HACE CASI cinco meses que se celebraron las elecciones autonómicas, y de resultas de los comicios se derivaron algunos cambios en las poltronas de quienes están a sueldo del Erario público.
Desde hace tiempo se viene hablando de limitar el mandato de los cargos más representativos, tal que presidentes de los gobiernos (nacional y autonómicos), ministros, consejeros y alcaldes. Pero en esa discusión solemos obviar todas las designaciones directas que colman los gabinetes de los veinte gobiernos que rivalizan en España.
La capacidad de las personas para organizar y dirigir tiene sus ciclos y, dejando aparte la inevitable contaminación a que el sujeto está expuesto en su transitar por la Administración, ocurre muchas veces que alcanzados ciertos objetivos fijados de partida quien ha sido capaz de elevar el nivel de gestión se ve desbordado por el nuevo statu quo que él mismo ha creado.
Es por ello que la labor de remoción de los cargos públicos debe alcanzar también a los directores generales. Y ese caso se ha dado en Asturias, donde el director general de deportes ha sido removido de su sillón, barrunto que en contra de su voluntad.
La vida de un director general de deportes es dulce; con un buen sueldo, el reconocimiento popular, viajes y dietas pagas a los confines del mundo con la disculpa de la participación internacional de un conciudadano, y en general flashes y neones con motivo de galas, fiestas, celebraciones e inauguraciones, en cuyos ágapes no se conocen el agua ni la mortadela.
Un director general de deportes se convierte en un ser mediático, que reparte ilusiones en forma de subvenciones y convenios. Su agenda de contactos crece todos los días, y a nada que sepa remar sabrá sacar provecho de ellos muy lícitamente.
Es éste de director general de deportes un puesto cómodo, alejado de las ciénagas que suponen otras direcciones generales vinculadas a urbanismo, hacienda o sanidad.
Un director general de deportes se ve complacido allí a donde va. Los grandes clubes deportivos de la región y las federaciones más pudientes trabajan para ganarse su simpatía durante los viajes y estancias en los campeonatos a los que se le invita, porque siempre la presencia de un director general de deportes prestigia el evento, a los que lo organizan y a quien recibe los premios de sus manos. Este devenir es parte de esa contaminación de la que hablaba arriba, pues indefectiblemente con el paso del tiempo se crean lazos y afinidades entre los dirigentes deportivos y quien detenta el cargo institucional.
Un director general de deportes no tarda en darse cuenta de que nunca será criticado ásperamente, porque el deportista español es manso y poco dado a censurar a los cargos institucionales. La ignorancia les lleva a pensar que por insuficiente que sea la subvención que les han concedido, siempre es posible que se la anulen. Y como en este país los gobernantes han dispuesto las cosas de forma que el deporte depende en un porcentaje muy alto del dinero público, ninguno se atreve a levantar la voz.
Las entrevistas de que son objeto los directores generales de deportes nunca son apremiantes, presentando los plumillas un respeto excesivo en sus cuestionarios. No he visto nunca una interviú a uno de estos cargos en la que se le exigiera al titular una respuesta inmediata a la par que feliz. Por el contrario, se les concede tiempo para elaborar su discurso y presentarlo como mejor estime oportuno.
El cesante director general de deportes de Asturias, Daniel Gutiérrez Granda, conocido en su patria chica —donde fue concejal doce años— como “Danielón”, y conocido cariñosamente en algún circulillo del deporte asturiano como “el Gordo Granda”, accedió al cargo en 1999 y se encontró con el gran vacío dejado por sus predecesores.
En los cuatro años de gobierno inmediatamente anteriores a su ascenso al cargo llegaron a desfilar por aquella dirección general hasta tres directores, mecidos por los vientos políticos que soplaron por entonces en el seno del partido que gobernaba en Asturias. Partido político de ámbito nacional que resultó fragmentado en el transcurso de la legislatura, y cuyo presidente de gobierno fue fundador de un nuevo partido político de ámbito regional.
Convendrán conmigo en que con semejante vacío lo poco que se haga en el orden organizativo ha de verse recompensado. Cuando llegó el Gordo Granda aquello no llevaba dirección alguna y él se encontró con la oferta de colaboración de todos los estamentos implicados en el deporte asturiano.
Pero tras ocho años en la dirección general de deportes él también deja vacíos a pesar de haber sido premiado por el CSD —lo que en su día se criticó en esta bitácora—. Si vale un botón de muestra, diré que la Ley 2/1994, del Deporte en Asturias —¡aprobada hace trece años!—, en su Título III establece la creación de planes regionales de instalaciones deportivas cada cuatro años. Parece ser que nunca ha existido plan alguno al respecto, y que todo quedaba a la imprevisión que ha caracterizado la gestión del Gordo Granda, más amigo de impulsos que de planificar.
Podemos decir además que el Gordo Granda no tenía don de gentes. Él se enorgullecía de aparecer siempre como persona campechana, lo que es de todo punto insuficiente para moverse en otras Administraciones públicas. Contra la imagen de afabilidad que le rodeaba puedo decir que era persona algo déspota, al menos en lo que a mi respecta.
Recuerdo especialmente una llamada telefónica que me hizo. Aquel día tuve que pararle los pies en seco, aunque sin abandonar las buenas formas, lo que no fue tarea fácil habida cuenta de las voces que me daba. Al menos en lo que me tocó, su trato dejó mucho que desear. Apasionado confeso del Sporting y del fútbol, los deportes minoritarios en los que me he movido parecía que le producían cansancio y hastío.
Y llegó el día que en su partido político pensaron en renovar el cargo, o quizá en removerle a él, puesto que se desconocen los motivos que originaron la decisión. Le ofrecieron llevar un asunto cultural pero al no ponerse de acuerdo, el Gordo Granda convocó bajo su responsabilidad una rueda de prensa y, despechado, decidió romper la baraja y trató de desmarcarse en olor de honestidad. Aunque, según versión de la Consejera, lo que él quiso fue imponer unas condiciones que finalmente no fueron aceptadas.
Con la rueda de prensa el Gordo Granda abrió en su partido (que no es su partido de toda la vida) la primera crisis tras las elecciones, algo imperdonable en una persona que llevaba 20 años cobrando como dirigente político en las Administraciones públicas. Quien suscribe cree que de ser cierta y no aparente su humildad, el Gordo Granda no habría organizado esta opereta de la rueda de prensa. Cuando uno se va, compañero, lo ha de hacer sin meter ruido.
El gobierno asturiano no ha cedido, y tras un cruce de reproches en la prensa Daniel Gutiérrez Granda ha retomado su vida de ciudadano de a pie, bálsamo que deberían probar cada ocho años a modo de cura de humildad todos aquellos que cobran dinero público gracias a una designación directa.
16 de octubre de 2007
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(Jean Dolent)















Todo un personaje, el Gordo Granda, si señor. Se acomoda como tantos otros en un silloncete y a vivir la vida que son dos dias.
Su puesto, la verdad es que esta bastante bien, ya que esta bien remunerado, puedes viajar y conocer sitios nuevos, y amen de las comilonas correspondientes y como bien mencionas el gremio al que representas o para el que trabajas poco te van a reprechar por miedo a que les quiten las subenciones. De los puestos politicos puede que este sea uno de los mejores.
Lo malo de la politica, independientemente de las siglas politicas, es que se acomodan y viven como marajas y despues no hay quien les mueva.
Pues sí, eso es lo que yo he dicho. Pero, ¿y tú qué piensas?
Lo que pienso es lo que te he escrito en el renglón de más arriba, que hay que evitar que estos “personajillos” se acomoden en un puesto y creo que para desempeñar ciertos cargos públicos habría que tener unos conocimientos mínimos en la materia que desempeñas ya que sino el que este en ese puesto sera de pacotilla, ya que de esta manera pasa lo que pasa que hoy estan en deportes, mañana en naturaleza, pasao de portavoces etc.
Por cierto, en esto de los motes a politicos creo que al sr. Areces le tienen puesto uno pero creo que es de forma despectiva. En algunos puntos de autovía de la geografia asturiana he visto rotulos que ponían: “Areces, fartón” ¿ por que será?.
Hum… Es buena esa teoría que propones. Pero me temo que si se exigiera a cada politiquillo tener conocimientos en las materias que ha de gestionar, las concejalías de la mayor parte de España quedarían desiertas.
Quizá se pueda ser un buen gestor de alguna materia sin tener conocimientos profundos de ella, tan solo siendo un buen gestor en general. Pero creo que en materia de deportes, al menos en las Administraciones cercanas al ciudadano, sí que hace falta estar en el mundo del deporte.
He conocido algún concejal de deportes que de niño lloraba delante del plinto y estaba dispensado de la clase de gimnasia la mayor parte del tiempo (y digo gimnasia porque el susodicho concejal tiene mi edad y en aquellos tiempos la Educación Física se llamaba así).
De todas formas, entendería que el señor Lissavetzky no comparta nuestra opinión. Pero mira, Roxín, los franceses, que en esto del deporte saben un huevo, nada más finalizar la Copa del mundo de rugby, tendrán nuevo Ministro de Deportes. Ni más ni menos que Bernard Laporte, el seleccionador francés de este deporte.
Habrá franceses que sepan más que él de rugby. Habrá franceses que estén de acuerdo con el nombramiento y habrá quienes no. Algunos de sus compatriotas tendrán mayores dotes de gestor que él. Pero no se puede negar que será una persona del mundo del deporte quien ocupará el más alto cargo francés en materia de deporte.
Es todo un gesto de madurez política lo que ha hecho el partido del “Gordo” Granda, removiéndole de la dirección general de deportes para que entren nuevas ideas. Pero tenían que aplicarlo a todos los cargos institucionales, empezando por el “Cabezón”, como llaman cariñosamente en algunos círculos de su partido político al presidente asturiano, que ahora va para doce años de mandato. Pero ya conocemos la ley del embudo… Curiosamente los dos llegaron de la mano al PSOE provenientes del Partido Comunista en 1986. Veinte años ha durado la amistad política y ahora es normal que Granda se sintiera traicionado. “Despechado” dices, y me parece acertada la idea con la que defines su despedida. Veremos si le perdonan o le expedientan, que en Oviedo han expedientado a varios militantes de base por mucho menos.
Veo que estás al tanto de los intríngulis políticos que se mueven en Asturias. Yo también creo que debería ser expedientado, aunque sólo fuera por respeto a las personas que expedientaron en Oviedo por decir lo que pensaban. Aunque eso sí, no organizaron ninguna rueda de prensa, limitándose tan solo a enviar un escrito a la sección “Cartas al Director”.
Si no le expedientan será porque hay dos tipos de afiliados en el PSOE: los de primera y los de segunda. Pero espera que haga un enlace a una carta de alguien que, con mucha sorna, dice estas mismas verdades en la prensa.
Un saludo. Y, por cierto, me ha encantado el nick que llevas.
Después de dejarme acojonado con tu análisis, y antes de dejar aquí mi adicta opinión, he buscado el careto del Gordo Granda para, con mis dotes psicológicas y paranormales, descifrar si tu retrato coincide con lo que yo deduzco de su figura. Y, en efecto, tiene una pinta de campechano que no se la salta un galgo. Pero tras ella se trasluce una mente mitad vividora, mitad autoritaria. Da bien en las fotos, aunque se le ve sobrao de tonelaje, pero yo no lo llamaría Gordo sino simplemente Gordito. En cualquier caso, en estos tiempos en que tanto manda la imagen, la suya no es precisamente muy vendible respecto a lo que él llevaba entre manos: el deporte asturiano. Salvo que me indiques que el sumo también tiene sus adeptos por aquellos cortijos.
Dejando la parapsicología, acto seguido me he ido a leer una entrevista realizada a don Daniel por un tal Lupercio. Un periodista, supongo. En cualquier caso, más blandengue que los biceps de una agüela. De ella (de la entrevista, no de la agüela), destaca un gran titular dicho por el gran “amante del deporte”, como llama don Lupercio a don Daniel: “”En la gran mayoría de los concejos de Asturias hay un déficit importante de instalaciones públicas deportivas”.
Mi primera reacción, bastante primitiva y cavernícola. “Coñe, ¿y para qué estás tú?” Después vino la segunda reacción, más sosegada y racional: “Estamos ante un hombre crítico ante su propia gestión”. Finalmente, y tras zamparme la entrevista de un tirón, y pese a su blandenguería, entrarme un dolor de estómago que he necesitado recurrir al bicarbonato (yo es que soy un clásico), he llegado a mi tercera reacción, esta vez ecléctica y sobrenatural: “¡Este tío es un vivales y un cantamañanas!”
En fin, releo tu artículo y en él denuncias cómo el Título III de la Ley de 1994 establece unos planes de creación de instalaciones deportivas que don Daniel se ha pasado por el forro en sus numerosos años de mandato.
Por último, veo que en cuestión de poner motes al personal, el Sur y el Norte coincidimos. Tanto, que por allí arriba tenéis un Cabezón y nosotros, por aquí abajo, también tenemos otro. Lo que ya no sé es quién tendrá la cabeza más grande. En cualquier caso el mío gana en años de “servicio” (quiero decir, en años de fritanga y mangoneo). Achicharraítos vivos nos tiene el menda, mientras que él se conserva fresco como una lechuga…
Sí, es cierto. El hombre te pone a veces una cara de como que las cosas no van con él. Y menos mal que no he contado algún detalle más del tipo vivencias personales. Sin embargo, es un personaje que consigue aparecer ante el pueblo (ese ser ingente que no piensa) como una persona llena de razón y de bondad.
No debe ser mala persona en su casa. Pero como gestor, ¡hombre!, no ha sido el rey Midas, que es como él debe verse.
Supongo que habrás seguido por los enlaces que proporciono al final del texto la “espantá” que ha protagonizado. Lo más cojonudo es cómo se despide; deseándole suerte a la Consejera, que según él la va a necesitar. ¡Claro!, como él ya no va a estar…
Otro detalle que dice mucho del personaje, también en el último enlace que propongo. Reconoce el hombre no ser muy buen orador, cuando hablan de la palabra “chiringos” con la que calificó a toda la gestión en ciertas parcelas del actual gobierno asturiano. ¡Coño!, tío; si no eres buen orador, para qué organizas una rueda de prensa…
Y así es el Gordo Granda, mitad crío mitad mal orador.
El hombre ha debido pensar que la mejor presentación era dotar a Asturias de instalaciones deportivas en cada rincón rural. ¿Recuerdas la piscina climatizada cada 7.500 habitantes —creo recordar— que nos proponía el PSOE en su programa para las elecciones municipales pasadas y que ya repasamos aquí junto con los de otras formaciones políticas? Pues debe ser que existe una relación directa entre instalaciones y calidad de los deportistas. Eso sí, de los mantenimientos de edificios e instalaciones no nos habla ningún político.
En fin, te dejo otra perla del Gordo Granda, al que ya van a dejar de «volver loco».