[o por qué no se puede llamar hijo puta a un árbitro]

CONTARÉ DOS anécdotas que me fueron relatadas por personas de mi total confianza, por lo que no me cabe la más mínima duda sobre su veracidad.

La primera transcurre en el País Vasco, en el primer lustro de los años ochenta.

A.S., con el que he perdido contacto hace mucho tiempo, era (y seguirá siendo) el ante último de los cinco hermanos de una familia bien. Cuatro chicos y una chica, la benjamina, todos ellos implicados en el deporte.

La joven era jugadora de baloncesto. Mi amigo de entonces, A.S., era practicante y árbitro de un deporte desconocido a la sazón y que hoy todo el mundo conoce por el nombre de kickboxing.

Uno de los hermanos era árbitro de rugby, otro era árbitro de baloncesto y el que me queda —protagonista de esta historia— era árbitro de balonmano.

Tan curioso como cierto. Los cuatro chicos eran árbitros. En más de una ocasión el árbitro de baloncesto hubo de advertir a la federación que no debía arbitrar el partido que tenía asignado porque en uno de los equipos jugaba su hermana. (En aquellos años la informática se conocía por los tebeos).

Dado que los tres deportes de equipo tenían jornada liguera todos los fines de semana, los padres se movilizaban por la provincia para ir a ver actuar a alguno de sus hijos. Tenían como tradición comer en la localidad en la que se disputaba el encuentro con A.S. y el hermano de turno (incluida la chica, lógicamente).

No es que A.S. fuera un pelota, sino que los combates de kickboxing no se celebraban con la regularidad de una liga, por lo que A.S. disponía de tiempo para estar con sus padres los fines de semana. Debo decir que todos, salvo el mayor que vivía independiente, eran universitarios y residían en el solar familiar. Pero la vorágine de cada Facultad hacía que apenas pudieran verse los días de diario.

Cierto fin de semana se encontraban en una populosa localidad presenciando un encuentro de balonmano senior de liga regional. El hermano de A.S. era uno de los trencillas del partido.

Las acciones se sucedían a la velocidad propia del balonmano y el equipo local por lo visto no lo estaba pasando muy bien. Se aproximaba el momento del pitido final y la tensión en el entorno de la cancha iba en aumento.

A.S. y sus padres contemplaban el encuentro sin pasión alguna, como correspondía a su situación. Estaban bastante tranquilos disfrutando de los lances y las alternativas de que gozaba cada equipo dado lo ajustado del marcador.

Un grupo de muchachotes de unos veintitantos años, y que llevaban un rato vituperando la labor arbitral como respuesta a lo adverso del resultado para los locales, estaban próximos a esta familia. En aquellos años no todos los pabellones de los pueblos disponían de grada, sino que una barandilla solía limitar el acceso a la cancha. Por este motivo todo el público estaba de pie, apoyado de una u otra manera en la baranda.

Aquel grupito cercano a los padres de mi amigo estaban empezando a perder los papeles, y a la vez que imprecaban a los árbitros comenzaron a zarandear la barandilla.

En un momento dado uno de los jóvenes increpó al árbitro cuando pasaba por allí y gritó: “¡Árbitro, hijo puta!”.

Y dicho y hecho. Nada más proferir el insulto, y sin mediar palabra, la madre de mi amigo da dos pasos en dirección al deslenguado y le llama la atención: “¡Oiga!”.

Según el chaval volvió la cara para mirar a la mujer un tremendo bofetón le estalló en la mejilla. La mujer le miró indignada y levantando un dedo hacia su cara aclaró: “¡Soy su madre!”.

¿Había dicho dos anécdotas? Bueno, creo que ésta vale por dos… De todas formas la próxima semana me animaré a contar la otra.

24 de abril de 2007

He oído en alguna parte que este fin de semana ha habido 24 ó 27 muertos en la carretera. Eso en vísperas de un fin de semana con puente. El carné por puntos se ha demostrado ineficaz (como preveíamos todos salvo cuatro carcas de la DGT). Para el único tráfico que ha servido es para el de dinero negro a costa de la venta de puntos.

¿Cuándo se darán cuenta en la DGT que han perdido el norte? ¿Cuándo se darán cuenta de que en los controles de alcoholemia la cocaína y las drogas de diseño no dan positivo? ¿Cuándo echarán a carcamales como Ignacio Campomanes, Jefe Provincial de Tráfico en Asturias?