Deporte: juego o competición
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deporte municipal | deporte profesional | dopaje | Administraciones publicas
Hay que asumir los errores arbitrales igual que se asumen los propios
Jacinto de Sosa
DECÍA AL final del último artículo que los niños disfrutan jugando porque el objetivo es divertirse, y que no disfrutan compitiendo porque el único objetivo es ganar.
Y en ese juego del ganar, los niños no son más que meros comparsas. Los que ponen toda el alma en la competición son sus papás y, ¡cómo no!, sus entrenadores y entrenadoras (usemos el lenguaje no sexista también para las críticas).
Ya he hablado hace tiempo de las componendas de los entrenadores en las victorias de sus pupilos. Aunque tal vez se vayan mereciendo ya un artículo recopilatorio.
Pero hoy, sin mucha gana de escribir nada (esto de ser bitacorista no siempre es tan guayante como debería), tan sólo quiero rejuntar dos líneas de pensamiento a las que he hecho alusión hace bien poco en esta bitácora.
Me tomé la molestia de analizar los programas políticos en materia de deportes de los tres partidos que cuentan con mayor número de votos en el ámbito nacional y de darles un tirón de orejas a nuestros políticos por su poca valentía a la hora de presentar una propuesta seria y diferenciada de lo que ya existe.
Y aquí es donde confluyen esas dos perspectivas deportivas: el deporte de base, en el que los niños son la materia prima, y los ayuntamientos españoles, a los que se les llena el buche cuando dicen ser la Administración más cercana al ciudadano, cosa cierta por un lado pero poco verdadera por otro.
El objetivo del deporte municipal no es formar campeones. No es ni lograr al ferrarín de turno ni tampoco homenajearle cuando alguna diosa del Olimpo le sonríe y le hace popular entre los vecinos.
El objetivo del deporte municipal es formar personas; formar ciudadanos democráticamente sanos, que sepan respetar las normas del juego —sea fútbol o sean las elecciones municipales—, que sepan arbitrar y aceptar el arbitraje, que sepan detenerse y ayudar al rival caído, que sepan planificar y sepan asumir sus roles en el equipo, que sepan reconocer el valor de los vencidos y que sepan felicitar a los vencedores…
¿En cuántos campos de entrenamiento infantil se enseña a aceptar la frase que encabeza este escrito?
En fin, que la labor de los ayuntamientos es formar personas ética y moralmente sanas para una sociedad que lamentablemente cada vez está más volcada en el pancismo, donde el éxito propio sólo se entiende a costa de la derrota de los demás, donde sólo se sabe competir y se han olvidado los valores de la cooperación y la colaboración.
La imagen que nos devuelve el espejo del deporte de elite y del deporte profesional a través de los medios de comunicación no es más que una imagen distorsionada de los valores del deporte, donde lo único que importa es ganar. Ganar a quien sea, y como sea.
Da igual ganar de penalti injusto que metiendo un gol con la mano en un campeonato del mundo. Incluso se hace apología de la trampa como medio válido para ganar desde el momento en que se ensalza al personaje que en vez de cabecear mete gol con la mano. Se alaba su habilidad, se ríe su ocurrencia, cuando en realidad lo único que ha hecho es trampa.
Últimamente se ha extendido el epíteto “tramposo” para denominar a quien da positivo en un control antidopaje sin pararse a pensar que tan tramposo como él pueden ser los demás, que simplemente han tenido la suerte de no ser “atrapados”. No podemos olvidar que tramposos por dopaje son también gran parte de los que concurren a una plaza de la Administración pública para la que se exija superar unas pruebas físicas.
Los valores del deporte no son los valores del deporte profesional. Puede que todo sea deporte —hay quien defiende que el deporte profesional, por definición, no es deporte—, pero no han de compartir necesariamente los mismos postulados.
Las Administraciones locales, por mímesis o/y por conflicto con la Administración inmediatamente superior, tratan de exportar a sus vecinos la faceta competitiva del deporte. De las 18 leyes del deporte que tenemos en España ninguna confiere atribuciones a los ayuntamientos en deporte competición (dos o tres contemplan la competición municipal, pero no la definen convenientemente).
Los concejales que salgan de las urnas el próximo 27 de mayo deberían leerse y entender la ley del deporte de su Comunidad autónoma.
Ayer eran ciudadanos de a pie y mañana serán señores y señoras concejales pero con los mismos conocimientos de hoy. Las urnas no dan saber, y el que nace zoquete muere zoquete y a lo más que puede aspirar es a ser más zoquete todavía. Da igual que le pongas la gorra de un general que los galones de un concejal.
Otro día, con más gana, hablaré de los beneficios que reporta la práctica del deporte. Demostraré entonces que el deporte de competición no cumple con las expectativas depositadas en la práctica deportiva. Lo que sí reporta beneficios a sus practicantes es la práctica del deporte juego.
Atención a esta antítesis —deporte competición y deporte juego— que puede parecer banal pero es de lo que se va a hablar en los próximos años. Al menos en lo que a los ayuntamientos se refiere.
17 de abril de 2007
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Esa iniciativa de cambiar el actual marasmo deportivo municipal ha de venir de arriba. Quienes tienen la capacidad para dar un giro a las actuales tendencias en la política deportiva municipal son los políticos nacionales. Los políticos municipales, salvo en cuatro ciudades, están subordinados a las directrices que les llueven del escalafón.
Como ya has dicho hace bien poco, el deporte no da votos y sí da problemas y trabajo. Que el político municipal saque su tajada arrimándose a la foto con el campeón local es lo propio habida cuenta de la escasez de ideas, que no de recursos.
Si te presentas por alguna lista no dejes de decírmelo, que te votaré, jajaja.
Creo que yo me encuadraría siempre en el sector crítico y no en el oficialista. Dar semejante paso sería cambiarme de barrio, cosa que no me lo lleva el cuajo. Tampoco nadie me lo ha pedido, pero mi respuesta hubiera sido “no”. Hace un tiempo alguien vino sugeriéndomelo y mi respuesta fue “no”.
¿Te imaginas una Aguja diciendo que todo va bien y que qué bonito es todo y que qué bien lo hacemos? Pues eso.
Comparto tu punto de vista. El cambio ha de venir desde arriba. De ahí que en su día criticara los programas marco municipales de los tres partidos que ya sabes.
Espero que en algún momento alguien se plante y diga que hay que cambiar de camino que por el actual no se va a ninguna parte. Existe demasiada tensión en el deporte base actualmente, como reconoce Roxin más abajo. Eso no puede ser bueno para la sociedad. A ver si alguien empieza a darse cuenta y se decide a introducir cambios.
Es un cometario bastante acertado el que has puesto esta semana en la bitacora, aguja, y la verdad es que estoy de acuerdo contigo en que en los deportes en edad infantil deberían de enseñarles a los niños normas de juego y saber comportarse con los contrincantes y explicarles que deben de respetar a los adversarios pierdan o ganen.
Yo he jugado al fútbol en los equipos de mi pueblo desde los ocho a los diecisiete años y la verdad es que guardo recuerdos gratificantes de aquella epoca, los viajes a en autobus, los juegos con los compañeros durante el trayecto, los partidillos etc pero tambien me acuerdo de cuando eramos cadetes de ciertas madres y padres que insultaban a los adversarios cuando el equipo de su hijo iba mal y los abuacheaban. Tambien se mateían con los arbitros, muchas veces chavales que apenas llegaban a los veinte años, y ofrecían un espectaculo lamentable y deplorable, bastante vergonzoso. Y digo yo : ¿ que se va esperar de estos chavales cuando sus propios padres no saben respetar a los adevrsarios? ¿ a caso esto es deporte limpio y es una actitud deportiva ?. Yo creo que a parte de entrenar y hacer deporte en los equipos de crios se les debería de enseñar a comportarse y a respetar a los demás.
A mi juicio compete a las Administraciones locales iniciar ese camino dando ejemplo. Mientras sigan premiando en la martingala de deportes del municipio a los que han destacado en sus disciplinas están concienciando a los demás (compañeros, padres, entrenadores…) de que lo único que vale es la victoria.
Esa labor es competencia de las federaciones, que a pesar de ser asociaciones privadas tienen delegadas ciertas competencias administrativas. La labor de los ayuntamientos, como ya he dicho, ha de ser formar ciudadanos sanos. Lo pueden hacer a través del deporte o de diversas iniciativas. Pero mientras la Administración más cercana al ciudadano continúe vendiendo la imagen de los campeones, seguirá apartándose del camino que le corresponde seguir.
Pues menos mal que no tenías ganas de escribir… Lo has clavao, macho y me has dejao sin argumentos porque los esenciales los has puesto encima de la bitácora. Yo incidiría, sin embargo, en una cosa nada baladí: el carácter competitivo que han metido a los enanos. En eso ando dándole vueltas estos días para una cosilla del Arco. Los chavales son como las esponjas, se lo tragan todo y todo lo asimilan, lo bueno y lo malo, lo consciente y lo inconsciente, y esa competitividad feroz que existe en los medios, en la calle y en el deporte les tiene también a ellos comido el seso. De poco vale que en la escuela (un remanso de paz, donde muchos profesores se ven negros para educar en otros labores que no sean los socialmente mayoritarios) se insista en el juego, se recuperen tradiciones y actividades clásicas, no se evalúe la educación física, se mezcle a los chavles y chavalas en la práctica del ejercicio, se realicen actividades alternativas (yoga, orientación, tenis de mesa…), etc. Al final, cuando los críos dan rienda suelta a lo que llevan dentro (en los recreos) sólo existe el fútbol y todos los execrables comportamientos que éste lleva consigo. Seguiré dándole a la pelota para sacar un par de tristones comentarios pues por mucha azúcar que se le quiera poner al pastel, bien soso e incomestible se queda.
En cierta ocasión una madre me dijo que había que hacer competitivos a los niños porque la sociedad era competitiva. Le contesté que la sociedad era competitiva porque los adultos la habíamos hecho competitiva. Y que tiempo tendrían los niños de ser adultos.
No sé si te valdrá para el artículo que tienes en mente.
Me da que te has hecho trampas a ti mismo. El otro día nos decías que para que una actividad sea considerada deporte tiene que haber una competición. Hoy en el título te preguntas (o yo al menos lo entiendo como una pregunta) si el deporte es juego o competición. Si los ayuntamientos apuestan por el juego entonces no estarán fomentando el deporte. (Aunque por otro lado no sé quien va a decir que jugar un partido de fútbol, de baloncesto o de bolos (sin competición por el medio) no es deporte). Pues eso, que ya me contarás por qué te llevas la contraria a ti mismo. Aunque he de decir que entiendo lo que expones y que me parece que sí, que los ayuntamientos no pintan nada premiando a los musculitos del año. Que los premie la federación o la prensa.
Sí, me he hecho trampas, jaja.
El otro día utilizaba el término deporte de manera formal y hoy lo he usado de manera coloquial.
Lo expones perfectamente. Si la labor de las Administraciones locales en materia de deporte se basara en potenciar el juego y no la competición, en esencia no estarían fomentando el deporte (ya dije que para que una actividad sea considerada deporte se requiere la presencia de un reglamento y de una competición).
Pero nadie notaría la diferencia, jaja.
Ocurre que incluso cualquier ley del deporte (tenemos 18) utilizan el término con cierta ambigüedad en algún articulado y con rigor en otros. Cuando hablan de las competencias de la Administración local no citan el elemento competitivo y sí otras facetas de la actividad física reglada. Y cuando hablan del reconocimiento de federaciones (nacionales o autonómicas) se ponen de lo más estricto; que si implantación real de la especialidad, que si reconocimiento institucional de la modalidad, que si número de licencias o/y clubes…
En el título no me preguntaba si el deporte es una cosa u otra. Más bien pongo a los ayuntamientos en la disyuntiva de elegir. Si eligen mal caerán en contradicciones.
Por ejemplo: ¿porqué dan ayudas a los deportistas destacados del municipio y no las dan a los niños superdotados o a los músicos, científicos o investigadores que también sean vecinos del término municipal? ¿Simplemente porque la prensa no recoge sus gestas en sus respectivas materias?