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 La denuncia

Martes, 11 de Septiembre de 2007  |   la aguja  |   Hay 7 comentarios
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Este verano, aun sin vacaciones, he aprovechado para visitar a algunos amigos. Indefectiblemente, cuando uno viaja se interesa por los ámbitos que le son más conocidos. En mi caso el deporte municipal y su relación con el tejido asociativo.

El derecho de asociación es uno de los derechos fundamentales de los españoles (artículo 22 de la Constitución). Y la legislación vigente ampara a todo tipo de asociaciones (si son lícitas, por supuesto).

Por ello siempre me ha llamado la atención que los clubes deportivos dispusieran de legislación propia. No dejan de ser asociaciones, por lo que la legislación general en esta materia debería serles de aplicación.

Incluso existe diferenciadamente un Registro de Asociaciones, ya transferido a las comunidades autónomas, y un Registro de Entidades Deportivas en el que se inscriben en cada región tanto clubes como federaciones. Es como si el legislador otorgara un estatus superior al movimiento deportivo sobre otros movimientos asociativos al mostrar una preocupación especial por él.

No dejo de ver con curiosidad que clubes y federaciones, que funcionan como cualquier otra asociación —régimen presidencialista, Asamblea soberana y una Junta ejecutiva— tengan un tratamiento distinto, lo que ha sido fuente de disgustos para más de uno.

Dejando mi particular asombro atrás, retomo la crónica de una de esas visitas a casa de un amigo, directivo de un club local en una comunidad autónoma limítrofe con países del Cantábrico.

Tuve ocasión de departir con algunos miembros de la Junta directiva sobre un proceso en el que se hallaban inmersos. Hablamos en líneas estratégicas, sin entrar en pormenores.

Para dar a mi paciente lector una idea general de la situación omitiendo entrar en detalles reveladores, diré que este club estaba reivindicando un asunto en el que sin duda alguna les asistía la razón.

El conflicto les oponía a una empresa privada de mediano tamaño que opera en la localidad. Dado que no disputaban con una Administración, decidieron buscar amparo en su Administración local.

Pronto se dieron cuenta de que los intereses del Ayuntamiento (los de sus administrados) y los intereses de la persona que lo rige no convergían.

La postura personal del alcalde era próxima a la parte empresarial de este asunto, a pesar de que la razón dictaba que el Ayuntamiento debía defender los intereses del club local.

Viendo que no podrían sacar ninguna ayuda del edil, zanjaron la reunión a fin de no seguir dando más datos a quien no les iba a favorecer en nada.

Dirigieron su esperanza a la administración provincial o autonómica, pero allí les indicaron muy suavemente que no tenían intención alguna de mediar en el conflicto, habida cuenta de que la Administración más cercana al ciudadano no se implicaba en el asunto.

Explicado lo que antecede llegamos al punto en el que se encontraba la situación cuando llegué de visita a tan bello paraje.

Cualquier vía de negociación estaba bloqueada. Tan sólo quedaba una, si mis amigos querían hacer valer su derecho. La vía judicial…

Y ese era el debate.

Indisponerse con el alcalde yendo a denunciar la situación al Juzgado era algo que había que sopesar adecuadamente. En una localidad de unos 5.000 habitantes está todo atado y controlado por los poderes fácticos.

De los directivos del club, quien más quien menos tenía su pequeña empresa familiar en el pueblo. Llevarle la contraria al regidor supondría un rosario de dificultades con el que a buen seguro se iban a topar cuando acudieran al Consistorio para cualquier mejora en sus negocios. Aunque se tratara sólo del arreglo de la acera delante de la carnicería. Y facilidades, por descontado, tampoco iban a encontrar ninguna.

Quien tenía un hotelito rural lo veía más negro. Casi todas las licencias que precisan estos negocios pasan por el ayuntamiento; no digamos ya si el alcalde tiene alguna amistad por la Consejería de Turismo… Para joder a un prójimo sí que se da la transferencia de datos presta y diligente entre Administraciones.

Aunque la persona jurídica que presentara la denuncia fuera la asociación, cualquiera sabe ya a estas alturas que la vendetta administrativa es un hecho en nuestro país. Mis amigos lo sabían, y el regidor era consciente de que ellos lo sabían. Por eso tal vez se permitió, en un alarde de chulería, retarles a que «tuvieran huevos» a denunciar a la empresa privada.

Hay que contar además con el desgaste económico. Ir a juicio le cuesta a un club modesto, sólo entre gastos de abogado y procurador, una cantidad que tienen ya destinada a promoción deportiva. Y un segundo juicio (la inevitable apelación) no es soportable por las arcas de una asociación deportiva modesta. La empresa lo sabía también y de eso se estaba aprovechando.

Cerrada por inviabilidad económica esta vía judicial tan sólo resta la denuncia social. Pero acudir a los medios de comunicación para “denunciar” la situación sólo tiene un valor testimonial.

No es creíble amenazar a la empresa con llevarles a juicio. Quien tiene voluntad de demandar lo hace y quien amenaza con hacerlo desde la prensa es porque no tiene propósito de llevarlo adelante.

Por otro lado esa denuncia social sólo tiene la vigencia del medio en el que se hace. Al día siguiente llegan nuevas noticias que hacen olvidar las del día anterior.

Y es que el mundo deportivo está lleno de injusticias.

11 de septiembre de 2007

Actualización del 23 de diciembre de 2007 a las 02:23 horas

Se remata este tema con el artículo “Ventajas y oportunidades”, del 21 de diciembre de 2007.



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Hay 7 comentarios a “La denuncia”

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Comentario de contrapunto

En tu historia encuentro elementos comunes a muchas otras que he vivido de cerca.

Los intereses particulares del alcalde, el acoso personal desde una Administración, el agotamiento económico como estrategia del poderoso ante las demandas, el desprecio de algunos políticos a las denuncias en la prensa…

Esta es la España de entrerrepúblicas, como dice un amigo mío, que tenemos hoy en día.

Si no nos gusta la podemos cambiar.

Pero claro, se me olvidaba. Para cambiarla hay que meterse en la política.

Comentario de laaguja

Es cierto, si quieres cambiar lo que no te gusta has de meterte en el charco (más bien la ciénaga) de la política municipal. Sin duda que ser concejal es una labor edificante y que puede estar llena de alegrías personales.

La parte oscura son los ediles que tienen intereses personales, o más bien que anteponen sus intereses personales al bienestar de la comunidad. O incluso aquellos concejales que acceden a la política municipal para sacar un provecho personal o familiar.

Es muy complicado desenmascarar a este ramillete de aviesos personajes. Entre otras cosas porque pueden haber entrado en la política municipal por causas completamente altruistas pero verse contaminados por la impunidad de que gozan en algunas parcelas para cometer ciertas fechorías. Sin ir más lejos, aún está caliente el caso de Marbella. Y no es precisamente un municipio pequeño ni mediano.

 
 
Comentario de Roxin

En primer lugar, quiero saludarte Mr. Aguja y darte la bienvenida otra vez al mundillo de la escritura por internet y de esta manera se acaba un mes de sequía sin tus causticos comentarios agujeriles.

Bueno, el tema que vienes a tratar esta semana es una cosa que nos hes bastante conocida a los que vivimos en la España rural ya que en esta España aún perdura un sistema politico que se xtinguio en el mundo occidental con la Revolución francesa y America y que aui aún perdura de alguna manera…, ese sistema es el feudalismo donde un cacique local se sienta en el sillón de su despacho duarnte más de dieciseís años a ver como le engorda su enorme panza.

Presumen de ser democraticos y liberales y despotrican contra sus adeversarios politicos diciendo que son unos arcaicos y unos ultra-conservadores nostalgicos de regimenes caducos pero no se dan cuenta de que los autenticos imitadores de sus tan despreciados antecesores son ellos, gente que se tapa bajo las siglas de partidos progresistas.

Esta bien claro lo que dice el dicho , ( pueblo pequeño, infierno grande),. En estos pueblos pequeños no te puedes tirar un cuesco sin que se entere medio pueblo ya que enseguida estaras en boca de la Jet Set Paleta de la localidad, que son cuatro familias adineradas que gobiernan en la sombra mientras el gran ” suido” en su pocilga de lujo se hincha a comer y comer…

Es hora de que esta situación ponga punto y final.

Comentario de la aguja

¡Caramba Roxín! Me da la sensación de que he pinchado en hueso. Parece como si te escociera algo.

La verdad es que la historia es ficticia. Es cierto que he tomado varios retazos de aquí y de allí y he creado una historia “basada en hechos reales”, como dicen en las películas. Pero este caso concreto no existe.

De todas formas tu arranque muestra lo que yo pretendía. Una historia-tipo que se da una y otra vez en municipios de mediano tamaño de esta España nuestra. (Nótese que he situado la acción en una localidad de 5.000 habitantes, no en un municipio de 5.000 habitantes).

Seguro que otros lectores —¿hay alguien más por ahí?— podrían atestiguar lo mismo que tú.

Sin duda son situaciones que deben tender a la extinción. Las mayorías son tiranías, dije una vez. Y en municipios pequeños y medianos eso es más patente.

Pero desde luego, el poner coto a estas situaciones que contrapunto ha enumerado debe partir de los poderes públicos, a través de la legislación limitando en algunas parcelas concretas la fuerza de un grupo de ediles que no son nada más que un grupo de vecinos asociados en la cúpula de la pirámide administrativa local.

 
 
Comentario de Juan Puñetas

Estaba tan bien contada la historia que merecería ser real, quiero decir, que esperaba hubieras escrito después -en los comentarios- los nombres y apellidos del alcalducho o del edilillo y hasta el de la empresa privada. Pero mejor que sea así porque recuerdo que hasta por informar verazmente te pueden condenar en este país, aunque con dicha información -repleta de datos, pruebas y tal- pongas de manifiesto que alguien ha cometido o está cometiendo un delito. ¡Es a ti al que pretenden empapelar!

La justicia es una asignatura pendiente, y no sólo en este país. Lo que sí es curioso (muy, pero que muy curioso) es que los clubes deportivos y similares tengan un tratamiento diferenciado respecto a las Asociaciones, tal como señalas al principio de tu comentario. ¿Por qué será, será…?

Comentario de la aguja

En realidad, en la historia que concebí originalmente, el club se enfrentaba al propio ayuntamiento y en contra de los intereses del alcalde —cosa que, quizá, ocurre más a menudo—, quien confundía su cargo con su persona.

Pero al final decidí darle esta vuelta de tuerca más e interponer una empresa privada.

Y parece que he acertado. ¡Hasta un amigo me ha llegado a mandar un SMS diciéndome que creía saber de qué empresa se trataba!

La historia es ficticia (que no falsa), y que cada cual ponga nombres y caras a los protagonistas (parece ser que Roxín ya lo ha hecho).

Y como ya es habitual en ti, das en el clavo anticipándote a mis ideas. Éste artículo y el anterior tratan de situar otro que escribiré la próxima semana sobre esas denuncias que caen sobre quienes dicen verdades.

Si te das cuenta, en esta historia quien lleva la razón no puede hacer frente al coste que supone andar pleiteando por esos juzgados de dios.

Sobre la duplicidad de legislación sólo quiero decir que es algo que vengo “denunciando” (hay que leer este artículo para entender las comillas) desde la temporada pasada.

Legislación sobre drogas deportivas, sobre racismo y xenofobia en el deporte… Pero si lo que hace falta es aplicar en el deporte las leyes que ya tenemos, o —como mucho— adaptarlas…

Es cierto, ¿por qué crees tú que existe legislación específica sobre el asociacionismo deportivo y no existe sobre el asociacionismo cultural, por ejemplo?

Comentario de Juan Puñetas

Pienso que el deporte en general (y el fútbol en particular) está siendo utilizado por el Poder (político, económico, mediático, ideológico, etc) como medio de control social, es decir, para que el personal ande casi totalmente entretenido con unas cosas bastante superficiales -como el espectáculo deportivo- y se olvide de otras más liberadoras del individuo y de la sociedad: un buen sistema educativo, por ejemplo. En la olla a presión en que vivimos, el deporte es uno de los medios más efectivos con los que se entretiene y desahoga el personal. No es casualidad que los telediarios hablen más de deporte que de otros asuntos, ni que sepamos de muchos políticos sus fidelidades deportivas más que sus ideas sobre el gobierno de lo público.

Esto se nos escapa del objetivo de nuestras bitácoras deportivas, claro. Porque aquí el personal no se deja controlar (qué digo controlar: aborregar) sino porque pone también bastante de su parte. No digo que haya que ir por la vida como un revolucionario, de esos que luego hacen exactamente lo mismo que criticaban. Hablo simplemente de personas honradas, sensatas, tranquilas, críticas y capaces de situarse en la piel de los demás. Quizás es que uno va para viejo y empieza a ver las cosas con tintes demasiado oscuros. ¡Lo malo es que echo la vista y los años atrás y tampoco encuentro tonos claros en mi percepción del pasado!

En fin, no quiero amargar la fiesta a nadie. Además, dentro de un par de horitas comienza la final de baloncesto entre España y la pérfida Rusia putinera. ¡Habrá que demostrarles lo que vale un peine! El coliseum romano (esta noche llamado “La Sexta”) nos espera.

 
 
 
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