LEO EN la revista digital Sólo boxeo que el campeón español Javier Castillejo mostraba su queja sobre la actitud de los políticos hacia este deporte hoy venido a menos (ver la noticia “No se verá a Castillejo en España”):
Supongo que los políticos o no se quién no quieren boxeo en España. Aquí, estando el deporte rey, que es el fútbol, parece ser que no hay otro deporte.
Este hombre de pocas palabras —quien poco habla, poco yerra— olvida que su actividad es estrictamente profesional, por lo que los políticos poco pueden y nada deben hacer. Otra cosa es que el político de turno apoye otras manifestaciones del deporte profesional y alguien entienda que existe un agravio comparativo.
Este apoyo se traduce principalmente —pero no de forma única— en subvenciones, presencia en eventos, apoyo público, y pagos varios que exceden del carácter subvencionarial.
Si el político de turno —léase aquél que en un momento dado ocupa un cargo público— no apoya al boxeo profesional será por algo. Tal vez porque no le interese asociar su imagen pública a un deporte cuestionado por la sociedad.
Ya mostré aquí hace unas semanas el recorrido que sigue una actividad concreta para auparse a la categoría de deporte. Pero esa escalera es reversible. Igual que sube la estima por una modalidad deportiva, el mismo mecanismo es válido para descender.
Al repasar esa pirámide se verá que en la base de la misma se sitúa la demanda que el público hace de la modalidad en cuestión.
Es obvio que el público no demanda boxeo en la misma medida que lo hacía en los años cincuenta, o a principios de los setenta. Algo ha cambiado.
Quien haya visionado alguna de las veladas nacionales que patrocina la plataforma digital habrá observado que existen grandes vacíos tanto en el ringside (las sillas colocadas a pie de ring) como en la grada. Y ello teniendo en cuenta que se están escogiendo poblaciones de tipo medio para escenificar combates en los que al menos exista un púgil local, tratando con ello de atraer a numeroso público que se sienta identificado con el héroe local.
Habría que tener los datos precisos y no hinchados para comprobar que año tras año hay menos licencias de boxeo aficionado. Quien acuda regularmente a los campeonatos de España de boxeo aficionado ya ha comprobado la merma que se ha dado en la participación en los últimos treinta años.
Los medios de comunicación no están interesados en ofrecer noticias de boxeo. Por la razón que sea, pero no están interesados. Se dice que existen razones personales en las redacciones de los diarios deportivos para dejar fuera de la planilla las noticias boxísticas.
Es preciso reconocer que un medio de comunicación es una empresa privada, y los criterios que siguen para elegir los deportes sobre los que quieren informar no pueden ser dirigidos por los políticos. ¡Hasta ahí podríamos llegar!
Siempre le queda al campeón español la posibilidad de liarse la manta a la cabeza y convertirse en editor de su propia revista de boxeo. Pronostico que perderá su dinero, como ha ocurrido en todas las aventuras similares que se han emprendido con anterioridad.
La demanda de la actividad boxística ha descendido y en consonancia la oferta tampoco es la misma. Menos público, menos expectativas y menos boxeadores. La afición se está perdiendo.
Al igual que los políticos, los patrocinadores tampoco parecen interesados en asociar su imagen al boxeo. Y al igual que razonamos con los medios de comunicación, cada cual es muy libre de invertir su dinero de la forma que mejor lo juzgue oportuno.
La Administración deportiva —encarnada, eso sí, por los políticos de turno— aún mantiene el reconocimiento de modalidad deportiva del boxeo. Pero la voz de alarma sonó hace unos años cuando varios miembros del COI se replantearon el programa deportivo.
Según se cuenta en los mentideros del boxeo internacional, fue el propio Antonio Samaranch, presidente del COI a la sazón, quien invirtió la tendencia. Según se cuenta también, el presidente había practicado boxeo en su juventud.
Las soluciones implementadas fueron la protección mediante un casco (cosa que hubo de hacer también el taekwondo para debutar como deporte de exhibición el los JJOO de Seúl 1988). Se cambió también la distancia a la que se disputaban los combates, aumentando el volumen de descanso durante la pugna. Se aumentó el peso de los guantes (en realidad se aumentó el acolchado). Y se sistematizaron los controles médicos.
Parece ser que eso aplacó la ira de los barones del COI, aunque tal vez sólo haya tenido un efecto temporal.
Siguiendo el razonamiento expuesto en mi artículo enlazado arriba, en el momento que el apoyo del COI desaparezca habrá empezado la cuenta atrás para el boxeo aficionado.
Como todo deporte profesional, el profesionalismo pugilístico se nutría del boxeo aficionado. Y digo que se nutría porque hoy en día, y desde hace bastante tiempo, el paso hacia el boxeo profesional se hace precipitadamente.
La consecuencia es una bajada en la calidad de los carteles boxísticos. Un campeonato de España profesional está totalmente devaluado. Hay categorías en las que sólo militan dos o tres boxeadores.
Ergo, la culpa de los males del boxeo están en el propio boxeo y no en los políticos [¿es la Aguja quien escribe esto?; sí, yo soy el primer sorprendido]. Como la culpa de los males del ciclismo está en el mismo ciclismo y no en quienes quieren erradicar el dopaje, por mucho que dos o tres chupatintas, sedicentes críticos de ciclismo, sigan echando balones fuera.
Castillejo, del que admiro su trayectoria deportiva, ha echado balones fuera. Tal vez quien ya ha sido reconocido como el mejor boxeador español de todos los tiempos —con el permiso de Paulino Uzcudum— debería empezar a trabajar desde dentro.
4 de mayo de 2007
Actualización del 5 de mayo de 2007 a las 21:20 horas
Hoy sábado 5 de mayo pelean Floyd Mayweather y Óscar de la Hoya en la que probablemente será la pelea que genere más ingresos de toda la historia del boxeo. El Pretty Boy es el mejor boxeador del momento libra por libra, mientras el Golden Boy es el boxeador más taquillero en estos momentos. En España no se va a poder ver.
El artículo que enlazo en esta postdata es aquél en el que traía a la Aguja de Bitácora la difícil decisión de Floyd Mayweather padre. Finalmente el señor Mayweather ha estado ayudando en la preparación de su hijo. Para saber más, entren en Solo boxeo y busquen el artículo “El conflicto del Sr. Mayweather, ex entrenador de Óscar” entre las noticias del mes de mayo 2007.
http://www.agujadebitacora.com/2007/05/el-boxeo-esta-grogui/trackback/(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)





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(Jean Dolent)





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¿Y no será, querido amigo, que al igual que ha pasado con otras cosas, lo del boxeo se ha diluido en el magma general, desapareciendo casi en lo particular? (Hablo de España, que del resto del planeta no tengo ni pajolera idea…En realidad, de España tampoco, je, je).
Un amigo anarquista (en mis años mozos descubrí la política gracias a la filosofía ácrata -curioso, ¿no?) me señalaba hace unos años que el anarquismo (mucho más complejo de lo que el personal de a pie se cree) había desaparecido como filosofía política y de vida a gran escala -recordar que la CNT, de tendencia anarcosindicalista, era mayoritaria en la España del primer tercio de siglo- pero que muchas ideas anarquistas han quedado en el imaginario común sin que sus portadores sepan de su origen.
Lo mismo ocurre en otros órdenes: las costumbres, por ejemplo. Así que -le estoy dando vueltas a la cabeza- lo mismo el boxeo como deporte (o sea, dos tíos pegándose bofetadas bajo la atenta mirada de un árbitro y miles de espectadores -sí, la cosa la pinto simplistamente, pero no siempre está uno inspirado…) ha dejado de tener atención en el personal porque el hecho en sí -las bofetadas- se ha instaurado en la vida cotidiana como el que no quiere la cosa. ¿Quién va a pagar por ver a dos tíos arreándose mamporros en lo alto de un cuadrilátero cuando en cualquier bar de copas, a las 3 de la mañana, ve un espectáculo parecido y con mayor agarre emocional? ¿Quién va a pagar por ver a Urtain III, si en el quinto izquierda el morrosko que allí vive tiene a todo el bloque en tensión constante con las palizas que le arrea a la parienta? Y qué decir del instituto, donde no hace falta mayoría de edad para que en cualquier momento dos adoscelentes se líen a tortazos, con el ánimo y aplausos del resto de la chavalería y hasta con la suerte de que el combate sea grabado y se suba a la interné para disfrute de todo el planeta?
Ya digo, hoy no estoy muy inspirao, pero no eches en saco roto esta ideilla: cuando se populariza, generaliza o democratiza algo, desaparece de la élite, de los focos de los medios y del interés de los políticos de turno. Quizás es que el boxeo (en versión popular) ha ganado la batalla y lo practica ya mucha gente sin necesidad de guantes, ring, reglas ni árbitros. Y claro, ya no vende. Es sólo una peregrina idea del hoy algo desnortado Puñetas…
Pues quizá no vayas tan desencaminado. Algo de eso hay.
Mi teoría es tan simple como la tuya (las lecturas más simples suelen estar más cercanas a la realidad).
Desaparecen unos deportes y aparecen otros igual que desaparecen oficios y aparecen otros.
La profesión de guarnicionero prácticamente no existe ya, pero se ha creado una que llaman profesor de informática. No tienen relación, evidentemente. Quiero decir, que una no ha originado la otra. Pero el equilibrio se mantiene.
En el ámbito del deporte —relativamente nuevo con siglo y medio de vida— estaríamos asistiendo a este proceso. Y el boxeo es el primero de la lista. Por las razones que sean.
Quizá es que sea demasiado sacrificado y entra en conflicto con el estado del bienestar que corre en los tiempos actuales.
En el resto del mundo prácticamente está ocurriendo tres cuartos de lo mismo. Están constituyendo mecas donde parece que el boxeo goza de esplendor. Pero simplemente son unos pocos lugares donde se reúne toda la gente del mundillo del boxeo.
Y lo menos esperanzador es que esas mecas se están nutriendo de los guetos donde todavía el hambre “da cornás”.
Quizá sea la moralina de la sociedad, pero el caso es que el boxeo ha dejado de gozar del favor del público. Y parece irreversible.
Puede aparecer un campeón local, pero la afición dura tanto como dure la trayectoria del muchacho.
Quizá haya mucha gente viendo un combate. Pero no son legión los que se deciden a subir a un ring.
Como bien dices, la sociedad ha cambiado, y el boxeo quizá deba “metamorfosearse” para seguir existiendo.
La sociedad ha cambiado y el boxeo no lo tiene fácil. Por citar un ejemplo de entre muchos. El CSD ha creado un programa para distribuir las subvenciones estatales a federaciones nacionales. Entre los requisitos a valorar destaca la formación que la federación española haga en deporte base. Y ahí el boxeo se estrella.
Otros deportes igual de duros han sabido integrarse en las políticas económicas del CSD (léase rugby, fútbol americano o kickboxing) y tienen sus secciones infantiles habiendo creado reglamentos específicos (rugby tocata, flagfootball, y kickboxing no-contact).
Quizá sea el precio que haya que pagar por ser tan machosss (como dicen los mexicanos).
El boxeo es un bello deporte, muy viril y todo eso, pero tiene los días contados (o los años). Subsistirá de una forma u otra, no creo que llegue a desaparecer. Pero hay cosas que van en contra del pensamiento actual. Y subvencionar con dinero público para que dos tíos se líen a mamporros no está previsto. Sí, Puñetas, lo sé, se subvencionan otras cosas peores, pero no tan palpables. Si hablábamos hace unos artículos de que matar animales no puede entenderse como deporte (caza y pesca) supongo que herir a congéneres tampoco puede entenderse como deporte. A lo mejor son otra cosa, no todo lo que sea una actividad humana tiene que acabar siendo deporte. Y no pasará nada, salvo que se quedarán sin subvenciones vía CSD y DGDs. Ahí es donde duele, ¿verdad?
Una vez oí que alguien decía que lo mejor que le podía pasar al boxeo es que lo prohibieran. Y añadía que siempre habría dos personas dispuestas a calzarse unos guantes en la trastienda de un bar. Que lo prohibido atrae es un hecho incontestable.
Quizá sea eso, que el boxeo no está prohibido y por eso carece de morbo. Llegan nuevas fórmulas para los deportes de combate (el K-1 y todos los demás kas —el 1 se reserva a la categoría open, sin límite de peso máximo—) y se han probado en el boxeo. Pero parece que no cuajan.
Quizá seamos testigos excepcionales del primer deporte que dejará de serlo. Porque tengo claro que dentro de muchos años (no, esos no; muchos más) habrán desaparecido gran parte de los deportes actuales, o se habrán adaptado de forma que sean poco reconocibles.
Quizá hasta habrá desaparecido el concepto actual de deporte.
Pero de momento el boxeo es el que tiene más boletos para ser el primero que nos abandone. Y el ciclismo está haciendo muchos méritos para dejar de existir tal y como lo conocemos hoy en día (me refiero a las grandes vueltas y todo el entorno que se mueve a su alrededor).
Que el mundo evoluciona es algo que ya sabemos. ¿Por qué el deporte —y los deportes— va a ser inmutable?
La verdad es que tampoco puedo opinar mucho sobre el que desconozco bastantes cosas salvo por las peliculas de Rocky Balboa y algún que otro combate que televisan en cierta cadena de televisión autonomica pero creo que es obvio que la administración no le va a dedicar el mismo dinero a un deporte con pocos seguidores que a otro que mueve a masas y masas de personas.
Con esto no quiero decir tampoco que no se le deba subvencionar sino todo lo contrario, se le debe potenciar y con esto tambien quiero defender los combates sanos y deportivos en los que se pelea por deporte y no por animo de ser un gallito o ser el más fuerte.
Como ya comentamos en esta bitacora otras veces en los deportes se deben de guardar las sanas costumbres y ante todo la deportividad y las relaciones buenas maneras.
Lo de que la Administración no va a volcarse en un deporte poco extendido pero que por otra parte debe potenciar los deportes minoritarios como que se contradice, ¿verdad?
¡Ahí le has dado! Aquí hay materia para un artículo de la Aguja. Veremos qué puedo sacar de ello.
En este caso concreto la cuestión es otra. ¿Debe una Administración fomentar la práctica del boxeo y otras modalidades de combate al K.O.?
Castillejo dice que sí. Pero su opinión como que no vale por ser parte interesada. Es decir, que si de él dependiera se convertiría en juez y parte.
Me temo que la cuestión no es baladí. Y ni los más expertos quieren pronunciarse por implicar temas sociales de gran relevancia que están siendo objeto de análisis (reinserción de minorías marginadas, violencia social, autoestima de la persona, explotación profesional del deportista, etc.).
Para su práctica deportiva el boxeo exige ciertas condiciones que no están en la línea del estado del bienestar en el que estamos instalados: espíritu de sacrificio, capacidad de sufrimiento, afán de superación. Y esto se encuentra a raudales en ciertos guetos sociales. Pero quizá no sea esa la mejor medicina para ese mal. Por eso los políticos quieren pasar de puntillas sobre este asunto, por mucho que nuestro campeón proteste.
Volveré sobre este asunto con otro “agujazo”. Pero dejemos correr unos cuantos meses para extraer nuevas conclusiones.
Todo el problema esta en los Federativos y managers que buscan beneficios miserables a costa de los muchachos, y ahora elecciones para morirse Vazquez (fuerte depredador) vs Fuertes (agresivo dictador para su beneficio)
Davorito Vazquez, ¿porque? porque entre malo y peor si las personas son inteligentes eligen lo malo, pero ya iria siendo hora que saliera alguien dispuesto a tomar el relevo de tipejos como estos.
Este artículo que has comentado es de hace un año y medio. He escrito otro recientemente que quizá te interese: “El mesianismo del boxeo”.
Habla de la agonía del boxeo desde otra perspectiva. Uno de estos días escribiré el que completará la serie. Quizá antes de fin de año.
Sobre tu comentario sólo puedo decirte que conozco a Justo personalmente. No me parece mala persona. Del tal Fuertes no tengo referencias. Hace tiempo que estoy desconectado de todo ese mundo hampón que son las federaciones deportivas.
Creo que el mal no está en Justo Vázquez ni en Ángel María Villar (fútbol) ni en los otros sesenta y poco presidentes federativos españoles.
El mal está (como ya he dicho en repetidas ocasiones) en el sistema, en la legislación que ampara los reglamentos electorales federativos.
Las federaciones deportivas son regímenes fuertemente presidencialistas, por lo que no es de extrañar que acaben convirtiéndose en fortines cuasi inexpugnables. El responsable, cómo no, es el CSD, donde creen que el deporte español está necesitado de medallas. Allá ellos y su adorado Lissavetzky.