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 La ley del rodillo

Martes, 29 de Mayo de 2007  |   la aguja  |   Hay 5 comentarios
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YA TENEMOS a Jaime Lissavetzky de nuevo a la carga, con sus leyes y sus principios. La ley del rodillo y el principio del mando, ordeno y hago saber.

Ha vuelto la Comunidad autónoma del País Vasco a buscar autorización para la participación de las selecciones deportivas de las federaciones autonómicas en competiciones oficiales. Cataluña no ha tardado en secundar la iniciativa de modificación de la Ley 10/1990, del Deporte.

Si es menester obtener autorización quiere decir que se depende de la instancia a la que se apela. Solicitar algo conlleva que pueda ser desestimado.

Pero entremos en el meollo de esta cuestión sobre la que me encanta discurrir.

Ya he dicho aquí hace tiempo que las federaciones deportivas son entidades privadas, y que por ese motivo les cabe la aplicación del derecho privado y no del derecho internacional (parece que ahora ese es el argumento del PNV; ¿me estarán leyendo en silencio…?).

La Ley del Deporte establece este carácter privado de las federaciones en su artículo 30.1. Así pues, si son entidades privadas, ¿cómo es posible que representen a un Estado? ¿Es que acaso el BBVA o Repsol representan al Estado español y al conjunto de sus ciudadanos? Pues va a ser que no.

Al final de este artículo enlazo tres noticias sobre esta propuesta de modificación. Pero me voy a permitir compendiar los argumentos del señor Lissavetzky, el mismo de las cruzadas contra el dopaje —el del fiasco de la Operación Puerto— y ahora el de la cruzada contra el racismo y la violencia (están para parir una ley a propósito del tema).

Lissavetzky dice que le ampara la ley para los argumentos que exhibe —más bien es él quien se ampara en la ley para los argumentos un tanto peregrinos que presenta— y en las sentencias del Tribunal Constitucional (ambas cosas son lo mismo, puesto que el TC sólo hace una interpretación de la Ley).

Si estos son los frenos que encuentra Jaime Lissavetzky le recordaré una frase de Juan María Atutxa, un político que siempre demostró tener dos buenos bemoles bien sostenidos: “Las leyes las hacen hombres y mujeres de este país, y pueden ser cambiadas por hombres y mujeres de este país”.

Sencillamente lapidaria para el señor Lissavetzky, que no encuentra nada más sólido que esconderse tras la ley en vez de convencernos con argumentos sobre por qué el Estado español no permite que las selecciones autonómicas puedan competir en campeonatos oficiales. Tan sólo es cuestión de voluntad.

Pero analizaré cuáles son esos argumentos legales que enarbola Jaime Lissavetzky. Le he oído decir en la radio que la Constitución establece como competencia exclusiva del Estado las representaciones internacionales.

Me niego a aceptar que a mí, como ciudadano español, me representen personas y personajes a los que no he tenido ocasión de elegir. El pueblo es soberano, y el pueblo no ha tenido ocasión de decidir cuál ha de ser la composición de la selección de la Real Federación Española de Fútbol. Ni tampoco ha podido elegir la composición de la Asamblea ni de la Junta Directiva de ninguna federación. Ni a sus seleccionadores.

¡Faltaría más!, dirá alguno. Pues eso es porque tanto la RFEF como todas las demás federaciones españolas son entidades privadas. ¿O es que ahora los españoles van a poder elegir a las personas que se sientan en los Consejos de Administración del BBVA o de Repsol? Una federación deportiva se representa a sí misma, y no a un Estado.

Tal vez en otra realidad, en la que el Estado designara los presidentes de las federaciones deportivas, tendría sentido eso de que una federación deportiva represente a un Estado. Pero eso, felizmente, ha quedado atrás hace treinta años, señor Lissavetzky. Hoy en día las federaciones deportivas son entidades privadas que se organizan y gestionan a sí mismas.

Pensar que un Estado está representado en un torneo deportivo internacional, o lo que es lo mismo, pensar que la selección de la RFEF representa a España es tanto como pensar que Almodovar o Julio Iglesias representan a España.

La primera representa al fútbol español, y los otros dos representarán al cine y a la canción española respectivamente. Ni Rafael Nadal ni Fernando Alonso representan a España; en todo caso se representan a sí mismos. Habrá españoles que se sientan identificados con estos excelentes profesionales, pero es una falacia pretender que el conjunto de españoles están representados por ellos.

También argumentó el señor Lissavetzky que el COI sólo reconoce Estados soberanos. Aparte de que esto es una majadería, el COI reconoce lo que le digan que tenga que reconocer, no fuera a ser que perdieran por el camino lo que tienen ganado hasta ahora.

Y digo que es una majadería porque Lissavetzky sabe que el COI se reconoce a sí mismo, y que ningún organismo internacional ha otorgado al COI la representación deportiva internacional que se arroga. El COI es, sencillamente, una multinacional.

Olvida también Jaime Lissavetzky —y si digo que lo olvida es porque me consta que lo sabe— que la participación de las selecciones autonómicas en competiciones oficiales ha de ser autorizada por las correspondientes federaciones internacionales, que a su vez son entidades privadas también.

Las federaciones internacionales de deportes minoritarios y poco mediáticos anhelan el reconocimiento del COI como agua de mayo por los motivos largamente explicados aquí en otras ocasiones. Pero federaciones internacionales de la talla de la FIFA (fútbol) y la IAAF (atletismo) dan tanto o más prestigio al COI del que reciben. Podríamos hablar de las federaciones internacionales de tenis, baloncesto, golf, automovilismo —por citar las que ahora me han venido a la memoria— que no necesitan para subsistir la intermediación del COI.

Refugiarse en el COI es propio de quien no tiene argumentos convincentes para trasladarlos a la población española.

He oído también a Lissavetzky hacer mención del articulado de la Ley 10/1990, del Deporte. Nombraba los artículos 33.2, 34.1 y 6.1. Salvo que yo me haya equivocado en mis notas, no entiendo qué pinta el artículo 34.1 en este embrollo.

Vuelvo a recomendarle al señor Lissavetzky que medite la frase que Juan María Atutxa pronunció en un programa de RTVE, creo recordar que con motivo de cesar en su puesto de Consejero de Interior en el Gobierno Vasco. No es de recibo que la Ley del Deporte otorgue carta de representación internacional a una entidad privada como es una federación española.

Por último, el Presidente del CSD se ha llenado la boca con esta frase: “es difícil que una parte represente al todo”. Señor Lissavetzky, POR DEFINICIÓN, siempre una parte es la que “representa” al todo.

Pero entrando al trapo habrá que repetirle al Secretario de Estado para el Deporte (y a los políticos vascos y catalanes) que las selecciones de las federaciones autonómicas ni representarán a España ni al País Vasco o Cataluña, sino que representarán a sus respectivas federaciones, que son entidades privadas.

El Presidente del Gobierno, señor Rodríguez Zapatero, se ha hartado de repetir que España no se desmiembra, y a fe que está demostrado. Ahora es el momento de dar un paso más y demostrar que los lazos que unen a los españoles no penden del hilo con el que está cosida una pelota de cuero.

Noticias enlazadas:

• Lissavetzky rechaza que las selecciones CCAA compitan en torneos oficiales (diario As)

• Lissavetzky dice Gobierno rechaza selecciones CCAA compitan torneos oficiales (Terra actualidad)

• El PNV pide a Lissavetzky que el Gobierno “garantice el respeto a las identidades de las nacionalidades” del Estado (Deia)

29 de mayo de 2007



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Comentario de Juan Puñetas

Como ya hemos hablado en alguna ocasión sobre el particular, estamos más de acuerdo que dos hermanos siameses. Pero hagamos también una crítica explícita en el mismo sentido a esos gobiernos y gobiernillos autonómicos que también quieren tener selecciones nacionales o autonómicas. Todos ellos, como el tal Lizza, piensan igual: que el conjunto de los españoles estamos representados por la selección española de tal, que el conjunto de los vascos estarán representados por la selección vasca de cual y así sucesivamente.

Es decir, que todos piensan con la misma neurona, mientras que nosotros decimos que en cuestión de deporte no nos representa ni dios. Dicho lo cual caben dos posturas: o aceptar que todas las autonomías, nacionalidades, villas y villorrios tienen el mismo derecho a tener su selección particular como el Estado español o que lo que hace falta es derruir la mentalidad y la falsa representatividad que se han arrogado el Estado, el CSD, las Federaciones Deportivas, el COI y las madres respectivas que los parieron al engatusarnos con que “nos representan personas y personajes a los que no hemos tenido ocasión de elegir”.

Yo opto por la segunda opción y la primera me la trae al pairo, pero comprendo que haya quien quiera subirse al carro de la primera opción porque -políticamente hablando- hay mucho listo por esos gobiernos de dios que nos toma por idiotas a todos. Algunos no dudo que lo sean, pero otros somos más listos que el hambre…

Comentario de la aguja

Convendrás conmigo en que he tenido el buen tino de no pillarme los dedos en eso que apuntas. Especialmente en el segundo párrafo y en el penúltimo.

Efectivamente; todos piden al Estado español que autorice la representación de “sus” selecciones, cuando la realidad es que si las que hay no representan al Estado español tampoco representarán las que vengan a las Comunidades autónomas.

Pero ya he dicho en otras ocasiones en las que he hablado de este tema que en el asunto de las selecciones autonómicas y su participación en competiciones oficiales los políticos están usando el deporte como arma arrojadiza.

Y así quien puede quedar destruido es el propio bumerán de tanto estrellarse aquí y allá. Pero eso a los políticos no les importa.

Ahora es el deporte el objeto de sus desvelos, pero sólo hasta alcanzar sus respectivas metas antagónicas.

Pero la cosa podría evolucionar así de sencillamente.

El Gobierno español entiende que una selección deportiva sólo representa a su federación deportiva (por cierto, que de una modalidad puede haber varias federaciones, aunque el CSD sólo reconozca a una).

Por ello no le importa que cada federación autonómica compita con su selección en la competición que más le convenga. Y hace saber a los demás políticos que esa selección no representa a un territorio, sino a esa federación autonómica.

Inmediatamente todos los políticos perderán el interés en el asunto de las selecciones autonómicas. Y hasta sería probable que comenzara el debate entre selecciones de federaciones provinciales.

Tendríamos entonces la puerta de la evolución hacia un estadio más avanzado y desconocido por nosotros ahora (¿selecciones de corporaciones?).

Porque está claro que a veces los cambios de paradigma necesitan de momentos de crisis previos cercanos al caos para tener lugar (la propia evolución de la raza humana sin ir más lejos, que parece ser que quedó reducida a una pequeña tribu al borde de la extinción).

Filosofías aparte, a este asunto van a tener que darle una salida pronto.

 
 
Comentario de el clavo en bota ajena

Simplemente demoledora la actualización, jaja. Una parte siempre representa al todo. Por supuesto. Estos políticos juegan con el lenguaje tratando de engañarnos. Has estado muy oportuno.

Sobre la participación de las selecciones autonómicas yo tengo claro que es cuestión de voluntad política. Podrían decir que no lo autorizan porque no les da la gana y dejarse de marear la perdiz. Pero seguro que entonces rompería la costura de esta democracia por otro lado.

Ya has dicho otras veces que esta ley del deporte está hecha a la carrera. Aquí tienen un ejemplo. Las federaciones son entidades privadas que representan al Estado español. Sencillamente demencial. ¿Pero quién ha sido el zoquete que le ha dado al deporte una trascendencia internacional que no tiene?

¿Una federación española, que es una asociación privada, representa al Estado español en el seno de otra asociación privada como es una federación internacional? Esto es de locos (así están en el Congreso, salidos de los nervios).

Comentario de la aguja

Pues vienes a resumir los contrasentidos de la Ley del Deporte y del CSD que se empeña en seguir una vía errónea.

Tal vez nadie se haya parado a pensar lo que dice la Ley del Deporte. Efectivamente, le dan al deporte una importancia tan trascendental que al final el Estado español lucha por estar representado en una entidad privada.

Yo tengo la sensación de que nos están llevando a todos por un camino de locos. Lo que hay que hacer es eliminar neuras en torno al deporte y no crearlas.

 
 
Comentario de vetea

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