Leo en la prensa que este pasado miércoles emitieron un programa por el primer canal de la televisión pública en el que se habló del dopaje. Debo reconocer que no he visto el programa. Padezco una enfermedad tópica que me impide ver la televisión. Me sale urticaria… Pero confiaré en el texto al que he tenido acceso.

Me ha sorprendido la nómina de ilustres invitados. Transcribo: “Eduardo Inda director de Marca, Josep Pedrerol de Punto Radio, Carlos Arribas de El País, Chema Abad de Radio Nacional, Juanjo José [sic] Díaz de TVE, y Alfredo Relaño de As”.

Un sexteto de periodistas… Cuando el programa verse sobre periodismo es de suponer que invitarán a deportistas y a algún que otro médico.

Desconozco en base a qué todos estos señores se creen con derecho a hablar de dopaje. Su relación con el deporte de alta competición —y por ende con el dopaje— es de oídas. ¿Alguno ha estado presente en un acto de dopaje? Con expertos de gabinete no se eleva el nivel del debate.

Repito que no he visto el programa (probablemente a estas horas me seguiría rascando). Pero como la información la he obtenido de Marca, es justo pensar que el plumilla haya querido presentarnos el mejor perfil de su jefe. Y en base a ese perfil óptimo haya destacado las mejores intervenciones, que se me antoja sean el súmmum del nivel alcanzado en el debate.

Veamos la que hace las veces de titular: «O se acaba con el dopaje o acabará con el deporte». Vaticinio tremendista y apocalíptico en la línea a que nos tiene acostumbrados el jefe de cierto partido político.

Pues ni una cosa ni otra. Lo más factible es que el dopaje acabe modificando la percepción que hoy tenemos del deporte.

Otra de las frases extractadas: «el dopaje es un grave problema de salud pública y habrá que ver lo que ocurrirá dentro de 15 ó 20 años con los deportistas que se han dopado ahora».

Pues señor director, aparte de no decir nada, las frases hay que terminarlas porque si no se corre el riesgo de que sean malinterpretadas.

Asumiendo que usted se refiere a la mortandad de los deportistas me temo que ocurrirá que unos se morirán y otros no. Y de los que se mueran prematuramente, algunos quizá la espichen por haber sometido su organismo a esfuerzos sobrehumanos en el sentido más literal del término. El deporte de competición no es sano, y no puede ser muy bueno correr los 100 metros en menos de diez segundos.

Pero ya que lo dice, podemos mirar a Perico Delgado 20 años después, que por lo que sabemos consumió probenecid. Y no parece que su salud física se resienta. Esta sustancia no estaba prohibida por la UCI en la época en que Perico ganó el Tour (aunque sí por el COI). Pero si hoy aparece entre la lista de sustancias prohibidas no será porque se haya vuelto nociva a partir de 1988.

Algunas sustancias son más perjudiciales que otras, pero ustedes se refieren a todas ellas como si de venenos se tratara. Cualquiera con una mínima formación deduce que el daño que puedan ocasionar dependerá de las variables del consumo: cantidad, duración, intensidad.

El porqué es necesario luchar contra el dopaje no es la presunta desaparición del deporte (afirmar esto es de una candidez extrema). Ni siquiera la salud de los profesionales del deporte justifica el esfuerzo y la inversión pública (en otros colectivos profesionales hay quienes utilizan drogas para sus actuaciones y ningún Estado ha pensado en hacerles controles). La clave de dicha necesidad es más sutil, y ya fue explicada en esta bitácora hace tiempo.

No es posible acabar de golpe con una práctica que lleva muchos años instaurada. Y cuando digo muchos años me refiero a más de los que el lector pueda haberse imaginado a bote pronto.

Las leyes antidopaje guardan similitudes a no olvidar con aquella Ley Seca que trató de acabar con el consumo de bebidas alcohólicas en los USA. Como consecuencia directa de su aplicación aumentó el consumo de alcohol, y por consiguiente su fabricación y venta. Y dada la prohibición se desarrolló el contrabando, la economía sumergida y la delincuencia organizada. Al final el alcohol acabó con la Ley Seca.

Desconozco por qué no estuvieron presentes en el programa personas como Jesús Manzano, Bjarne Rijs o el recientemente confeso Bo Hamburguer. Ignoro también lo que cobraron los periodistas por acudir al plató, pero no creo que estos ciclistas hubieran exigido más. A lo mejor deportistas como Marion Jones o Martina Hingis, o doctores como Eufemiano Fuentes o Sabino Padilla hubieran tenido algún punto de vista que aportar al debate.

Pero no interesa; lo que ahora vende es el “tolerancia cero” y los incautos se suben al carro que más ruido hace sin preguntarse a dónde lleva. Veremos, señor Inda, qué ha pasado con el dopaje dentro de 15 ó 20 años.

16 de noviembre de 2007