Independencia y crítica
Viernes, 31 de Agosto de 2007 |
la aguja |
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los medias | reflexiones y observaciones | bitacora
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Colaboración especial para Voz Editorial
SIGO DE vacaciones mentales (las otras ni las he visto). Sí, bueno… Tiene razón el chaval de la séptima fila. El cerebro mío lleva de vacaciones desde hace mucho tiempo. Pero dejando a un lado el chiste fácil…
Es que le he cogido gusto a esto de no escribir artículos de opinión de índole deportiva. La verdad es que ello desgasta aunque lo que se diga pueda ser —o parecerle a alguno— poco interesante. Quien suscribe trata de plasmar en un par de folios lo que tiene en mente y procura que sea digestible.
Quizá lo interesante sean todos esos blogs futboleros que han surgido de un año a esta parte cual champiñones después de una mano de agua. Aunque personalmente encuentro que se repiten más que el ajo. Cámbiele usted los colores al blog y oriente el forofismo hacia otro equipo y verá que en esencia son clónicos.
¡Qué aburrido! Para encontrar una opinión interesante se ha de peregrinar por esos bites del ciberespacio. ¡Suerte que han inventado los lectores de feeds! (a buen seguro algún parroquiano hastiado de leer una y otra vez lo mismo).
Opiniones únicas hay pocas. Opiniones independientes aún hay menos.
Trataré de ilustrar a dónde quiero llegar con un acontecer protagonizado por un gran amigo. Espero que no se me enfade cuando lea lo que sigue puesto que va a ser escrito sin su autorización. Aunque muy posiblemente cuando lo lea me echará en cara que no haya citado la marca.
El caso es que mi buen amigo tenía un dinero ahorrado y decidió comprarse un coche deportivo (por algún lado tenía que aparecer el deporte en esta bitácora). Le aseguraron en la casa central de esa marca en nuestro país —en Madrid para más señas— que de ese modelo y color sólo se habían importado siete coches para toda España.
Mi amigo es un gran aficionado a los deportes de motor. Y un experto en esas modalidades, hasta el punto de que podría escribir una bitácora dedicada a esos deportes —¡a ver si te animas!—. Y por fin se compró uno de los vehículos de sus sueños.
El coche resultó ser un petardo.
Fallaba por todos los lados, incluido el ordenador de a bordo, que unas veces funcionaba mal y otras no funcionaba. Al menos cuando funcionaba mal lo podía arrancar.
El hombre hizo muchos viajes desde este Cantábrico hasta Madrid para llevar el coche al taller de reparaciones de la casa, puesto que la garantía estaba vigente.
Pero no daban con el fallo; que si mecánico, que si electrónico… Llevaba mi amigo más de un año con el dichoso coche arriba y abajo cuando por fin se le acabó la paciencia (y puedo dar fe de que su paciencia tiende a infinito).
Recopiló todos los informes de entradas y salidas del garaje. Un día le cambiaban una pieza, a la semana siguiente le cambiaban un componente, después lo sometían a un chequeo, pero la avería no era localizada por el comité de expertos.
Así que con la documentación en la carpeta, y aprovechando una de sus estancias en Madrid para llevar el coche a reparación, decidió presentarse en una serie de editoriales de revistas independientes que tratan el mundo del motor —y que son de tirada nacional— para trasladarles su malestar y que lo hicieran público.
Tras visitar a la primera desistió de continuar visitando las demás. Allí le hablaron muy claro (cosa que siempre es de agradecer).
Le dijeron que comprendían su problema. Que le asistía toda la razón para elevar sus quejas y reclamaciones contra la marca. Que la compañía no se había portado bien con él. Incluso le llegaron a decir que compartían su opinión de que eran unos sinvergüenzas.
Pero que, lamentándolo mucho, no podían exponer su queja en sus páginas. Mi amigo quedó atónito. Les estaba dando información documentada.
Preguntó los motivos. El redactor cogió el último número y se lo alcanzó a mi amigo, quien repuso que era lector asiduo del semanario y que no necesitaba releerlo.
El redactor, pacientemente, tomó la revista y comenzó a pasar las páginas delante de las narices de mi amigo. Y le fue señalando: aquí, aquí, aquí… y aquí. Y aquí también.
Así le explicó que esa marca anunciaba varios modelos de forma habitual en la revista, siendo el anuncio más pequeño de media página.
Todas esas revistas siguen luciendo en su mancheta la palabra “in-de-pen-dien-te”, pero es sólo un eufemismo para decir que las revistas no son editadas por una marca de automóviles.
La línea crítica de la revista se limita a no sobrepasar ciertos márgenes tácitamente aceptados por ambas partes. Cuando la editorial los sobrepasa la marca afectada se vuelve sensible con su dinero; pero sólo hasta que las aguas vuelven a su cauce, ya que se necesitan mutuamente.
Superar cierto umbral crítico podría abocar al cierre de la revista. No porque esa marca le retire definitivamente su confianza —económicamente hablando—, sino porque existe la probabilidad de una reacción encadenada de desconfianza de todas las demás marcas.
¿Medios de comunicación independientes? Seamos sinceros. No existen. Las bitácoras sí pueden ser un medio de comunicación independiente (comunicación de información o/y comunicación de opinión). El escritor se convierte en su propio redactor, editor y censor.
Pero la caterva de bitácoras existente impide conocer todas las críticas con la línea oficialista. Y lo hace de dos formas. Acallar las voces “rebeldes” en el océano de ruido bitacoril es el primero de ellos.
El otro es más sutil. El público consumidor de bitácoras es bitacorista él también en gran medida, y por afinidad busca aquellas cuyo contenido y formato es similar al suyo. Como lo que abunda es un perfil medio/bajo, estadísticamente las más demandadas mantienen ese nivel. Y esas son las que llegan al “gran público”.
Como siempre, existen excepciones, que son precisamente aquellas políticamente correctas o las que no superan cierto umbral crítico (hace rato que he dejado de hablar únicamente de bitácoras deportivas). Parece que el universo de bitácoras anglosajón —en líneas generales— sí es más crítico con el sistema que les ha tocado padecer que la blogosfera hispana.
No es necesario haber completado una Licenciatura para ser crítico, como pretenden algunos, muy doctos ellos. Cualquier persona con buena ortografía puede escribir críticamente sobre aquello de lo que tiene conocimiento; y hacerlo con un alto grado de credibilidad. Puede plasmar su crítica con soltura, e incluso conseguir que sus escritos sean amenos (cosa que para su desesperación no consiguen algunos eruditos).
Para ser crítico hace falta ser in-de-pen-dien-te. Además de otros factores añadidos sobre los que me explayaré otro día.
¡Ah!, ya se me olvidaba. Por lo que me había puesto a escribir hoy era para decir que como estoy instalado en este dolce far niente bitacoril, me temo que no comenzaré a emborronar pantallas hasta el comienzo de las clases escolares, allá por el 11 de septiembre. Pueden aprovechar ustedes para seguir descansando, si es que mi presencia les incomoda.
31 de agosto de 2007
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de un descreído del deporte




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Muy bueno el texto (y en especial claro el ejemplo sobre la dependencia comercial que se posee). Generalmente el tipo de contenido que se encuentra en las bitácoras tiende a estar influenciado por el modo en que se brindan los de los medios profesionales. En el caso de las deportivas se peca de forofismo (”fanático vinagre”, se lo define en Argentina), nadie pide objetividad, pero por lo menos hay que intentar ofrecer sinceridad.
El comentario anterior es mio; como se pude apreciar en mi blog intenté hacer algo diferente.
Saludos.
Tu bitácora es de las mejores del panorama blogosférico deportivo hispano. Ofrece información veraz muy del gusto del aficionado.
No toda la información ha de ser de actualidad. Como bien dices, las bitácoras deportivas están influenciadas por los medios profesionales.
Pero no tiene sentido duplicar la información que ya están dando los medios de comunicación a través de sus secciones digitales, que, todo hay que decirlo, han mejorado mucho de un tiempo a esta parte.
El aficionado medio se dedica a recoger las noticias de su deporte o del equipo que le gusta. Lo cual es también una forma de hacer blogging.
Pero en lugar de hacerlo como un tumblelog o un microblog la ofrecen como si de un medio de comunicación se tratara, verbigracia, los resultados de las jornadas ligueras.
Es ahí donde pierden todo su sentido.
Pues si sigues de vacaciones mentales y eres capaz de empezar así, arreando estopa y poniendo los puntos sobre las íes, bienaventurados los que te lean cuando empieces el currelo de verdad.
¿Qué tal?
Estando de acuerdo contigo se me ocurren dos cosillas. La primera buena y la segunda mala. Por la pirmera, no veo nada mal que el personal (y cuanto más, mejor) se dedique a leer -aunque sea el MARCA o el AS-, a escribir -aunque sea repitiendo lo repetido de lo ya repetido- y a pasar un rato comunicándose con el resto de una potencial tropa lectora. En estos tiempos en que abrir un libro o escribir algo cuesta más trabajo que regalar cien euros a un desconocido, prefiero una inflación de blogueros deportivos, musicales o taurinos, antes que la inanición más completa.
La parte mala es que la cantidad no significa calidad y, lo más grave, como señalas, que tanta bullanga “acalla las voces críticas”. Es como en el cine o la música de hoy: de cada cien pelis o discos que se hacen, sólo uno o dos merecen la pena. Ahora que, en esa inflación desbocada de oferta, a ver quien es el guapo o guapa que encuentra el brillante en medio de tanta gema de pega. Claro que para muchos, a lo mejor o peor, lo bueno, bonito y barato es el sucedáneo. (A mi hijo pequeño, por ejemplo, le gusta el yogur con sabor a fresa, pero es incapaz de comerse una fresa de verdad).
Así que quedémonos, como has concluido muy bien, con que es bueno ser algo más críticos (todos), porque por otros andurriales lo saben hacer mejor en esta dirección y no les pasa nada ni les salen agujetas en los lóbulos cerebrales. Esperemos que con el tiempo y una caña esto empiece a cambiar. A lo mejor el día que llevemos tantos años de democracia como los ingleses o los americanos, a lo mejor entonces a muchos se les ocurre pensar que hay vida fuera de los valores reinantes, de los poderes públicos y del mamoneo de la oficialidad política, económica e ideológica. En un país en que parece que todo está por hacer, en que estamos de mudanza cada día no se sabe hacia donde, el personal suele agarrarse a las tetas de cualquier vaca que vea por el camino… por si las moscas. Por eso aquí han desaparecido de la esfera pública los seres in-de-pen-dien-tes. Por miedo. Y, claro, la estupidez es la reina de todos los días…, sea cual sea la vaca que nos amamante. No sé si me explico…
Hoy, sin ir más lejos, leo en una entrevista al actor de cine Carmelo Gómez: “El cine no es de izquierrdas. Lo que pasa es que sus contenidos son sociales. Puede que haya actores de derechas. Yo no los conozco, pero a lo mejor los hay…”. ¿Te parece normal que todos los actores se proclamen de izquierdas? ¿Y lo son realmente? ¿Se comerían una rosca laboral si se proclamasen de derechas? ¿Cómo se come eso de que los contenidos del cine “son sociales”? ¿Y qué importa que un tipo sea de derecha, de izquierdas o mediopensionista para poner el careto ante una cámara y representar una ficción? ¿No crees que lo que ocurre es que todavía estamos en el jardín de infancia de la democracia, de la independencia intelectual y de espíritu, de la libertad y de esas cosas de las que tantos vácuamente presumen?
Bravo me lo fiáis, querida Aguja si estando de vacaciones mentales todavía, sois capaz de abrir un melón tan complejo a las primeras de cambio, je, je. Cordiales saludos y a ver como se nos da la temporada bloguera…
Estoy de acuerdo contigo en lo que me dices. Supongo que —utilizando un símil playero— cuando baje la ola del crecimiento bitacoril todo lo que no vale o está desgastado se quedará en la playa.
Sin ser pro-yanqui ni nada parecido, cuando me critican a los americanos y sus “excentricidades” siempre digo que cuando llevemos los doscientos y muchos años de democracia que ellos llevan tal vez la nuestra se parezca a la que ellos tienen hoy en día. Tendemos a creer en estas Españas que somos más listos que los demás, y así nos va.
Si te ha gustado este artículo supongo que te gustará el próximo, que se titulará “La denuncia” o tal vez “La vendetta administrativa”. Ya lo iré decidiendo.
Son una serie de artículos en los que, arrimándolos por el lado deportivo, iré dejando evidencia de los males que nos aquejan como bebés-probeta democráticos que somos. Por si alguien, dentro de los siglos de los siglos que vienen, encuentra un disco duro por ahí tirado que aún se pueda leer.
También hablan, a su modo, de la independencia y de la crítica en un artículo de Borjamari, esa bitácora tan odiada por algunos (ya sabes que “decir verdades es perder amistades“).
Pues al verdad es que comienzas fuerte de tu letargo vacacional y llevas razón en eso de que no existen medios independientes y libres totalmente ya que el noventa por ciento de la prensa escrita esta al servicio de sus patrocinadores, como es logico ya que son ellos los que ponen la pasta para que puedan funcionar y seguir creciendo.
A excepción de las bitacoras de internet ( en la que encuadraria a agujadebitacora) no hay más medios que critiquen libremente dentro de la legalidad a las grandes empresas y a las administraciones.
Pero bueno, el que paga manda y espera un servicio y a nadie le gusta que pagar y que le crtiquen o hagan una mala públicidad suya como es logico.
Pues eso. Como aquí no hay patrocinadores nos podemos permitir el ser imparciales.
Conozco un ayuntamiento que edita su propio periódico bimestral. No sé muy bien por qué, pero la oposición no tiene cabida en ese trabajo editorial —si quien paga el periódico es el ayuntamiento, lo lógico sería que cada grupo municipal dispusiera de un espacio proporcional a los concejales que tiene—. Te puedes imaginar que la línea crítica de esa publicación es inexistente.
La táctica consiste en crear uno su propio medio de comunicación y hacerlo aparecer como válido. Todavía hay mucha gente —gente joven incluso— que creen a pies juntillas todo lo que aparece publicado por el mero hecho de haber pasado por una rotativa.