LOS ORGANISMOS deportivos internacionales llevan tiempo luchando contra los males que aquejan al deporte. Y estos males se resumen en uno: las trampas. Pero como tristemente sabemos, existen múltiples formas de trampear.
Ya en el colegio aprendemos que hay niños capaces de cualquier cosa con tal de ganar. Quizá la trampa más instintiva sea mentir. Existe cierta impunidad cuando son los propios jugadores quienes se arbitran.
Se trata, por supuesto, del típico partidillo en el patio del colegio, y allí aparece otra forma algo más sofisticada de entrampar: porfiar con otro niño hasta el punto de intimidarlo.
Muchas son las fórmulas para hacer trampas a temprana edad. Tanto un niño que ataja en una carrera a campo traviesa como el que no da el recado a un compañero de equipo ausente en el último entrenamiento sobre el cambio de hora del partido para así tener más oportunidades de ser titular o/y lucirse, están haciendo trampas.
No pretendo hacer una antología de la trampa. Tan sólo quiero centrar el debate que me propongo iniciar: la trampa es algo inherente al ser humano y consustancial al deporte.
Según nos hacemos mayores la necesidad de victoria es superada por la satisfacción del juego en sí. Ganarle a un amigo el partidillo de tenis de los jueves cantando fuera bolas que no son no debería tener sentido para una mente madura. ¿O sí…?
Pero en la vida adulta existe un valor que en la niñez no es tan determinante: el dinero. Ganar supone dinero. Y el éxito en el deporte profesional se mide en ganancias económicas.
Hay gente para quien la necesidad de ganar justifica cualquier acción. Incluso drogar o sedar al rival.
Permítaseme aquí una digresión. La bajeza que supone trampear va acorde también con la repercusión social del éxito; habrá quien haga trampas solamente por afán de notoriedad.
Ganar el torneo de la comarca alineando como sub-15 dos jugadores sub-16 es muy grave considerando el ejemplo que se da a los entrenandos.
Sin embargo conquistar el campeonato regional de fútbol encharcando el campo porque el otro equipo es mucho más técnico que el nuestro es algo que no sabría encasillar: ¿trampa o estratagema? El lector sabio decidirá.
Un deporte concreto lo conforman una serie de reglas que todos los contendientes se disponen a respetar. Pero si tras la victoria hay cierta cantidad de dinero, está claro que no se puede confiar en la honradez de los rivales.
La figura del árbitro es clave para que se respeten las reglas del juego. La figura del comité de competición —y de apelación— son claves para que se respeten las reglas de la competición.
Pero —inevitablemente— estos comités están constituidos por personas, algunas de las cuales ya han demostrado ser sobornables en las más altas esferas deportivas, lo que sencillamente es una trampa del sobornador (estoy recordando los casos de corrupción del COI con motivo de la designación de sedes olímpicas).
Beneficiarse de un error arbitral a sabiendas es también una forma de hacer trampas, aunque no dejará de haber quien lo justifique. Provocar el error arbitral con un vulgar piscinazo es también algo execrable.
No hace mucho leía que tras un partido de fútbol femenino internacional los ganadores denunciaron a sus rivales por —presuntamente— alinear dos hombres.
Conocida de todos es la participación española en baloncesto en los Juegos Paralímpicos de disminuidos psíquicos de Sydney 2000. Trampas, trampas, trampas…
Un sistema creado originalmente para la recreación de los participantes en base a unas reglas más o menos “naturales” quizá no pueda soportar el embate del ánimo de lucro en el siglo XXI. Es lo que tiene el profesionalismo, que ha pervertido el sentido original del deporte.
Meter un gol con la mano en un Campeonato del mundo de fútbol es una trampa y no una genialidad, aunque se haga frente a unos rivales políticos. Y ensalzar ese hecho es hacer apología de las trampas.
Que los deportistas se dopan para mejorar su rendimiento es algo que ya conocemos. Que no midan el daño que pueden causar a su salud con estas prácticas es algo que no debería sorprendernos: la gente fuma toda su vida sabiendo que es pernicioso…, y sin ganar nada a cambio.
Pero los dirigentes no deberían centrarse únicamente en las reboticas deportivas. Los amaños de encuentros deportivos están a la orden del día en el deporte profesional.
Ésta es una amenaza externa al propio deporte. No se apañan partidos para ganar, sino para dejarse perder —antaño se amañaban combates de boxeo—. Las apuestas son las responsables de ello.
En ocasiones se ha llegado a comprar a los árbitros. El caso de Roberto Hoyler en el fútbol alemán y de Tim Donaghy en la NBA son de todos conocidos.
Recientemente hemos asistido a la denuncia por alteración fraudulenta del valor de mercado de un jugador en el fútbol inglés.
Me sorprende que los escándalos surgidos en torno al fútbol no hayan alarmado aún a las autoridades españolas, tan dadas a legislar en cualquier charco como justificación de su estancia en los órganos de gobierno.
En todos los órdenes de la vida existen las trampas cuya finalidad es el lucro. Estoy hablando del constructor que modifica unos planos de forma que se le permita construir un par de adosados más, o del camionero que transporta un exceso de carga, o del político que se embolsa cierta cantidad… ¿Alguien necesita ejemplos de esto último? Parece que vivimos en la cultura de la trampa y de la falta de honestidad.
Y dejo con estos dos últimos párrafos la disertación de hoy para retomarla precisamente ahí el próximo día.
[Continúa en el artículo “Espionaje industrial”]
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(Jean Dolent)















No cabe duda que desde los inicios de la humanidad, el hombre ha sentido la necesidad de aventajar a sus adversarios de cualquier manera ya bien fuese con todas las de la ley o de forma ilegal.
Es una caracteristica de los humanos e incluso me atrevería de decir que de los animales ( vease las peleas de las manadas de lobos por ejemplo para poder llevarse un bocado de carne a la boca) pero bueno ya es un tema un poco extralimitado.
Las trampas son dificiles de solucionar ya que forman parte de nuestra naturaleza, lo que si esta bien es que se controle y regule a traves de comites deportivos, normas, leyes etc.
Quizá lo que no se pueda hacer es poner en juego verdaderas fortunas basándose en un sistema tan frágil como es el deportivo. Existen juegos en los que las trampas quedan a discreción de los jugadores, pero entonces el juego pierde toda su gracia. Los juegos deportivos profesionales no cuentan con esta característica. Es el dinero lo que desvirtúa el deporte. Es el profesionalismo llevado a sus últimas consecuencias lo que está acabando con el espíritu deportivo. Quizá sea que estamos llegando a otra realidad. Pero entonces no será deporte, será otra cosa. Ni buena ni mala, simplemente diferente. O quizá yo esté desvariando, que todo puede ser.
Estupenda recopilación de las miserias humanas desde la óptica deportiva. Espero con impaciencia la continuación. Aventuro que tratará sobre un tema de rabiosa actualidad.
Pues aventuras bien, pero se me ha colado un artículo que no quise diferir pues supuse que podría levantar un cierto escándalo. A ver si para el martes termino con las trampas en el deporte profesional (o mejor dicho, termino de empezar…).
Hay quien dijo (y cantó) que la vida es una tómbola. COmo el asunto no rimaba y se alargaba, lo dejó ahí, pero estoy en condiciones de afirmar que las intenciones iniciales del artista era decir (y cantar) que la vida es una tómbola llena de trampas, trampas y más trampas. Y el deporte, como parte de la misma, no veas…
Insisto que en un asunto en el que la posibilidad de trampear es tan amplia no debería ser depositario de tan grandes cantidades económicas. Si además mezclamos las pasiones más primarias que algunos botarates se empeñan en poner en el deporte, el cóctel se hace poco menos que explosivo.
Ahora lleva todo esto a la Bolsa, donde hay gente muy seria que no está dispuesta a aguantar chuminadas, y ya veremos cómo acaba la historia.
Espionaje industrial
tema: deporte profesional
claves: trampas, código deontológico, ganancias económicas, espionaje, sanciones, tribunales
resumen: pregunta sobre la idoneidad de que la Justicia asuma el ámbito deportivo y propone un código deontológico del deporti…