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 A dios rezando…

Martes, 01 de Mayo de 2007  |   la aguja  |   Hay 8 comentarios
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HA VUELTO un fin de semana vacacional y vuelvo yo a reflexionar sobre la carretera, el uso que hacemos de ella y las connotaciones deportivas que rodean todo ello.

Por motivos que no vienen al caso me llevaron a uno de esos centros de peregrinación religiosa. Una basílica muy visitada, aunque justo es reconocer que merced a una gran prueba deportiva que en su momento la puso de moda y no por el culto que allí se profesa.

Durante mi viaje tuve ocasión de observar que los últimos kilómetros del trayecto eran hechos a pie por gran número de personas. Aunque en ningún momento tuve la impresión de que fueran muy devotos los que por allí transitaban, sino que se trataba más bien de una acción esnob que se imitaba porque alguien de la oficina la hubiera realizado antes.

Lejos de formar una comitiva, como regula la legislación de seguridad vial, iban caminando a su aire por el arcén, desconectándose en grupúsculos que estiraban la compañía. Noté que los miembros de cada colectivo vestían uniformadamente, lo que también llamó mi atención.

Tuve ocasión de comprobar que no respetaban las normas de seguridad vial, caminando sin chaleco reflectante e invadiendo la calzada sin prestar atención a la circulación rodada. También me fijé en que a medida que se acercaban a destino se entablaba una suerte de competición por llegar antes.

Los mejor dotados [cerrar modo irónico] habían ido dejando atrás a mujeres, gorditos y tullidos varios, y en las proximidades de la meta la unidad del grupo brillaba por su ausencia. Se aceleraba el paso, cesaban las conversaciones en paralelo, y se miraba de reojo al “rival”. Era como si arriba les esperara alguna medalla, aunque sólo fuese de la virgencita del lugar.

A uno se le rompen los esquemas cuando en algo tan impropio nos dejamos llevar por la vena competitiva. ¿Hasta qué punto estamos influidos por la televisión y la “Champions”? ¿Por qué el homo televidensis es incapaz de elevarse por encima de la bazofia periodística deportivoide de la que es objetivo directo?

Llamo la atención sobre este hecho extradeportivo por su connotación paradeportiva. Al final, una supuesta peregrinación en grupo que no debe pasar de un galante, matutino y revitalizador paseo, se convierte en una pugna por demostrar y demostrarse un-no-sé-qué exactamente.

Y no se lo pierdan; tras la caminata de un par de horas (como si ello pasara a constituir una odisea épica e inenarrable en sus sedentarias vidas) son recogidos para emprender el regreso por el autobús que los dejó a una escasa docena de kilómetros del lugar y son trasladados a uno de los múltiples restaurantes de la zona.

Del embeleso con la arquitectura del lugar, del deleite con la belleza del paisaje y de la práctica del culto, na’ de na’. Aunque servidor no puede criticar esto porque allí no me habían acercado para rezar, costumbre que a dios gracias he perdido a pesar de que en la época franquista unos desaprensivos me la trataron de inculcar.

¿Que no he hablado hoy de deporte? Pues quizá no; pero he hablado de recreación y de tiempo de ocio, que el deporte no siempre es competición y negocio.

Pero para que nadie se sienta defraudado, añadiré que durante mi visita al centro de peregrinación reparé en un chaval que corría por el arcén de la calzada. Iba a ritmo vivo, alargando la zancada y con la soltura propia de los que tienen el hábito de correr.

No me pareció un lugareño a juzgar por detalles nimios, como su mirada atenta al paisaje —o la camiseta que portaba, de un club de atletismo de Castilla—. Y yo me pregunté: ¿qué carajo hace este hombre corriendo por la margen de la carretera, asfixiándose con los humos de los coches y de las camionetas de reparto? ¿Pero es que no tiene caminos rurales y forestales para trotar por paisajes frondosos y regocijarse con la belleza y la tranquilidad de parajes recónditos?

Aquí tenemos a un urbanita que es incapaz de salirse de su rutina de correr por el asfalto.

Por cierto, que al igual que los pelegrinos tampoco llevaba el chaleco reflectante que me exige a mí la Guardia Civil de Tráfico cuando paro en el margen de una carretera. ¿Será que la ley del chaleco sólo es para el conductor cuando pone pie a tierra y no para el peatón, vaya en marcha o en carrera? ¿Por qué ésta diferencia en el trato de un mismo hecho cual es transitar o estar parado en una carretera?

1 de mayo de 2007
Día mundial del currante a sueldo



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Comentario de contrapunto

Yo tampoco entiendo a esas personas que corren siempre por la orillas de las carreteras. Quizá sea la forma de mantener un ritmo llevando en cuenta la distancia y el tiempo. Pero para eso están los circuitos cerrados.

No hay como correr por pistas y caminos, subiendo y bajando terrenos, ora pedregoso, ora pastizal, ora terroso.

Supongo que son tendencias, como el ciclista que circula por la carretera y el que hace bici de montaña.

En cuanto a lo del chaleco reflectante es algo a estudiar. Evidentemente si cuando un conductor sale del coche puede ser denunciado por no hacerse visible con esta indumentaria, un peatón o corredor debería llevarlo también. Incluso los ciclistas deberían ser obligados a usarlo.

Yo tampoco encuentro justa la diferenciación que observas. Aunque esta vez se te ha pasado documentarnos con el enlace a la preceptiva ley. Ya me contarás…

Comentario de la aguja

Veo que disfrutamos con el mismo tipo de carrera. Pero será como dices, que hay gente que se ha adaptado a correr por el asfalto. A mí también me gustaba correr por senderos, saltando aquí y allá, agachándote para pasar unas ramas, mojándote los pies al cruzar un riachuelo…

Y sí, se me ha pasado dejar un enlace a la ley. Quizá porque ya lo hice en el artículo de los ciclistas que no lo haya tenido yo tan presente.

El caso es que pensé que había hecho un enlace a ese artículo y por lo visto lo eliminé por no autocitarme tanto y por cuestiones de no alargar tanto los artículos. Pero aquí está un enlace a ese artículo donde podéis encontrar al final sendos enlaces a la legislación vigente en materia de seguridad vial: Estupidez en la carretera. Gracias por recordármelo.

 
 
Comentario de Roxin

Tema dificil, la verdad el que tratas esta sema aguja. No se a donde quieres ir a parar o que quieres comentar con esto de los caminantes.
La verdad es que me que las peregrinaciones religiosas a sanutuarios o lugares de culto no se pueden considerar en teoría un deporte ya que realmente el que peregrina lo hace o creo que lo hace por devoción a algún santo o a alguna virgen y no creo que se deba de convertir en una competición a no ser que ya esta programada de forma que sea ajena al lugar.
Vuelvo a repetir como ya repeti muchas veces que estos controles los deben de llevar los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad ya bien sea la guardia civil de trafico en vias interurbanas o las policias locales en los cascos urbanos para poder controlar de alguna forma el orden de la marcha y que no circulen a su antojo entorpeciendo la marcha de los demás vehiculos al igual que cuando tratamos el tema de los ciclistas domingueros en esta bitacora.

Comentario de la aguja

La peregrinación no es un deporte, pero la marcha es una especialidad olímpica que se disputa sobre dos distancias (20 km y 50 km).

Como ya digo, hoy no hablo de temas expresamente deportivos. Sino de un tema extradeportivo (la peregrinación) y de una connotación paradeportiva (la competición que se da durante la misma). Como defiende Palicero más abajo (no sé por qué, pero hoy estoy atendiendo vuestros comentarios en orden inverso) el ser humano necesita medirse con otros seres humanos, y lo hace muchas veces para matar el tiempo. (Queda matizada en mi respuesta a su comentario cuál es mi crítica).

Pero sí es cierto que el desorden impera en las marchas de varios individuos cuando éstos circulan por los arcenes de las carreteras, como si el estar amparados por el grupo les invistiera de unos derechos tales como invadir la calzada.

En fin, que ya dice Juan Puñetas que tenemos una flor en salva sea la parte, y que mientras esa suerte nos acompañe todo va bien. En cuanto un fumao se lleve por delante a media docena de pelegrinos (sí, sí, con “ele”, como digo más abajo) nos pondremos como locos a legislar.

Sobre los controles de la Guardia Civil de Tráfico he de decir que desconozco qué instrucciones tienen, pero que veo que existe cierta relajación con este tema de los peatones y de las comitivas en la carretera.

¿Os imagináis que un chico vaya corriendo, le paren, y le denuncien por no llevar el DNI encima? Algo falla, porque si tenemos la obligación de no separarnos del plastiquito ese… Tal vez es que no se debe correr por una vía interurbana…

 
 
Comentario de Juan Puñetas

Pa qué vamos a andarnos con paños calientes: tiene más cerebro un mosquito o una abeja que un humanoide de dos patas. (Los hay también de cuatro patas, pero estos ya vienen al mundo directamente descerebrados). No pasan más desgracias porque encima tenemos la suerte de los idiotas. Como dijo el clásico, cuanta más gente conozco más quiero a mi perro… Como bien señalas, ¿qué hace un tío corriendo por la cuneta tragando humo, corriendo el riesgo de que le caiga encima cualquiera de las mil cosas que los pendejos tiran por la ventanilla o que cualquier día a un maldito conductor se le vaya un poco el cuatro latas y se lo lleve por delante? No es que todos los bichejos humanos sean igual de estúpidos, pero si somos un poco autocríticos, deberíamos a empezar a reconocer que no somos precisamente los reyes de la creación si no la basura de ésta. Vamos, un aborto de la naturaleza.

Por cierto, ¿vosotros habéis visto que algún otro ser vivo haga deporte? Pues eso…

Comentario de la aguja

Esto de correr por la carretera es algo que siempre me ha molestado incluso que lo hagan los demás.

Cuando vivía en la gran ciudad (en realidad debo decir cuando vivía en la capital del mundo —jaja—) no me quedaba más remedio que correr por plazas y jardines. El campo me quedaba algo lejos, y correr monte arriba no siempre venía bien a la preparación específica.

Cuando me fui a vivir a otra ciudad del Cantábrico, más pequeñita y muy bien urbanizada, ya buscaba yo mis salidas al campo y mis caminos rurales (estoy hablando del periodo 1979-1985).

Cuando me fui a vivir a la zona rural evitaba siempre correr por carretera, salvo cuando quería correr una distancia concreta para sacar mis medias.

En el artículo eliminé (por que se hacía excesivamente largo) la referencia a esta salvedad. Necesitar tomar como referencia una distancia y cronometrar el paso por cada kilómetro (yo lo hacía una vez de cada quince, más o menos). Pero observo que siempre es la misma gente la que corre por las mismas carreteras, y no busca otras rutas alternativas. Quizá por pereza, quizá porque nunca se lo han planteado. Y esa es mi crítica.

El humanoide televidensis no piensa lo que hace, o al menos no piensa por qué lo hace. Ya lo piensan otros por él.

 
 
Comentario de Palicero

Tienes razón en lo del chaleco y coincido contigo en que el corredor estaría mejor y más seguro en otro lugar que en una cuneta, pero por lo de criticar a quién se hecha unas risas con los amigos para ver quien mea más lejos…(me refiero a los caminantes que aprietan el paso para llegar antes que el compañero)¡Por ahí no paso!
Reclamo el derecho a competir por tonterías, siempre y cuando no molestemos a los demás.Repito que te apoyo en el tema del chaleco.
¿Qué habría sido de mi este verano sin las competiciones estúpidas?Me explico:
Soy estudiante y, para sacarme unas perrillas, he trabajado en una empresa de turismo activo. Los clientes hacen el “descenso del Sella” en canoa y mi función era darles las canoas en el inicio y recogerlos al final para que volviesen al punto de partida, se duchasen y demás.
Pues, mientras acababan de llegar todos los clientes, pasaban horas de lo más aburridas de no ser por los chistes malos y las competiciones paradeportivas del orden de: ver quien carga canoas mas rápido, tirar piedras a ver quién es capaz de que bote más veces sobre el agua (hacer sopas o ranas) y algunas otras paridillas por el estilo.Por eso, señor Bitacorero debo defender y reivindicar la sana afición del ser humano de entretenerse y competir por lo que le salga de las narices.Repito que es fundamental el respeto a los demás cuando uno está haciendo el indio.

Comentario de la aguja

Bueno, no deberíamos tomarnos esta crítica muy a pecho. Es sólo un artículo y la historia (esta historia) no es real. Aunque sí es un conglomerado de historias.

La crítica a los pelegrinos (y no, no quiero decir peregrinos, sino pelegrinos, con “ele”) es precisamente su actitud esnob. Por supuesto que habrá gente que acude a un centro de oración por convicción personal. Pero muchos (desconozco el porcentaje) no sabe a qué va a uno de estos sitios de peregrinación: ¿turismo? ¿curiosidad? ¿acompañamiento? ¿reto personal?

La conclusión que saco es que van porque otros han ido antes. En esa línea de “ir donde va Vicente” es que critico las piquillas finales. Porque están haciendo de menos a los que llegan detrás.

Mi teoría es que si salimos en grupo, llegamos en grupo. Y llegaremos todos cuando llegue el último.

Ese aire ufano de haberse pegado una caminata de dos horas y haber llegado de los primeros tiene también su componente de vanidad —que creo recordar que es pecado (ver soberbia)—. Dos horas caminando no son nada del otro jueves para quien tiene el hábito de hacer ejercicio. Sin embargo con ello hay quien ha conseguido algo de qué jactarse.

Por supuesto que la competición es una condición inherente del ser humano. Y el juego. (Si no fuera por estos dos valores —y alguno más— tal vez nos hubiéramos extinguido hace tiempo).

Y ambas cosas juntas ha dado como fruto el deporte. Hace más de tres mil años que el hombre practica deporte.

Sobre el chaleco del corredor (de todos los corredores) lo que me molesta es el doble rasero con el que se mide al automovilista y al peatón. Solución: cuando se te pare el coche en la carretera y no tengas chaleco, pégate una carrerita y di que estás haciendo footing a ver si cuela, jeje.

 
 
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