De bote en bote
Viernes, 14 de Septiembre de 2007 |
la aguja |
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sociedad | los medias
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EL ABREVADERO está estos días de bote en bote. No se coge prácticamente a ninguna hora de la tarde ni de la noche. Los teleadictos al deporte de nuestro pueblo —y alrededores, dado el ambiente de cordialidad que en el local reina siempre— nos damos cita allí sin que medie convocatoria.
El fin de semana pasado se pudo ver en El Abrevadero deporte del más alto nivel: tenis (Abierto de Estados Unidos), baloncesto (Eurobasket), fórmula 1 (Gran Premio de Italia), fútbol (Campeonato del mundo femenino, además del aluvión de ligas con que desecan las neuronas del personal), fútbol americano (primera jornada de la NFL), rugby (Copa del mundo), ciclismo (una Vuelta a no sé dónde), y alguna otra modalidad más.
El dueño de El Abrevadero, Juana para los amigos, ante el aluvión de clientes nos ha comprado otra televisión que ha instalado en el reservado.
En el pub ya había dos televisores desde los que se podían seguir diferentes retransmisiones. No sé muy bien cómo lo consigue, pero se pueden ver dos canales diferentes de la plataforma digital. Ahora nos ha colocado un tercer televisor en la sala que cede a los clubes locales para sus reuniones.
Algo singular este fenómeno de El Abrevadero. En no mucho tiempo se han ido concitando allí los aficionados al deporte, y no sólo de nuestro pueblo, pues el fenómeno ha transcendido las fronteras municipales y aquí se acercan aficionados de hasta 30 kilómetros a la redonda.
Yo creo que ello ha sido posible gracias al excelente ambiente que allí se vive. Incluso los seguidores del Barça y del Madrid se comportan en El Abrevadero amablemente unos con otros, sin enviarse invectivas ni pullas, sino comentando las jornadas precedente y subsiguiente y reconociendo los errores de sus propios equipos.
¿Qué cómo es posible? Puedo atestiguar que Juana se ocupó especialmente de que las riñas estériles no tuvieran sitio en su establecimiento.
Aunque en honor a la verdad no todos los futboleros entran en El Abrevadero. Los tontos del haba no tienen lugar allí. Por eso, quizá, no hay disputas futboleriles en El Abrevadero. Y si alguien se propone enconar los ánimos, simplemente es ignorado.
Yo me encuentro en el grupito de “los raritos”. Bueno, los más jóvenes nos llaman frikis. Nos gustan los deportes en general, pero desestimamos el fútbol en particular. En mi caso sólo me encontrarán ustedes frente a la retransmisión de un partido de la Premier League. Quizá por eso soy el rarito de los frikis.
Complejo este mundo en el que se necesitan etiquetas para definir a alguien. Si no encuentran ninguna, en lugar de considerarte un ser “especial” o “superior” te colocan la de rara avis in terris o la de mentecato.
Decía que a los frikis nos ha destinado Juana el salón de reuniones para disfrutar de la Copa del mundo de rugby y de la NFL, así como de alguna otra disciplina con menos seguidores. El fútbol tiene su propia tele, y la tercera está estos días centralizada mayormente por los seguidores del pedal.
Pero he comenzado a notar desde hace poco que el club —así llamamos al salón reservado— está también de bote en bote. Algunos futboleros están entrando en nuestro santuario y se quedan a ver las evoluciones de estos tipos que “van al choque”.
Quizá se estén empezando a dar cuenta de que los deportes de balón ovalado son para gente brava, mientras que los futbolistas son chicos un tanto pusilánimes, bastante quejicosos y consentidos en exceso.
Esta semana ocurrió algo en El Abrevadero.
Esperábamos, ya bien pasada la medianoche —El Abrevadero suele cerrar pasadas las cuatro—, a que nos dieran en diferido, con la emoción del directo, el encuentro entre Italia y Rumanía de la Copa del mundo de rugby.
Estaban pasando, también en diferido, un partido de la segunda división española de fútbol —sí, ya sé que lleva nombre de entidad bancaria, pero como no recibo ni un céntimo de comisión no me da la gana hacerles publicidad— que enfrentaba al Cádiz y al Salamanca.
En un lance del juego un chiquito del Salamanca tropieza contra otro del Cádiz y cae al césped a consecuencia del choque. ¡Qué aparatosidad! Parecía que le hubieran derribado con una maza.
Finalmente el melenitas queda sentado y con los brazos en alto, reclamando no sé qué, pues era él quien había embestido a su rival cuando éste cambiaba de dirección.
El árbitro, con buen criterio, dice que continúe el juego e invita a este muchachito, muy frágil él, a abandonar el campo para que fuera atendido. Y así lo hizo. Se fue a la banda mientras las cámaras le seguían. Allí le atienden dos personas, muy preocupadas por lo que le podía haber acontecido al medio-millonario éste. Se quejaba el jugador de algo que tenía dentro del labio superior que, a juzgar por la actitud de quienes habían corrido a socorrerle, no debía ser muy evidente pues no parecían dar con la brecha.
Allá que cogen una gasa y le echan lo que bien pudo ser agua oxigenada. Y le comprimen la herida. Pero ni rastro de sangre en las imágenes que se nos ofrecían por televisión.
Y fue precisamente uno de los futboleros que con más pasión defienden los valores del fútbol quien dijo: “¡Vaya marica! Si no tiene nada la señorita. El otro día en un partido de rugby un tío tenía sangre por toda la cabeza y si no le dicen que salga, sigue jugando como si tal cosa. Esto del fútbol está degenerando de deporte para hombres en jueguecillo para niñatos”.
Sin saber de dónde, una salva de aplausos y vítores se levantó de entre las mesas. Las risas fueron generalizadas. Y es que el hombre tenía razón. Existe una diferencia entre unos deportistas y otros. A unos les sobran millones y otros les sobran co…raje (que aunque no rima, ustedes me van entendiendo).
Cuando finalizó el estruendo en El Abrevadero el propio futbolero añadió: “Pero es que hay más. El tío se va a la banda y deja a su equipo con diez para que le atiendan de una pupita en el labio. El compromiso de estos tíos para con quien les paga es nulo. ESTOY DESENCANTADO DEL FÚTBOL”.
—Bienvenido a la realidad, amigo— le dije.
Los que gustamos de filosofar sobre el deporte en El Abrevadero hemos empezado a llamar a lo ocurrido el efecto Abrevadero. Igual que ocurre en otros órdenes de la vida, el estar expuestos a la contemplación de otros deportes lleva a los futboleros a tomar conciencia de la realidad en la que están sumidos. No hay títulos, no hay sufrimiento, no hay compromiso…
El miércoles televisaban a la selección de la Real Federación Española de Fútbol. Ese día El Abrevadero no estuvo de bote en bote.
14 de septiembre de 2007
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de un descreído del deporte




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La verdad es que algo está cambiando en los gustos del público español.
Quienes buscan sentirse satisfechos ven que en otros deportes los españoles triunfan: motociclismo, fórmula 1, tenis, voleibol, baloncesto, ciclismo… La lista es más larga, pero el fútbol no está en ella.
A lo mejor por ello el fútbol está perdiendo seguidores. Es duro volver el lunes al mundo real particular habiendo perdido en el mundo iluso colectivo.
Creo que estamos asistiendo (con años de retraso, como siempre) a un fenómeno que ya se ha dado en otros países. La diversidad de oferta deportiva en los medias lleva a crear una demanda más selectiva. Y ello aporta interculturalidad deportiva, si se puede decir así.
Hasta ahora los futboleros campaban (y siguen campando) por sus respetos. El fútbol hasta hace poco era un deporte “para hombres”, y todo lo demás ni siquiera existía.
Pues resulta que hoy al fútbol también juegan las mujeres (y de maravilla, según aprecio en la Copa del mundo femenina que se está celebrando en China) y en otros deportes los protagonistas son más aguerridos que los futbolistas.
Jolin menudo bar deportivo que hay en tu pueblo!!. La verdad que en el mio sólo tenemos cuatro bares que retrasmiten al Madrid y al Barcelona y al equipo de la región que esta en segunda división.
De esta manera si que esta bien ir al bar a ver el fútbol y cualquier otra practica deportiva.
En la mayoría de los bares donde televisan practicas deportivas y en especial futbol, el ambiente no es tan amable y sosegado como en el abrevadero.
Comentando lo de ” las señoritas” del futbol, la verdad es que si , que con tanto millón y tanto trato mimado que les dan lo futbolistas se estan volviendo unos quejicas y malcriados y se esta perdiendo el coraje y el vaolr que demuestran otros deportes minoritarios y que estan peor pagaods como el rugby.
Pues sí. Juana ha hecho un excelente trabajo. El tipo tenía muy claro el tipo de pub que quería y lo ha conseguido. Es una persona muy dialogante, pero cuando le dice a alguien que tiene la puerta abierta para salir ya sabe que la tiene cerrada para volver a entrar.
Creo que en eso, en el ambiente selecto, reside el éxito de El Abrevadero, además de ser un local muy acogedor. Al final, como todo el mundo quiere estar allí, la gente ha empezado a comportarse según la filosofía del lugar.
Otro día os contaré cómo funciona el reservado. Allí se celebran las reuniones de todos los clubes deportivos de la zona. ¡Ya le gustaría al ayuntamiento tener la influencia que tiene Juana en el deporte del municipio!
Desde un punto de vista deportivo, dejar a tu equipo con uno menos para irse a la banda por una pijada no tiene nombre. Yo también creo que falta compromiso y están excesivamente pagados.
Tu observación me recuerda lo que decía un cura que conocí hablando de su devoto ministerio: “teníamos que vivir como cristo, ¡pero vivimos como dios!”.
Pues eso mismo, pero aplicado al futbolista, amigo.
Nota: como quizá seas un nuevo (a lo mejor no, pero no recuerdo que hubieras comentado hasta ahora) deja que te diga que aquí dios, patria y rey los escribimos con minúsculas. Saludos.
Jodé, hasta las cuatro de la mañana para ver un partido de rugby entre Italia y Rumanía. ¡Bien que se debe estar en el Abrevadero para cumplir esos horarios!
La verdad es que ese tipo de sitios, tal como lo describes, es una excepción hoy día. En un pueblo es más fácil, ya que la gente se conoce más, suele haber más comunicación y tal.
A mí me encanta este tipo de sitios, por la cosa de la buena conversación y el debate, aunque cada vez quedan menos. ¡Cochina envidia te tengo por culpa del señor Juana!
Pues yo estoy de vacaciones (por fin) laborales. Pero veraneo en mi casa encargándome del peque. Cuando la jefa de la casa las coja, yo estaré trabajando. Esto ocurre cuando se tienen hijos en un amplio margen temporal.
¿El Abrevadero? Pues sí, un sitio ideal.
¿Las cuatro de la mañana? Bueno, en los pueblos (en general) se duermen menos horas. Quizá porque las horas de sueño son más provechosas. Y un pub es normal que cierre a esas horas. Que haya gente o no, pues depende del horario de cada uno.
De todas formas, la crítica de hoy iba en clave de futboleros y profesionalidad. Y la lectura es que profesionalidad y cantidad cobrada no van parejas necesariamente.
¿El escribir en forma de cuento? Pues es que estoy haciendo mis pinitos. Todavía me queda mucho, pero como hay que practicar con algo, pues aprovecho la bitácora.
Pero aprovechando este género, a veces se pueden decir cosas más gordas que si se soltaran así, a lo bruto…
¿No te llama a ti el escribir algún articulo tuyo en forma de cuento? Las historias del Ardilla eran una aproximación.