TRAS UN plato harto pesado de digerir, como ha sido el último artículo, he querido traer al menú algo digestible que entone el ánimo. El postre queda en mano de quienes se aventuren a leerme, bajo la forma de comentarios, que en realidad es lo que da valor a una bitácora.

Si hay algún lector que aún no ha comentado nunca, le animo a hacerlo. No es necesario registrarse, ni siquiera poner un nombre en el formulario de los comentarios, y pueden utilizarse alias.

En mi patria chica han organizado un evento deportivo mitad festivo, mitad reivindicativo, mitad deportivo… Sí, demasiadas mitades…

Mi añorada playa de Sopelana ha sido el marco incomparable en el que se han dado cita casi ciento cincuenta atletas que han corrido en pelotas. O para decirlo más finamente, que han corrido en cueros.

No puedo decir que han corrido como vinieron al mundo porque en el vídeo se aprecia que visten calzado deportivo: «Una carrera ‘en cueros’ al estilo de las auténticas Olimpiadas griegas».

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Desconozco si el organizador exigía esa etiqueta o si era precisamente una marca de zapatillas deportivas quien pagaba la reunión. El caso es que estos hombres —y muy poquitas mujeres, pero ya sabemos que la mujer se autoexcluye de la práctica deportiva— se han reunido para, en palabras de los organizadores, hacernos asociar el deporte y el nudismo.

No sé porque no corren descalzos, que es muy sano hacerlo en la playa. Tal vez el arenal no guarde la seguridad necesaria para ir descalzos. Si es así, me llenaría de pena que una playa tan emblemática como ésta estuviera en ese estado de abandono por parte de la autoridades. (En realidad me llena de pena que todas las playas estén llenas de colillas, pero esa es otra guerra…).

O tal vez estos naturistas-deportistas tengan miedo a sobrecargarse los tendones de Aquiles. En cualquier caso, me parece un contrasentido correr desnudo pero con zapatillas. Me acuerdo de aquel chiste (»De compras) que ya dejé aquí hace más de un año con motivo de las vacaciones.

Correr desnudo por la playa tiene su aquel, para qué lo vamos a negar. Pero servidor, que alguna vez ha utilizado la playa (¡esa precisamente!) para tal menester aunque en otras circunstancias, digamos menos populosas, no sabe si sería capaz de tomar la salida en las condiciones que nos presentan.

Reconozco que hay que tener las cosas muy claras para participar en ese evento, máxime siendo vecino de Bilbao y sabiendo que las cámaras de televisión estarían en el meeting. ¿Se imaginan el lunes en el curro o en la Uni las miradas de compañeros o/y compañeras (o alumnos y clientes)? Miradas de envidia, quiero suponer…

Mi aplauso a los organizadores que utilizan el deporte en su vertiente festiva y lúdica, que es la más sana, para recordarnos a todos que la desnudez y los michelines no son una vergüenza que debamos ocultar.

Y una recomendación: yo espaciaría más la salida para evitar que en el ansia por colocarse en cabeza se produjera una montonera como las que se dan a veces en el ciclismo por tropiezo de los que van delante. ;-)

Dicho lo cual, volveremos al tono cáustico e irreverente que tanto caracteriza a El Espectador.

30 de septiembre de 2007