Ense et aratro
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reflexiones y observaciones | lenguaje
(Con la espada y el arado)
ALGÚN OBSERVADOR despistado quizá encontrara una relación entre el auge del movimiento deportivo y la desmovilización militar que se ha vivido a finales del siglo pasado. Incluso habrá desnortados asegurando que el deporte está ligado a los movimientos pacifistas. Sin ir más lejos, los Señores de los Anillos parecen empeñados en hacernos comulgar con esa rueda de molino.
Lejos de ser cierto, el movimiento deportivo guarda más relación con el militarismo que con el pacifismo. De hecho, en la expansión del deporte durante el siglo XX las connotaciones militares no han sido nada casuales.
Comenzaré esta exposición observando que el deporte ha tomado prestado del ámbito militar la simbología de himnos, banderas, escudos y uniformes.
Cualquier club por pequeño que sea trata de diferenciarse de los demás identificándose con un escudo, inspirado hasta no hace tanto en el clásico formato castrense (algunos hasta incluyen coronas reales).
En un club de cierta enjundia siempre aparecerá quien proponga la creación de un himno glorioso que a modo de cántico guerrero convoque, congregue y aúne a la masa en torno a la legión de fornidos atletas.
El deporte internacional, a fin de obtener el reconocimiento y parabién de los gobiernos, usurpó las banderas e himnos nacionales de cada país al organizarse territorialmente.
Siempre me he preguntado por qué un himno y una bandera que representan a un país —con todo lo que ello tiene de positivo y de negativo— son símbolos utilizados por entidades privadas tales que federaciones y clubes para algo tan frívolo como la puesta en escena de un acontecimiento deportivo.
Esto no ocurre en ningún otro ámbito de la sociedad. Una federación se representa a sí misma, por mucho que una ley diga que en competiciones internacionales la representación nacional le cabe a las federaciones legalmente reconocidas.
A mí me representan los órganos de gobierno y representación de mi país, que son a los que yo he tenido ocasión de votar. Una federación y un club son entidades privadas que sólo se representan a sí mismas. Igual que un banco, o una hidroeléctrica, o un orfeón, o una petrolera, o una compañía de teatro, o una teleco.
Los tediosos desfiles de los Juegos Olímpicos son una copia festiva de las paradas militares, con el grueso de los atletas caminando uniformados y alineados bajo una bandera cual guerreros marciales camino de la arena. Recordemos que toda esta escenografía se consolida en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, en un clima político de preguerra.
Por cierto, que la palabra “arena”, utilizada en otros idiomas tal cual para designar un estadio deportivo, guarda evidentes reminiscencias militares.
Cuando un campeón regresa a su país tras cosechar éxitos internacionales es recibido por las autoridades con mucha pompa y boato. Incluso los equipos triunfadores organizan en su ciudad un desfile en olor de multitud, algo muy parecido al recibimiento que se les dispensaba a los héroes romanos que conquistaban por la fuerza alguna plaza.
La mitomanía que se rinde a los deportistas es también un calco de la fabulación guerrera: tenemos campeones y héroes que en relación con sus triunfos y el paso del tiempo acabarán siendo elevados a la categoría de mito o leyenda. Oímos hablar de atletas míticos y legendarios cual combatientes de las Guerras del Peloponeso.
Algunas gestas deportivas son contadas y recordadas a la lumbre del televisor familiar, y el espíritu de una fidelidad mantenida hacia un club es transmitido con orgullo de padres a hijos que acuden juntos a presenciar los modernos e incruentos choques de tropas en los campos de batalla de hogaño.
Las consignas que se dan en combate… quiero decir, en competición (es que me he dejado ir), utilizan sin empacho la jerga de las arengas militares: luchar, vencer, derrotar, morir. La diferencia estriba en que hoy en día se hace por los colores y por la pasta y no por el honor y el solar.
Por no aburrir más al paciente lector de estos borrones no seguiré abundando en las semejanzas entre el deporte y la milicia (por cierto, que los deportistas que cambian de equipo siguiendo el mejor postor son llamados mercenarios). Pero podría hablar de los sistemas de entrenamiento, de tácticas y estrategias, de los recursos destinados por el Estado a la selección de los mejores…
Mis apuntes abarcan alguna cosilla más que quedará relegada en el archivo correspondiente para mejor ocasión. Quizá estas notas hayan abierto los ojos de quienes sienten pasión por el deporte y por su capacidad para unir pueblos.
A lo mejor si empezáramos por modificar el lenguaje para evitar que el movimiento deportivo se nos vaya por derroteros bélicos…
In pace leones, in proelio cervi
(En tiempos de paz son leones, pero en la guerra son ciervos)
Quinto Septimio Florente Tertuliano
27 de abril de 2007
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El artículo me ha gustado. En tu línea inconformista viendo la cara del otro lado. Pero… con la espada y el arado ¿qué?
Pues eso, con la espada y el arado… (jajaja).
Con esta frase se define a quienes luchan con las armas en tiempos de guerra para defender a la patria, y en época de paz la sirven con su trabajo. Como los deportistas, vaya :-P.
El caso es que tenía ya escrito otro título similar (Casus belli) y viniendo del trabajo a casa recordé éste que obviamente era mucho mejor. Pero cuando llegué se me pasó cambiarlo; subí el artículo y estuvo expuesto un par de horas con este otro titular. Obviamente, con el cambio de título ha cambiado el permalink, algo prohibido en la blogosfera. (Me siento como un crío pequeño que ha hecho una fechoría, jeje).
No te quepa la menor duda de que relamente los clubes son como una especie de tribu o una especie de mini-estado con el que mucha gente se siente más identificado que con su propio pais o ciudad y que de esta manera defienden y respetan sus emblemas por encima de escudos nacionales o regionales.
De esta manera nos tenemos que dar cuenta de que los clubes de fútbol más importantes como el Real Madrid, Barcelona, Atletico de Madrid o el Sporting de Gijón que esta en segunda a parte de muchos más, ya disponen de su propia guardia pretoriana que son los hinchas radicales tipo ultras que sin entrar a valorar sus metodos rudimentarios defienden a sus equipos a capa y espada y muchas veces montan sus propias batallas o escaramuzas en la antesala de los partidos o despues del encuantro.
Para poder entender esto de los emblemas y comparar los clubes con milicias nos tenemos que remontar a los tiempos de la Antigua Roma cuando el Cesar brindaba a la plebe con los juegos y de alguna manera la plebe se olvidaba de las penurias y desdichas. En la actualidad el fútbol ( digo el fútbol por ser el deporte rey en España y en Europa pero tambien podía mencionar otros de portes rey como los americanos, f. americano, baloncesto o baseball) de alguna manera es un espectaculo que sin entrar a valorar si es un negocio o una especie de feria de ganado donde se compran jugadores como si fuesen vacas, es un espectaculado encaminado a distraer a la clase llana al igual que el circo en la antigua Roma.
Realmente con quien más negocio se hace es con la clase obrera , ya que son los que acuden a los estadios, se desplazan al extranjero cuando sus equipos juegan fuera, compran camisetas etc.
De alguna manera los valores del imperio romano aún siguen vigentes en la sociedad occidental ya que tambien se idolatra a jugadores tipo, Beckham, Zidane, Raúl etc como si de un Dios tipo Zeus o Hercules se tratase.
Bueno creo que ya me excedido un poco y he divagado un poco sin llegar a ninguna conclusión concreto aunque creo que puedo haber aportado algo con mi opinión. Para cabar tambien hay que mencionar que las carreras de cuadrigas de los romanos aún perduran en la actual formula uno.
Interesante esa comparativa entre las cuadrigas romanas y la fórmula uno. Es cierto que los mejores aurigas eran mimados por el público, que alababa a sus elegidos y detraía a sus odiados.
Igual que ahora.
Veo que has conectado con el espíritu del artículo. Existen muchas similitudes más. Sin ir más lejos, el deporte militar, o el uso que los militares vieron enseguida en la práctica deportiva.
La marcialidad del deporte es un hecho. Tan sólo he pretendido reflejar las sintonías más evidentes.
La reflexión que pretendía hacer llegar se encuentra en el último párrafo. Dejemos de aplicar máximas guerreras al mundo del deporte y tal vez consigamos una pequeña pero interesante mejora.
(Es interesante leer una crónica de un encuentro deportivo. Cuando el relator pretende ensalzarnos las maravillas vividas, se deja llevar y adopta un tono épico, como si de narrar una epopeya se tratara).
Hoy voy a ser extremadamente breve, Luis. El deporte, como la política, es una manera civilizada de hacer la guerra. O de hacerla por otro medios menos incruentos…
A Mao Zedong se le atribuye esta frase: “La política es una guerra sin efusión de sangre; la guerra una política con efusión de sangre“.
Tu comentario me la ha recordado. A este dirigente chino (corramos un tupido velo sobre su vida, obra y milagros) se le quedó en el tintero el deporte.
Pero el Puñetas es más sagaz, y rápidamente ha puesto los puntos sobre las íes y las jotas (que también llevan punto).
Me apunto la frase, sobre la que no me cabe duda de tu paternidad.
¡Buena comparativa! El deporte, que se perfila como un instrumento de paz, ha tomado de la guerra varias de sus señas de identidad.
Así se hace complicado satisfacer los objetivos inicialmente marcados. No puedes olvidar algo si lo estás continuamente recordando.
Pero yo no creo que el deporte sea un instrumento idóneo para traer la paz al mundo, como pretende el COI.
Todo eso de guerra incruenta está muy bien. Pero no es su destino. Es como si alguien dijera que la gastronomía une los pueblos y forja amistades y puede valer para el entendimiento de los hombres.
La gastronomía es lo que es, y el deporte es lo que es también, y no pueden ser más.
Para llegar a una paz mundial hay que dejar de hacer la guerra. Pero existen demasiados intereses económicos como para que eso suceda.
Pues muy buena también tu visión del cometido del deporte y de otros juegos humanos (la gastronomía no deja de ser un juego basado en la necesidad de alimentarse).
Efectivamente, para lograr la paz no hay cosa mejor que dejar de hacer la guerra.
Pretender utilizar el deporte como excusa para alcanzar una paz también supone un interés económico encubierto.