Los cánticos de la patriotería
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deporte de elite | sociedad | honores y premios
GRACIAS AL lector de feeds (1) que he instalado hace tiempo en mi ordeñador puedo seguir muchas más bitácoras de las que enlazo en la columna lateral (hace mucho que no le echo un vistazo a mi blogroll).
El gol que quería ser fantasma, de Pieconbola —seudónimo que lo mismo ampara a una persona física que a un grupo— es una bitácora que gusto de leer porque no se limita a informar de una noticia (que para eso ya están las versiones en línea de los medios de comunicación), sino que se moja dando su opinión, y resumiéndola en un único párrafo.
Ya me gustaría para mí esa capacidad de síntesis, pero El Espectador trata de desarrollar un artículo de opinión con su exposición, su núcleo y su desenlace.
Hay dos posts recientes de Pieconbola con los que no estoy de acuerdo —aunque hay que conceder que están escritos de forma magistral— y que inciden en el mismo error (error desde mi punto de vista, lógicamente).
En Medina y su penalti comparto el fondo del artículo pero no la presentación.
¿Cómo debe ser entendida la frase “Nuestro árbitro volvió a dejar en muy mal lugar a nuestro arbitraje[…]”?
¿¿Nuestro?? ¿Qué se debe entender por nuestro? ¿De todos los españoles?
Ocurre que esta forma de pensar es compartida por la gran mayoría de sillonbol-adictos y aficionados varios, pues entienden que el árbitro español, de alguna manera, nos representaba a los españoles con su actuación.
Nada más lejos de la realidad; a los españoles sólo nos representan los órganos de representación y gobierno —órganos colegiados o unipersonales— de nuestro país. Aquellos a los que hemos tenido ocasión de elegir de una manera directa (verbigracia, el Presidente del Gobierno) o indirecta (el embajador de España en la ONU, por ejemplo).
Este error de relación entre el hecho deportivo y los intereses de la patria —muy extendido por otra parte— ya había sido desarrollado por mi compa bitacorero en un post anterior: Rugby, pub e himnos.
Aquí sí que me es imposible estar de acuerdo con el fondo del artículo. Aunque escrito impecablemente —¡ya me gustaría a mí escribir así!—, entiendo como engañoso el argumento que defiende Pieconbola.
Cada cual es libre de poner sus sentimientos y hacer saltar sus emociones donde mejor le plazca. Si uno se siente exultante berreando a pleno pulmón un cántico, sea una canción protesta o un himno nacional, pues adelante siempre y cuando no ofenda al durmiente.
A mí lo que me impacta, impresiona y emociona hasta el punto de saltarme las lágrimas es una familia completa que ha quedado destripada en la carretera, o un padre de familia al que han enviado al paro, o esos niños que sortean coches haciendo malabarismos con pelotas para ganarse unos céntimos, o un violador que sale de prisión y vuelve a cometer fechorías, o los niños que nacen con el VIH o con malformaciones, o una madre a la que se le muere el bebé en sus brazos sin poder amamantarlo porque sus pechos están secos, o un terremoto que arrasa una ciudad entera dejando en la miseria a la población obrera, o un homosexual que es colgado de una grúa en la plaza del pueblo, o una mujer que es lapidada porque, dicen, le ha sido infiel al marido: ¿sigo?
No me considero un patriota. Pero me desagradan esos alardes de patriotería a los que somos tan dados los españoles cuando “hemos quedado campeones del mundo”.
Mientras conciudadanos míos sienten un temblor que les recorre el cuerpo cada vez que tocan el himno nacional porque juega Nadal o ha ganado Alonso o la selección española de no-sé-qué forma en mitad de la cancha de juego, esos señoritos ponen sus ganancias lejos del alcance del fisco español dejándonos a los demás la piel de gallina con la responsabilidad que da contribuir al crecimiento del país con nuestro humilde salario.
A pesar de no compartir este sofisma que parece universal, me encanta leer El gol que quería ser fantasma. Aunque nunca he comentado allí porque el esfuerzo que me supone registrarme puede con las ganas de hacerlo.
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31 de octubre de 2007 
hoy es Halloween (fiesta céltica)
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Estando completamente de acuerdo contigo en lo de que no somos nada patrioteros (ni en el fútbol, los bolos o el dos de mayo), también es importante señalar que no por eso nos pueden tomar por el pito de un sereno. (Basta ver el numerito marroquí porque los reyes se han acordado, después de treinta y tantos años, que en Ceuta y Melilla hay gente que habla español, tiene DNI y hasta sus equipos juegan en las ligas españolas).
Expresado el matiz (hay gente tan torpe que confunde el no patrioterismo con tomarte por imbécil), lo de las emociones ya es cosa de cada cual y no de cada país o colectivo. Mientras que a unos nos emociona el tontaina vuelo de una mariposa, a otros se les van los flujos seminales escuchando a una tonta del culo subida a un escenario, precisamente porque enseña lo único que tiene: culo. Con esos especímenes uno tiene el mismo lazo de unión que hay entre un elefante y la estrella polar: cero patatero. A lo mejor, en un atraco a un banco donde nos pillasen a los unos y a los otros como rehenes, la cosa empezaba a cambiar. Lo que quiere decir que también las circunstancias influyen bastante. Por eso, sin ser patriota y sin emocionarme lo más mínimo la audición de un himno o cancioneta, en alguna ocasión se me han puesto los pelos de punta escuchando a un colectivo entonar los compases de alguna tonada de esas.
Y es que, el tender a la soledad, a pocos pero selectos amigos, a preguntarse demasiadas cosas o a creerse pocas, lleva a adoptar una actitud distante y “fría” que no se tiene cuando se actúa a mogollón y en compañía de bastante respetable alrededor. Mientras que unos no queremos perder nuestra pobre indentidad escondidos o subsumidos por la masa, a otros lo que les encanta es perder la suya dentro de la mayoría. Todo merece un respeto siempre que las cosas se hagan con cierto sentido de la realidad.
Parece ser que va ganando terreno el “NO” a la modificación del himno. El otro día leí un artículo en un diario (nada que envidiar a los nuestros) en el que apuntaban alguna razón más de temer, como son los sentimientos trasnochados que muchas letras de himnos nacionales actuales reflejan. Que si coger las armas, que si regar los campos de sangre… En fin, que me parece muy pueril querer una letra para cantarla con motivo de un partido de lo que sea. Hay que ser más maduros. Pero esa madurez no parece ser seña de identidad de nuestros compatriotas, esos que miran embobados a la chica del escenario. Aquí te dejo el artículo, que sé que gustas de leer. El autor (no aparece firmado, pero creo recordar que era Toni Fidalgo) reconoce haber cambiado de parecer.