¡POR FIN SE ha acabado ese petardo de la Copa América! A la de vela me refiero. Y mira que nos han bombardeado desde todos los ángulos con los barquitos veleros de los cojones. Pero hemos aguantado el tirón y creo que se puede decir bien alto y bien claro que a pesar de tamaña ofensiva no nos han fidelizado a ninguno a esas monótonas imágenes de gente dándole vueltas a una manivela como si les fuera la vida en ello.

Yo me pregunto cómo es posible que una actividad esnob y tan poco popular haya acaparado la atención de tantos medios de comunicación, que no de sus lectores, oyentes y telespectadores.

Me imagino que la respuesta es: ¡pagando, majo! Hombre, así cualquiera no aparece hasta en la sopa.

Pero me tiene mosqueado tanta propaganda y tanto autobombo. No me da la gana recordar qué dos compañías se han anunciado con esas soporíferas imágenes de unas velas desplegadas al viento tomadas desde el aire.

Y como no me conformo con las explicaciones más fáciles, barrunto que existe una causa oscura por la que tanto empresas patrocinadoras como empresas mediáticas confiaran en no perder clientela con algo tan aburrido y soporífero como el este tema de las carreras de veleros.

Los proletarios somos la gran masa social de la España de hoy en día. Y todas estas empresas han apostado por meternos por los ojos y hasta la garganta las supuestamente idílicas pero en realidad tediosas imágenes de un barquito de vela surcando un mar con el sol rielando (aquí en el Cantábrico querría yo ver bogando en medio de una galerna a estos estirados afectados que se llaman a sí mismos deportistas).

Al noventa y mucho por ciento de los que nos ha sido imposible evitar ver las imágenes nos estará vetado a lo largo de esta vida pagarnos el lujo de surcar mares en calma (tan en calma como que la dichosa regata se suspendió un montón de veces por falta de viento) como propietarios de navíos tan caros.

Y menos aún podremos hacer el panoli yendo de paquetes en uno de estos barcos, pagando casi nuestro sueldo de un año por unos minutos de navegación. Aunque podríamos utilizar los servicios de alquiler de embarcaciones, por módicos precios al día [cerrar modo irónico].

Aquí, en mi Cantábrico, si alguien quiere navegar no tiene más que hablar con los marineros de los puertos pesqueros, y seguro que a cambio de unas pocas monedas le llevan a ver en primera fila las verdaderas faenas de la mar. Y con mucha más emoción, ¡oyes!

Por todo esto no me acaba de entrar en la cabeza que alguien apostara por restregarnos en las narices a todos los probos ciudadanos unas imágenes que no sentimos como propias y que nos provocaban más de un improperio. Algún motor secreto tiene que haber habido para que todo este amasijo de medios, patrocinadores y Administraciones se pusieran a colaborar con una competición elitista y desapegada del pueblo como esta Copa América de vela.

Por supuesto que no me he olvidado de lo que escribí aquí en septiembre de 2005, y de la información que daba allí sobre el interés del rey en que la regata se viniera a Valencia, beneficios económicos de por medio, como no puede ser menos.

En un mundo glamouroso como este de los yates y los veleros, tan lleno de chanchullos y favores, todo es susceptible de ser sospechoso, como este tinglado montado en Valencia, donde los que de verdad se han lucrado han sido los que ya tenían mucho dinero.

Y ahora el espabilao este del Agustín Zulueta nos dice a todos que para el próximo campeonato hay que volver a invertir dinero público para que él y su cohorte de amigos se den el gustazo de hacer el agosto en Valencia.

Mira majo, a mí me parece que las Administraciones públicas están para servir a los ciudadanos. Y me revienta que todavía existan los que se sirven de las Administraciones públicas para hacer sus negocios, utilizando grupos de cabildeo y amistades para llegar allí donde no llegan el resto de los contribuyentes.

Está muy bonito eso de decirnos que pongamos el dinero de nuestros impuestos para que tú te ganes la vida muy de puta madre con tus barquitos y tus diseños y tus idas y venidas entre los cascos y casquetes de la estomagante jet set. Está muy claro que no tienes un interés altruista en que Valencia repita como sede de algo tan pijo como la Copa América.

No se debe prestar oídos a un elemento que es parte interesada económicamente en el asunto, y que apela a grandes ideales para exponer taimadamente sus pretensiones. Si tan claro lo tienen ahora, ¿cómo es que no se presentó un proyecto de continuidad en la fase inicial de toda esta mascarada destinada a gente tan retumbante?

A ver si se van con la música a otra parte, que ya está bien de vender a las Administraciones los supuestos beneficios filantrópicos de la práctica deportiva para hacer pingües negocios personales con lo que no es más que una industria del deporte.

6 de julio de 2007