ESTOS DÍAS anda la selección de la RFEF metida en cintura a causa de no haber hecho los deberes en su día. Resulta que no está muy bien clasificada en el grupo que le ha correspondido en suerte y peligra su clasificación para la Eurocopa venidera.

Tremendo varapalo para el español medio, ese que sólo lee prensa deportiva y que no cumple en casa cuando los resultados futboleros son adversos a sus sentimientos.

En fin, que el seleccionador nacional se ha visto en la obligación de dar un toque de atención general y ha puesto a todo el mundo a tirar del carro.

Y a fe que lo ha conseguido. Después de estar en la picota de varias todopoderosas redacciones, ha apelado a la unidad nacional y la prensa deportivesca ha acallado sus soflamas para hacer piña con el cuerpo técnico y apoyar a la selección.

Porque Hacienda, la Hacienda Pública —que mira que nos han dicho por activa y por pasiva que somos todos—, no tira tanto como LA selección. Así, con artículo determinado, porque no hay más selección que una. Y es que la selección somos todos.

Y no sólo la prensa ha puesto punto en boca a sus críticas, sino que incluso los clubes de fútbol se abstienen de criticar a la selección. Van ya dos o tres lesionados, en momentos ligueros tan importantes como los que se viven estas semanas en la competición española, pero los clubes no han dicho ni miau cuando sus trabajadores han vuelto rotos del frente.

Y el público, ese respetable que es cautivado con cualquier real, también se ha volcado en su apoyo a la selección. Y todo porque ha dicho el vejete que lleva los trastos del equipo de la RFEF que los dos partidos que se disputan estos días son “trascendentales”.

Pues muy mal tienen que andar las cosas para que una altiva selección española se tome los partidos ante la selección de Letonia y la selección de Liechtenstein tan trascendentalmente. Partidos que para las selecciones que encabezan el grupo son de “mero trámite”.

Efectivamente, si no se gana a estas dos selecciones —que muy posiblemente cuenten con presupuestos inferiores a clubes de la tercera división española— los chicos del millón no se clasificarán.

El meollo está en ganar a los que van en cabeza, porque este “pelotón de los torpes” —y lo digo con el mayor de los respetos para los combinados de las respectivas federaciones de Letonia y Liechtenstein— acabarán siendo vencidos por los que luchan por la clasificación.

Aprovecho para hacerme autopromoción y decir que he inaugurado esta semana el “MiniBlog del grumete”, intitulado Gotas ácidascorrosivas, y que no es más que eso, un miniblog en el que irán quedando pinceladas críticas de la actualidad deportiva en no más de cincuenta palabras.

Está visible desde la portada, en la columna de la derecha. (Finalmente se ha convertido en un blog aparte).

VEO ESTA semana que Pepu Hernández —aquél que ganó en Japón una medalla de oro con la selección de la FEB— ha sacado más provecho económico a su periplo oriental. Después de encarecernos la figura ética y todo bondad de este personaje, es de esperar que los réditos del libro que ha publicado acaben financiando alguna obra social necesitada de impulso económico.

A la presentación han acudido los pelotas de costumbre en busca de alguna migaja de popularidad. Todos han alabado la figura del tal Pepu y han dicho maravillas de un libro del que no habrán ojeado ni hojeado más de una veintena de páginas.

A mí, que tampoco lo he leído ni voy a hacerlo, se me antoja otro de esos tediosos y pretenciosos libros de auto-ayuda más. Con la particularidad de que nos contarán en clave deportiva los éxitos a alcanzar en la vida.

Que sí, que si te lo crees lo intentas. Que si lo intentas puedes conseguirlo. Que te tienes que fijar metas alcanzables a corto plazo para no desanimarte en los primeros compases hasta alcanzar tus objetivos. Y que si el hombre ha ido a la Luna es porque alguien pensó que era posible, de lo contrario nadie lo hubiera intentado.

Los libros de auto-ayuda tienen eso: una vez leído uno, leídos todos.

Me temo que en este libro nos servirán media docena de conceptos de psicología deportiva aplicados a la vida diaria y aderezados con el bonito envoltorio de una medalla dorada.

Y para asegurarse una buena publicidad lo ha ensamblado un periodista, que ya sabemos del corporativismo que destiñe la prensa nacional.

Por hoy ya me he hecho una buena ración de nuevos enemigos, los fieles creyentes de las patadas al balón y de la canasta.

Pero quiero aún reseñar algo sobre la novedad del momento —pues por si alguno quedaba al que aún le caigo simpático—: la absurda búsqueda de letra para un himno que carece de ella. Estos días nos bombardean con las majaderías que han salido de las bocas más excelsas del deporte patrio, como si su opinión importara con la que está cayendo.

Mejor les valdría a nuestros políticos olvidarse de fruslerías y ponerse a trabajar en ir solventando los problemas que de verdad preocupan a los españoles. Ahí tienen el barómetro del CIS (pdf) (ver pregunta número 7 en la página 8 del documento), por si alguno no sabe de qué estoy hablando.

Sobre el tema del himno recomiendo leer la opinión del maestro de bitácoras Juan Puñetas, que en su “Por el Arco del Triunfo” ha reflejado la situación sin faltar a nadie: La farfolla del himno.

5 de junio de 2007