Drogas, violencia y corrupción
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http://www.agujadebitacora.com/2007/04/drogas-violencia-y-corrupcion/trackback/HOY DARÉ un repaso a los “tres jinetes” del apocalipsis deportivo profesional: drogas, violencia y corrupción. Como he dicho en varias ocasiones, hubo visionarios a principios del siglo XX que vaticinaron un desastre para el movimiento deportivo si se aceptaba el profesionalismo.
Incluso el COI mantuvo su veto a la participación de los deportistas profesionales hasta los años ochenta del siglo pasado.
Pero el desplome de la coyuntura internacional acaecido en aquellos años supuso una escasez de recursos económicos para este organismo internacional, lo que le llevó a mirar con buenos ojos la vía profesional del deporte.
Ha transcurrido casi un cuarto de siglo desde los JJOO de Los Ángeles (1984) y la profecía de los precursores del movimiento deportivo lleva tiempo vislumbrándose.
Gran parte de los recursos económicos que han aportado los deportistas profesionales a la sede del COI son destinados a la lucha contra el dopaje.
No me voy a poner una venda en los ojos (es algo que no hacemos los descreídos); es de justicia reconocer que el dopaje ya existía mucho antes de la entrada del deporte profesional en los JJOO. En realidad la búsqueda de una poción mágica para ganar a los rivales —sean deportivos o militares— viene desde la antigüedad.
Los hoy llamados países del Este —en aquellas fechas nos referíamos a ellos diciendo que estaban detrás del Telón de Acero, aumentando así el misterio y la distancia— tenían programas nacionales destinados a encontrar sustancias que mejoraran la performance del deportista (que así se llamaba entonces el rendimiento deportivo), no todas ellas susceptibles de ser prohibidas necesariamente.
Los éxitos deportivos eran una cuestión de Estado. Pero con el fin de la Guerra Fría “la necesidad” de estar siempre en los puestos de honor en los medalleros ha desaparecido, quedando esa necedad en la memoria de los países mediocres, entre los que posiblemente se encuentre nuestra España.
No sólo se trata de que cada individuo particular rinda en la competición por encima del ciento por ciento, sino también de recuperar al capitán del equipo lo más rápidamente posible tras una lesión. Así vemos que los médicos (que no dejan de ser científicos) nos dan por toda explicación que fulanito ha tenido una “recuperación milagrosa”.
El segundo jinete viene armado con una violencia desbordante en todos los niveles. Violencia en la cancha (como el puñetazo de David Navarro) que siempre tiene reflejo en la grada (entiendo que de esto sobran ejemplos). En muchas ocasiones es la violencia de la grada la que invade la cancha, como la agresión sufrida por Frank Lampard.
Las expectativas generadas en torno a una posible victoria y la consiguiente decepción por la derrota hacen que algunos integrantes de la masa, humildes padres de familia y civilizados empleados de banca en otras vidas, actúen más allá de las críticas legalmente entendibles.
La violencia que se genera en el deporte profesional es un hecho, una realidad de la que la Unión Europea hace tiempo que ha tomado conciencia creando el correspondiente Comité Permanente.
No es habitual que esa violencia se dé fuera del mundo del fútbol, pero tampoco es exclusiva de este deporte. Ni es privativa del fútbol profesional; se da por imitación en diferentes categorías, siendo sintomático que incluso se vivan momentos excesivamente tensos en campeonatos de barrio. Un completo sinsentido…
La violencia en el deporte de elite se da también en los vestuarios, entre compañeros o entre entrenadores y entrenandos. Y se da también en el entorno familiar, aunque de esto me ocuparé próximamente.
Se ha hablado aquí largo y tendido —y lo que queda aún por hablar— de estas dos lacras del deporte profesional. Pero a partir de hoy le vamos a dedicar tiempo también a la corrupción, que hasta ahora nos habíamos limitado a mencionar.
La corrupción en el deporte profesional no se limita al amaño de partidos, carreras y encuentros deportivos —mucha literatura ha levantado el mundo del hampa en torno al boxeo de mediados del siglo XX—. La corrupción en el deporte profesional tampoco se queda en las apuestas, principal foco del apaño de competiciones.
La corrupción introduce sus tentáculos en todo mundo profesional, y el deportivo —tan fácil de corromper y tan poco vigilado— no iba a ser la excepción.
Vemos pelotazos urbanísticos por mor de los cuales surgen ladrillos donde antes no había más que césped y gradas. Vemos federaciones españolas que construyen ciudades deportivas que finalmente han de ser derruidas abandonadas (ver noticia del 22.11.2006).
La corrupción en el deporte profesional lleva también a manejar el valor del mercado. Algo así como el delito de “alterar el precio del dinero”. Aquí se trata de alterar al alza el valor de mercado de un jugador.
Corrupción en el deporte profesional debe ser también la especulación con niños. Y si no, al tiempo. De momento es algo que los grandes clubes de fútbol de Europa están haciendo impunemente cobijados bajo el paraguas de una mal entendida “caza de talentos deportivos” y un pretendido beneficio para el niño y su familia.
En los Emiratos Árabes ya se ha puesto remedio a lo que era una tradición y un completo atentado contra los Derechos del Niño. Aquí aún seguimos empecinados en creernos nuestros propios sermones.
3 de abril de 2007
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Es un comentario muy elaborado. Es verdad que la droga, la corrupción que se ha relacionado con los pelotazos urbaníticos y la violencia, como si fuera poco han logrado que la esencia del deporte se haya perdido. Es evidente que se ha convertido en un ámbito de la especulación para ganar mucho dinero, aprovechando al máximo la Ley del mercado. Sin embargo, lo más preocupante, y creo que se ve en prácticamente toda España, son los padres que a costa de cualquier cosa, incluso de actitudes violentas e insultos, pretenden que sus hijos lleguen a emular a Maradona y consigan la felicidad artificial de ser famosos y convertirse en multimillonarios. Ahí está, como muestra, la figura lamentable de Diego Armando Maradona, un ejemplo de lo que puede conseguir la popularidad del fútbol y la droga. La violencia en el deporte es, sin lugar a dudas, otra de las lacras que desvaloriza aquél movimiento romántico del olimpismo promovido por el barón Pierre de Coubertin, pobre hombre sería si levantase la cabeza ahora en estos tiempos.
Has puesto el dedo sobre la llaga del artículo que escribiré este próximo viernes. Las exigencias de los padres hacia sus hijos llegan a casos extremos, como hemos visto recientemente.
Sobre Pierre de Fredy, barón de Coubertin, y su “romántico movimiento” creo que su figura se ha idealizado en extremo.
Pensemos que este personaje era un misógino declarado y convencido, para quien la mujer no tenía cabida en el deporte.
Tampoco podemos olvidar que era un aristócrata aburrido, miembro de la nobleza europea, que deseaba hacerse destacar. La emprendió con el movimiento deportivo como podía haberlo hecho con cualquier otra cosa. Simplemente retomó algo que otros habían intentado hacía bien poco. El resurgir de los JJOO de la Grecia clásica no fue idea original de él; ya se habían producido algunos conatos con anterioridad.
Es necesario recordar también que el concepto de amateurismo en aquella época era diferente al que hoy entendemos por tal. Que los deportes se restringieran a los amateur significaba que no podía participar nadie que tuviera que trabajar con sus manos para ganarse la vida.
Fue posteriormente que se transformó el concepto (cuando las clases obreras accedieron a la práctica de algunos deportes y superaron a los aristócratas) y se entendió por amateur aquellos que fueran “amantes” del deporte, es decir, aquellos que competían por amor a lo que hacían y no para ganar dinero con ello.
El deporte en tiempos del barón era elitista. Sólo lo podían practicar unos ciudadanos muy escogidos. Los demás o no tenían tiempo (no existía la jornada de 35 horas semanales) o no se les permitía participar.
Por eso decía que se ha idealizado en exceso la figura de Courbertin y del olimpismo moderno.
Gracias por tu comentario y espero que sigas leyendo y participando en esta bitácora crítica hasta el exceso con el mundo del deporte.
Tengo claro que el actual estado de cosas en el deporte no será eterno. En algún momento se va a producir un cambio. Quizá se trate de un cambio drástico, quizá sea un cambio paulatino. Pero sea lo que sea no creo que el mundo deportivo profesional pueda evolucionar desde la actual coyuntura hacia otro estadio. Más bien me da que deberá involucionar hacia un estadio anterior para tomar un nuevo derrotero. Actualmente la cosa tiende a desbordarse y llevarse por delante las infraestructuras deportivas internacionales.
Singular enfoque que me veo obligado a compartir. De seguir así las cosas asistiremos a verdaderos dislates. De hecho ya estamos asistiendo en Europa a patrocinios institucionales para el deporte profesional, cuando a ninguna Administración se le ocurriría pagar para que un edificio de una empresa tomar el nombre de “Reyno de Navarra”, por poner un ejemplo sobre el que tengo pensado volver a extenderme.
La pocíón magica ya la usaba en el año 50 A. C Asterix y sus amigos galos y les daban buenos resultados en su lucha contra los romanos. Quizas lo que diga sea impopular y quizas no sea politicamente correcto pero en mi humilde opinión el dopeje debería de ser legal y no debería de pasar nada si alguien gana usando gasolina super en vez de sin plomo. En lo que no estoy de acuerdo por ejemplo es en quitarle la victoria del Tour de France al americano que lo había ganado en 2006 por ir dopado.¿ El quedo primero, no? y ya no hay marcha atras sin gano pues gano y punto. El gallego que quedo segundo y despues le dieron la victoria, ( creo que eran compañeros de equipo) tampoco estaba agusto con una victoria asi.
Yocreo, como ya comento en otro articulo de esta bitacora que en lo que deberían de meter realmente caña es el tema de la violencía y punto, más multas y más multas a los energumenos que la arman y ya esta.
Tambien creo que se debería de tomar medidas en el acoso a los jovenes deportistas realizado por sus progenitores y entrenadores, tal es el caso de la nadadora ucraniana con su padre el otro dia, ya esta gente se la debería de sancionar fuertemente.
Tu punto de vista es compartido por numerosas personas. Permitiendo el dopaje (evidentemente no el 100%) se posibilita el control sobre el estado de las sustancias que se introducen en el organismo. Y también se conseguiría algo más importante, y es la igualdad de oportunidades para todos. Ya he dicho en otra ocasión que hoy en día gana el que mejores médicos tiene. Y algo importante, los precios de estos productos no estarían sujetos a la truculenta oferta que supone el mercado negro.
Creo que te gustará este artículo que escribí en junio 2006: Dopaje profesional.
Regreso de la Semanilla Santa, tiempo de recogimiento, paz, amor y torrijas, y veo que tú sigues al pie del cañón llueva, truene o salga el paso de la Virgen de la Cococha en pleno viernes santo.
Dejando al lado la broma, veo que le hincas los incisivos a los tres jinetes del apocalípsis deportivo: violencia, dopaje y corrupción. Bueno, el deporte no se practica en la luna o en Marte, si no en la mismísima tierra, así que está impregnado de todo lo que le rodea.
Como hablas (hablamos) desde nuestras civilizadísimas sociedades occidentales, si en ellas impera la violencia, la corrupción y el dopaje, ¿qué vamos a esperar en el deporte? ¡Pues otro tanto! Lo de la violencia y la corrupción está claro como el agua mineral. Lo del dopaje, quizás tenga otro nombre, pero yo prefiero mantenerlo. Si se practicase un control antidoping a cualquier ciudadano, no le dejarían jugar ni al mus. Una simple pastilla contra el dolor de cabeza, un spray contra el asma, una crema antiarrugas, una simple medicina para el catarro les pondrían de dopado hasta las cejas. ¿Qué comemos ya, si no pollos dopados, ternera dopada, lechugas dopadas con pesticidas y drogas varias? ¿Qué alimentos culturales e intelectuales nos tragamos si no programuchas telecaquiles cargados de colesterol, trigliceridos, urea y glucosa a manos llenas? ¿Qué ocio, y deporte, disfrutamos -como en esta Semana Santa- en que salimos escopeteados buscando y exigiendo a la naturaleza un rayo de sol para poder bañarnos en pleno mes de abril, como si la Naturaleza fuese gilipollas y se adaptase a nuestros gustos? ¿Y qué hacemos matándonos vivos con un cubículo de 4 latas, al que adoramos como un becerro de oro y que es más letal que la morfina, la coca, la marihuana y todas las drogas juntas que podamos imaginar?
No quiero extenderme porque, tras diez días de descansillo, me saldrían agujetas en los dedos, pero espero que se me entienda bastante bien. Los tres jinetes del apocalípsis siguen vivitos y coleando más que nunca y ni siquiera son capaces de respetar algo -en principio- tan noble como el deporte.
Pues sí. Estos tres ángeles caídos (y alguno más) revolotean a sus anchas por entre las miserias humanas. Y el deporte profesional tal vez sea la mayor de las miserias que hayamos inventado [y ahí queda este pensamiento para que quien quiera le dé vueltas].
Sobre mi prolífica semana ¿santa? ya ves que este martes he faltado a mi cita. Mi empeño en etiquetar todos los artículos a propuesta de harald —¿dónde estás que no te veo?— ha consumido mi tiempo en Internet (por fin están todos etiquetados a falta de una revista posterior). Y un acúmulo de tareas en el trabajo ha impedido que le pudiera dar mente y dedos al escrito del martes.
Bueno, sienta bien esto de hacer novillos una vez que se ha conseguido acallar al gusanillo de la conciencia…
MUY BUENO
LOS DATOS EXELENTES
Gracias por los elogios.