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 Ha vuelto a morir un niño

Martes, 10 de Julio de 2007  |   la aguja  |   Hay 3 comentarios
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HOY NO tenía mucha gana de escribir un artículo. Y las pocas que tenía se me han quitado cuando me he enterado de la noticia de que un niño de 11 años se encontraba en estado grave tras caerle una portería en la cabeza mientras jugaba en el distrito de Hortaleza, en Madrid.

Al llegar a casa me he puesto a buscar información y me entero de que otro niño de unos 6 años había fallecido la misma semana en Fuerteventura por el mismo motivo.

Estas noticias me han dejado mal cuerpo y no me apetece hoy a criticar a nadie. Y además, ¿a quién?

¿A las Administraciones que tienen obligación de velar por la seguridad de los administrados?

Puede que en estas dos ocasiones haya habido negligencia administrativa. No los sé. Será el juez quien determine si la hubo o no.

Sea como haya sido, es justo reconocer que un equipamiento que hoy se encuentra en un estado aceptable mañana se derrumba sobre un niño o un adulto y siega su vida o le deja en coma, y tal vez parapléjico o tetrapléjico… El ocasional lector ya se hará una idea de los daños que puede causar semejante golpe en la cabeza.

Veo a diario a jóvenes que tienen la costumbre de colgarse de canastas y porterías, e incluso de subirse a ellas y balancearse. Si el equipamiento está en condiciones aceptables hoy, es fácil que después de esas sacudidas quede mermada su solidez.

Por otro lado debemos reconocer también que no es factible que un operario revise diariamente los equipamientos deportivos. Una inspección ocular puede no ser suficiente. Después de una tarde utilizando como columpio las canastas y las porterías es fácil que éstas cedan ante un pelotazo. Y una inspección completa diaria supone un tiempo que las Administraciones deberían cuantificar.

También sería fácil culpar a los padres que dejan a sus hijos jugando un tanto despreocupadamente en parques que no reúnen condiciones óptimas para el juego. O simplemente, que confían en que todo cumpla su función correctamente.

Y es posible que haya padres que no sepan que esos equipamientos se derrumban más fácilmente de lo que sería de desear. En España llevamos una media de un niño muerto al año por vuelco de estos equipamientos deportivos.

Ha habido años en los que ningún niño ha muerto, pero ha habido años en los que han fallecido tres menores por estas causas. En sendos artículos anteriores de esta Aguja de Bitácora encontrará algún dato más quien desee averiguarlos (desde el artículo enlazado aquí se llegará al primero de ellos).

Esa sea tal vez una buena solución. La información a usuarios y responsables (padres, monitores, gerentes, concejales…) de que estos equipamientos pueden ser mortales.

No tengo ganas de criticar hoy a nadie entre otras cosas porque ya no hay remedio para estos padres sumidos en uno de los dolores más profundos que existen en esta vida: ver morir a tu hijo.

Sirvan estas humildes letras como aviso o como recuerdo a quien me pudiera estar leyendo de que hay que estar siempre alerta y vigilantes con estos equipamientos.

La legislación sobre la materia no es muy taxativa que digamos, pero sí es cierto que existen normativas recomendando el anclaje al suelo o a una pared sólida de canastas y porterías, quedando desaconsejados los equipamientos móviles que se sujetan con contrapesos.

Simplemente voy a pedir que, por favor, tengan cuidado cuando se encuentren jugando al fútbol, baloncesto o balonmano. No confiemos a la providencia el estado de los equipamientos que utilizamos, y revisemos nosotros mismos tanto los anclajes como la solidez de las escuadras, ángulos y tableros por nuestra propia seguridad.

La última hora del estado de Aitor, el niño de Hortaleza, ha sido publicada ayer lunes.

Sí quiero decir una última cosa al hilo de la primera noticia enlazada. Sé que es una perogrullada, pero no puedo callármelo. Es un mensaje para doña Elena Sánchez, concejal del distrito de Hortaleza en Madrid, y para todos los concejales de zona o/y de deportes. No hay indemnización económica suficiente en este mundo para reparar la pérdida de un hijo.

Y si se trata de un niño pequeño… el ofrecimiento casi que ofende.

10 de julio de 2007



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Comentario de Roxin

La verdad es que es un suceso muy trsite que alguien se muera por accidente tan fatidico y es mucho más triste si se trata de un niño inocente que aún no había comenzado ni a disfrutar de los placeres de la vida.Es cierto que ante semjante suceso se le quitan a uno las ganas de criticar a nadie ya que bastante desgracia tendran ya sus padres y familiares como para acordarse del fatidico suceso.
De todas maneras lo mejor sera aprender a los niños de los peligros que puden acarrear ciertas instalaciones y a los “valentones” que se cuelgan de canastas y porterias ante la celebración de un gol o un mate de los peligros que puede acarrear realizar dicha maniobra ya que si se cuelgan numerosas veces el material ira cediendo cada vez más.

 
Comentario de Juan Puñetas

A veces las cosas pasan por negligencias, descuidos, excesos de confianza…, pero ni con cien mil ojos se evita en ocasiones que pasen. Son los accidentes fatídicos que resultan a consecuencia del azar, de los despistes increíbles o de la mismísima estupidez. De todas formas, soy de los que cree que son muchísimos, pero que muchísimos más los casos en que no ocurre nada… de milagro. Pero, claro, éstos no se contabilizan ni en el debe ni en el haber.

Hoy mismo, en las noticias del mediodía, he visto unas imágenes de los encierros de San Fermín. Con todos los que andaban corriendo, allá por en medio de la calle, circulaba una pava completamente borracha, sin darse cuenta de nada, ida, en las nubes, a la que milagrosamente no se ha llevado por delante ningún morlaco ni ningún mozo corredor. Incluso, que sólo haya 4 heridos en un encierro de estas características, roza lo increíble y milagroso. En cambio, cualquier día de éstos, esa misma pava que circulaba por en medio como si estuviera en mitad de las Ramblas de Barcelona, lo mismo resbala con la cáscara de un plátano y se parte la poca cabeza que tiene y se va al otro barrio a poner una denuncia a la empresa de limpieza de la ciudad.

Ya digo, a veces no se entiende que no pasen cosas gordas y de vez en cuando no se comprende que ocurran hechos como el que comentas.

 
Comentario de la aguja

Supongo que las Administraciones deberían tomar cartas en el asunto y lanzar una campaña informativa al objeto de paliar estos desastres.

El amigo Lissavetzky parece ajeno a esta circunstancia. Bastante tiene con sus dopajes y sus racismos como para ocuparse de la muerte de un niño al año por vuelco de equipamientos deportivos.

Por cierto, que el señor Secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, veranea cerca de donde yo vivo. Y conozco el restaurante donde acuden a cenar a menudo él y el señor Ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba (que también veranea por aquí cerca), ya que es propiedad de un buen amigo.

No estaría mal hacerme unas fotos con ellos, ¿eh? (jeje). Bueno, tal vez me decida a llevarles mi misiva para concienciarles de que es posible evitar más muertes infantiles por estos motivos (que a lo mejor no saben que ocurren…).

 
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