulo 7; concretamente el comienzo y el final.

Una hilera de estatuas de bronce que representaban a Zeus y se llamaban Zanes, pudo verse al pie del monte Kronion a partir de los XCVIII Juegos Olímpicos. El historiador Pausanias nos ha explicado en la obra «Elida» que fueron erigidas con el producto de las multas impuestas a los atletas que habían violado el reglamento de los Juegos. Las seis primeras, levantadas en 388 antes de J.C., lo fueron como consecuencia de una trampa hecha por Eupolos de Tesalia que compró a sus adversarios en el pugilato. No sólo Eupolos, sino también aquellos a quienes había comprado (Agetor de Arcadia, Pritoneo de Cícico y Formión de Halicarnaso, vencedor en los J.O. precedentes), tuvieron que pagar la multa a los helanodices. Pausanias nos ha contado también que en los CXXII Juegos, «el ateniense Callipo, inscrito para el pentathlon [sic], compró a sus adversarios». Le condenaron, pero, a través del atleta, era Atenas la censurada y por otro lado no quiso pagar por el insolvente Callipo. Los eleanos, inexorables, excluyeron a los atenienses de los Juegos Olímpicos. Pero la repercusión de los Juegos era tan grande, que Atenas, después de reflexionar, decidió pagar la multa: «Con el producto de ella se levantaron otras seis estatuas a Zeus.»

Le Floc’hmoan habla de los vencedores olímpicos al final del capítulo:

Para estos festejados campeones, Eurípides (480-405 antes de Jesucristo) fue de una extrema severidad: «De todos los pillos que pululan por Grecia, nada hay peor que la raza de los atletas. En primer lugar, no reciben ningún principio de vida honesta ni tampoco sabrían recibirlo. Poco acostumbrados a los nobles sentimientos, difícilmente se someten a las contrariedades… Censuro esta costumbre de los griegos, que reúnen mocetones de este tipo, venidos de cien comarcas distintas, y los honran con placeres inútiles.»

¿Cuáles son estos placeres con los que fueron obsequiados?

El P. Barthélémy, en «Voyage de jeune Anarchis en Grèce», los ha descrito así: «Siguiendo la vieja costumbre, los vencedores olímpicos vuelven a su patria con todo el aparato del triunfo, precedidos y seguidos por un cortejo numeroso, vestidos de púrpura, a veces en un carro de dos o cuatro caballos, entran por un boquete abierto en la muralla de su ciudad. En algunos sitios, el tesoro público les proporciona una existencia decorosa, en otros se les exhime [sic] de impuestos, y el título de vencedor olímpico, unido a su nombre, les granjea una estima y unas consideraciones que hacen la felicidad de su vida.»

Me reconforta saber que no somos tan diferentes de los padres de nuestra cultura europea. Después de todo sólo han pasado 2.400 años.

6 de noviembre de 2007
¡¡Feliz cumpleaños, papá!!