ESTO DE PONERLE letra al himno español está cogiendo cuerpo. Es lo que pasa en un país de catetos. Ninguno damos más de dos palmadas seguidas, pero en cuanto un listo hace una gracia, nos ponemos todos a aplaudir desenfrenadamente.

Resulta que la Marcha Granadera lleva años, y cuando digo años quiero decir siglos, sin letra —como toda buena marcha que se precie—. Ahora llega un iluminado que en un momento coyuntural propone una estupidez monumental y el país entero se pone a aplaudir.

Por si fuera poco, el gallego este del COE —organismo que cuenta con una fuerte financiación pública— se echa en manos de una sociedad privada para meterles más dinero en el bolsillo del que ya se nos está sustrayendo a todos.

Me cuesta creer que no habrá reparto de beneficios con la tontería esta del himno.

Por su parte, ese periódico deportivo que sueña con ser el periódico deportivo oficial del Estado se pone a organizar un concurso y hoy nos dicen que ya van 300 memos que han enviado sus composiciones.

El Secretario de Estado para el Deporte y el Ministro de Asuntos Exteriores, en lugar de echar un jarro de agua fría, han insuflado aire a esta fogata que amenaza con convertirse en un nuevo punto de fricción.

Por si nuestros políticos no tenían poco trabajo estos días con el fin de la tregua de los terroristas, estos dos irresponsables han alentado con sus palabras una iniciativa para poner letra a un himno que siempre se ha distinguido por carecer de ella.

Los motivos que se argumentan son de lo más peregrino. Los deportistas han sido preguntados y han respondido con las simplezas que se espera oír en cualquier patio de colegio —como corresponde a la edad mental media del deportista de elite español.

Entre otras exquisiteces nos dicen que nuestros chicos del deporte se encuentran en inferioridad de condiciones ante sus rivales porque no pueden cantar abrazados un himno que desde hace treinta años pocos sienten como propio.

¿No sería más productivo ponerse a estudiar los porqués de la escasa popularidad del himno nacional entre los españoles? Este himno, sin pretenderlo, tal vez refleje un pasado que todos tratamos de dejar atrás.

Parece mentira que la SGAE, tan listos ellos para administrar propiedades intelectuales ajenas, no haya sugerido que antes hay que preguntar a los propietarios del himno si están de acuerdo en que se modifique la obra. Aunque sólo fuera por respeto.

El Presidente del COE, sin que nadie le autorice a ello, se ha puesto manos a la obra. ¿No hay nadie que le diga que el himno no le pertenece? ¿Es que nadie le va a decir que la pasta que le va a endosar a la SGAE es dinero público?

No me parece que cosas tan solemnes deban quedar en manos de gente tan frívola como la que se ha arrogado el llevar este asunto adelante: el COE, la SGAE y el concurso del Marca.

¿Alguno de los 300 conoce los seis articulillos del Real Decreto 1560/1997? ¿Alguno de los promotores ha reparado en la historia del himno español?

¿Por qué trastocar una partitura que se precia de ser uno de los himnos más antiguos de Europa? ¿Lo harían en esos países que nuestros dirigentes deportivos dicen envidiar porque cantan su himno?

Para una vez que tenemos algo propio que nos distingue y nos diferencia, llega un enterao y nos dice que tenemos que ser igualitos que los demás.

Los propietarios del himno somos todos los españoles. Es a todos nosotros a quienes se debe preguntar. Tal vez mediante referéndum, procedimiento del que tenemos escaso hábito. Y atenerse al resultado aunque nuestra opinión coincida con la de la minoría.

Sólo entonces el Gobierno español —y no entidades privadas como el COE y la SGAE— debería impulsar bien la creación de un nuevo himno bien acoplarle, cual parche en un tubular, una letrilla al himno actual. Pero como siempre en esta España despendolada hemos empezado la casa por el tejado.

8 de junio de 2007

NOTA: Preocupantes me han parecido las declaraciones de José Conde Monge, presidente de la Asociación de Militares Españoles (AME): “Estoy totalmente a favor de ponerle letra al himno y por descontado que debería enseñarse en las escuelas”. Se empieza imponiendo el himno en las escuelas y acabamos jurando bandera otra vez.