NADA HAY más duro en nuestra sociedad que ver morir a un hijo o perderlo en la distancia. No importa la edad del rapaz. Siempre es un acto contra natura que los padres sobrevivan a los hijos.

Por ello, por la enajenación que llega tras la muerte de un hijo, se puede disculpar que un padre diga públicamente una sarta de sandeces. No está la mente como para medir la validez de lo que se dice.

Pero no disculpo la actitud de los plumillas que deciden con frialdad dar cobertura a una noticia, y ampliar detalles y recoger todo tipo de anécdotas en relación a un suceso luctuoso con la idea de vender el periódico de pasado mañana.

No están claras las circunstancias en las que un joven asturiano murió tras una discusión en una discoteca de Tenerife: «El juez deja en libertad al portero que propinó la paliza al joven de Cangas de Narcea».

El plumilla da por cierta una paliza en el titular de la noticia —parapetándose en la brevedad que impone el arte de titular e introduciendo ladinamente en la mente del lector un pre-juicio— para pasar en la entradilla a matizar el consabido “presuntamente” al objeto de evitar una posterior querella. Pero remata la faena arteramente al aplicar el adjetivo “brutal” por si el obligado latiguillo exculpador introducía alguna duda en la mente del lector.

Tener que depender de la torticería para mantener el puesto de trabajo haría que a un servidor se le atragantaran las alubias que llevaría a casa. Pero cada cual tiene su estómago, y feliz quien carece de conciencia.

Viendo el cariz que tomaba el texto, debí dejar de leer en ese punto como tengo por costumbre. Pero la necesidad de saber en qué paraba aquel asunto por motivos que me reservo hizo que continuara leyendo.

Me parece poco serio que el periodista ponga en boca del padre —quien en el momento del fatal desenlace se encontraba lejos de allí— la versión de lo acontecido, dándola por buena o, al menos, sin matizar que es una de las versiones.

Hay que decir que de un primer examen forense no parece desprenderse que hubo tal brutal paliza. Tras dos horas buscando en Internet puedo asegurar, salvo torpeza de quien suscribe, que se ha silenciado toda información del resultado de la autopsia.

Pero el culmen de la desfachatez del satélite de rotativa es recoger la siguiente frase del padre, presentándola como lapidaria:

“Hay porteros que son asesinos en potencia, se llenan de anabolizantes y con un solo golpe pueden matar a una persona, como hicieron con mi hijo.”

Nótese que tras la frase, el gacetillero rodea al dicente de un aura de credibilidad citando su profesión, un oficio en el que por fuerza se supone la honradez del que lo desempeña. (Abrigo la sospecha de que el chupatintas siente cierta animadversión hacia el gremio de porteros de salas de fiestas).

El foliculario, desde la tranquilidad de la redacción, escoge las palabras con mucho tacto, entrecomillándolas para eludir responsabilidades. Pero sabe que por el mero hecho de transcribirlas y darles difusión criminaliza a todo un colectivo a pesar del manido impersonal con el que comienza la frase.

Cinco años de Facultad deberían bastar para saber que unos anabolizantes no convierten a nadie en Hulk. Sin olvidar que el portero, en todo caso, será juzgado por un delito de homicidio y no por asesinato. Da la sensación de que hay momentos en los que no interesa elegir la información veraz y conviene más mezclar los bulos con el entrecomillado.

No se recoge en la nota de prensa, pero también se llamó la atención sobre el hecho de que el portero pudiera ser practicante de artes marciales, porque, decían, eso elevaría su responsabilidad. Y es que, digo yo, le podrían haber enseñado técnicas mortales en el dojo

Así, en el intento de cargar sobre el colectivo de porteros de noche, se cuestiona también a todo practicante de artes marciales.

Veo que se han establecido conexiones entre el mundo deportivo y el mundo laboral alejado de la práctica deportiva, si bien presentadas bajo un aura de oscuridad: anabolizantes, gimnasios, artes marciales…

Me pregunto si cualquier deportista de los que se dopan con anabolizantes es capaz de matar de un solo golpe.

Me pregunto si los boxeadores, taekwondokas y kicboxers tomaran anabolizantes los combates acabarían con la muerte del rival.

Es una leyenda urbana que un practicante de artes marciales no pueda defenderse sin avisar antes de que tiene conocimientos de autodefensa, y lo es también que le vaya a ser retirada la licencia federativa en caso de hacerlo. Es falso que un competidor de cualquier arte marcial no pueda repeler una agresión.

Si fuera cierto, a los porteros de salas de fiestas que practican artes marciales no les quedaría más remedio que dejarse golpear, porque los testigos serán amigos del cliente del establecimiento.

O serán otros clientes quienes se solidarizarán con el lesionado en caso de prestar declaración. Aunque ya sabemos que el dar por cierto la opinión general es una falacia ad populum. Que una persona acabe golpeada no supone necesariamente que sea la “víctima”. Tal vez ha provocado el altercado y ha salido trasquilado.

Incluso es falso que los practicantes de artes marciales tengan expresamente prohibido iniciar una pelea y agredir a otras personas; ni más ni menos que otros ciudadanos.

Lo que sí es cierto es que en caso de ensañamiento el juez no tendrá en cuenta ciertos atenuantes o/y eximentes con el artista marcial. Pero no se le puede exigir a nadie que en el fragor de una pelea mida sus golpes para causar el menor daño posible, porque eso podría ir en detrimento de su propia seguridad.

La Ley será igual de dura para quien inicie una agresión, sea asiduo de un gimnasio de artes marciales o trabaje en un bufete o alterne en una sala de fiestas.

23 de octubre de 2007