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 Acoso deportivo

Viernes, 13 de Abril de 2007  |   la aguja  |   Hay 8 comentarios
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HACE UNAS semanas asistimos —a través de la Internet— a la agresión de un padre a su hija con el campeonato mundial de natación como telón de fondo. (Bar Deportes ofrece el vídeo de la agresión).

Sonreí de lado como quien ve confirmada su denuncia y cabeceé con un gesto de reproche.

En las imágenes vimos que el hombre golpeaba a la muchacha y que ésta se defendía llegando a lanzar golpes a su progenitor, lo cual me hace pensar que tal vez no fuera la primera vez que esta situación ocurría en la vida de la jovencita.

Se da la circunstancia de que este padre es también el entrenador de la chica. En un primer momento se elucubró con la posibilidad de que el detonante de la agresión hubiera sido la eliminación de esta chavala de 19 años que se vio así apeada de la final.

En Australia, que no se andan con chiquitas, la Administración actuó de oficio a pesar de que se trataba de dos súbditos de un país extranjero.

Poco después el padre explicaba con toda la cara del mundo —y seguramente asesorado por algún desfacedor de entuertos— que el motivo de la disputa era solamente una riña familiar.

Contaron que el motivo de la pelazga fue que este hombre, por lo visto muy celoso de la vida privada de su hija, quería que la joven abandonara a su novio y que ella se oponía. Toda esta supuesta escenificación tenía lugar con la cría luciendo aún el bañador de competición, en una sala de la instalación acuática y recién eliminada de la competición.

¿Y esperan que esta Aguja se lo crea?

El ataque del padre es incuestionable. Independientemente de los motivos, ficticios o reales, no creo que merezca menor reprobación si el hostigamiento fue por razones familiares en lugar de deportivas.

Espero hacerme eco de la opinión pública diciendo que el detonante —démosle validez— de exigirle que deje al novio se origina en la eliminación del campeonato. Entiendo que era el momento de consolar a su hija por el revés deportivo y no de recriminarle nada.

Y aquí quería llegar, porque esa frustración del padre y entrenador no es que se dé en Australia, en el marco de un campeonato del mundo y por súbditos ucranianos. Ese mismo acoso se da en España, en campeonatos regionales y por ciudadanos con los que convivimos a diario.

Hablar del fútbol es fácil, porque todos sabemos que en un partido de infantiles hay media docena de padres oficiando de entrenadores en la banda. La posibilidad de que el hijo le salga a uno futbolista de los del millón lleva a que haya padres que vean con buenos ojos el abandono paulatino de los planes de estudios por parte de sus hijos.

Pero lo mismo pasa en golf y en tenis, deportes en los que también es posible que un hijo retire a su padre de la vida laboral si se coloca en la pomada.

Yo lo he visto en atletismo —sigo hablando de categorías infantiles— y me dicen que se vive también en piragüismo.

La denuncia que hoy quiero hacer pública es el acoso moral que viven miles de niños en España por la avaricia de sus progenitores que piensan más en el retiro prematuro de toda vida laboral que en la salud mental de sus vástagos. Quizá creyendo que las maravillas que nos relata a diario la prensa rosa deportivesca serán la panacea de sus hijos.

Pensemos que el extremo que hemos vivido a través de las imágenes de Internet es el desbordamiento de una situación previa, que ha pasado de lo moral a lo físico ante la frustración de las expectativas depositadas en la hija.

Hay jóvenes que están siendo presionados de forma vil por su entorno familiar. El agravante es que no pueden escapar de ese entorno. Sí pueden cambiar de entrenador, pero no es tan fácil cambiar de padres.

Los niños en categorías benjamín, alevín e infantil están capacitados para jugar; y disfrutan jugando porque el objetivo es divertirse. Sin embargo no están preparados para competir. Y no disfrutan compitiendo porque el único objetivo es ganar.

NOTA: La FINA no es la plegadiza y acartonada FIFA, y ha suspendido a este subnormal por espacio de seis años.

16 de abril de 2007

Postdata: Ya tenemos el mobbing, el bullying, el bossing (acoso laboral de los superiores jerárquicos)… Habrá que buscarle un nombre al acoso deportivo para que sea tomado en serio. Y ya que el palabro deberá tener —para ser creíble— raíces anglosajonas, propongo el greeding para patentizar la codicia de los padres.

El principio de la sabiduría radica en darle a las cosas el nombre apropiado
Proverbio chino



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Comentario de Luis Muiño

Muy bueno el artículo. Y sí, estoy contigo: los menores son siempre los desprotegidos. Lo están porque están en manos de sus padres y lo están socialmente porque nunca tendrán poder para crear su propio lobby. Me gusta el término, aunque no sé por qué es tan inevitable que les pongamos nombres en inglés a asuntos que son tan universales.

Comentario de la aguja

No sólo la presión viene por parte de los padres. También por parte del entrenador y de los directivos del club. Pero esto queda para más adelante. Como ves, el niño es víctima de una situación social que se justifica a sí misma y que se cierra sobre él.

Sobre los términos en inglés diré que tengo la opinión de que las palabras se van “quemando” cuando adquieren una aplicación en un contexto específico. Una vez que una palabra adquiere una connotación dada puede llegar a convertirse en un vocablo tabú en algunas esferas. O dar lugar a equívocos entre su uso genérico y específico ya que serán bastante similares.

Así pues, podemos dejar que las palabras inglesas se vayan connotando ellas solas en nuestro idioma y permitir así que las nuestras sigan manteniendo toda su fuerza y su pureza.

Evidentemente eso dará lugar a un mestizaje lingüístico. Pero, ¿qué otra cosa se puede esperar en un mundo como el que nos espera en el siglo XXI?

 
 
Comentario de Séfora

Como bien decía un oso llamado Favila: “Ocúpate de saber en manos de quién están tus hijos. No dejes que por falta de escrúpulos o ignorancia los profesionalicen.”

Yo nunca tuve ese problema. Huía de las enseñanzas de mi padre, en cuanto a deporte se refiere, por verle más como un padre que como un entrenador y todos sabemos que a los entrenadores no se les debe reprochar.
Quizás somos demasiado parecidos como para darnos la razón en ciertos puntos y así quedar a la par.

Comentario de la aguja

Como ves el asunto de la “profesionalización infantil” sigue candente muchos años después de aquellas viñetas en las que aparecía Favila.

He de decir que aquel cómic consiguió su objetivo, que no era otro que hacer pensar a los padres por un momento en el ficticio destino deportivo que les esperaba a sus hijos.

Esta bitácora tal vez llegue a más número de personas que aquellas mil revistas (he descubierto estos días que estamos en torno a las ochocientas visitas diarias, pero ya saben por aquí que esto de las estadísticas bitacoriles no es para mí más que una curiosidad que no dejaré que se convierta en morbosa). Llega a más personas pero lo hace de forma menos localizada de lo que podía hacerlo aquel trabajo editorial, por lo que su efecto no es comparable.

De aquel cómic y del artículo que le precedía, escrito magistralmente por un gran amigo, se habló en muchas tertulias durante más de un mes. Y ese fue el efecto multiplicador que esta bitácora no conseguirá. Aunque siempre queda la esperanza del efecto mariposa…

 
 
Comentario de Juan Puñetas

Hay un caso que, en cierto modo, está relacionado con lo que aquí tratas, aunque en otro ámbito. El otro día, el torero español Jairo Miguel (ojo, un chaval de 14 años, al que en España no dejan torear por la edad pero sí en otros países sudamericanos) fue corneado por un toro en México, con las consecuencias de pulmón partido, a punto de llegarle al corazón la cornada y, en fin, que veremos a ver si se salva.
Hoy, en una telecaca, emitían unas antiguas palabras de su papaíto diciendo que era injusto que su hijo no pudiera torear en su país, o sea, en España. Ahora habrá que ver qué dice el menda, pero sí es cierto que al olor del dinero se pierden todos los principios y todas las vergüenzas. Si eso pasa -por ejemplo- en una actividad donde te juegas la vida ante un morlaco, ¿qué no pasará en algo teóricamente menos dañino como el deporte? (Aunque ya sabemos que muchos practicantes demasiado jóvenes del deporte competitivo acaban con el cuerpo hecho un asquito).

Lo dicho: Un asco.

Comentario de la aguja

Esta temporada comencé escribiendo sobre la muerte de un niño de 15 años (creo recordar) en un circuito de motociclismo. Entrando en la hemeroteca o yendo al mes de septiembre (desde la columna derecha en la página principal) quien lo quiera leer lo encontrará.

Esto de utilizar el genio deportivo de los hijos con fines crematísticos debería estar penado por la ley. Y lo pistonudo es que se dice hacer en base a un supuesto bienestar del niño o niña. Hipocresía.

Acabarán legislando las horas de estudio, de sueño y de juego de los niños. Y tendrá que parecernos bien si no sabemos administrarnos por cuenta propia.

Estas actividades (toreo, motociclismo, automovilismo…) en las que el joven pone un peligro su salud y su vida deberían estar prohibidas para ciertas edades.

Y las que acaparan la mayor parte del tiempo del niño con la disculpa de mejorar su rendimiento (fútbol, tenis, natación, golf…).

¿Recuerdas el caso que comentamos aquí de aquel padre que llegó a drogar a los rivales de su hijo tenista en ciernes hasta que produjo la muerte de uno de sus rivales? Por ahí está el artículo que titulé “Exceso de celo”.

Después nos escandalizamos cuando vemos aquel cuadro de Goya “Saturno devorando a sus hijos”. Aquí lo tenemos ya.

 
 
Comentario de ana

no he calificado a este artículo como muy bueno porque aún falta por poner en tela de juicio a entrenadores que “por el bien del equipo” humillan sin miramientos a niñas en plena adolescencia que, perteneciendo a un club cuyos gastos están sufragados por los propios padres(incluido el sueldo de los entrenadores), aún deben aguantar por miedo a….SEÑORES estamos hablando de niñas o mujeres, en definitiva personas, de un equipo cadete.¿Qué motivación van a tener para continuar en el deporte?, ¿quién decide y valora la labor de estos personajes también llamados “entrenadores”?…..He sido deportista y se lo que significa la palabra DEPORTE con mayúsculas, va más alla de las metas personales, un EQUIPO significa tu apoyo a los que no llegan a tu nivel y tu respeto y, por supuesto, siempre abiertos a aprender del que más sabe.

Comentario de la aguja

Por si te vale de consuelo, los entrenadores han sido puestos en tela de juicio en numerosas ocasiones en esta bitácora. Si mal no recuerdo en el quinto artículo que escribí (agosto de 2004, por lo menos) tiraba ya de algunas orejas. Y lo he seguido haciendo; en algunas ocasiones han sido ataques muy fuertes hacia ese gremio. (Puedes hacer una búsqueda cronológica de los artículos si vas a la portada de la bitácora; encontrarás las herramientas en la barra vertical).

El artículo de esta página se apoyaba en la actualidad de aquellos días (el zipizape que organizó el tipo éste) —hace ya más de ocho meses— para criticar la actitud de los padres para con sus hijos deportistas.

También he hablado en esta bitácora sobre el deporte infantil femenino; ocurre que uno es tan clásico que aún sigo utilizando el masculino plural para referirme a un conjunto compuesto por hombres/niños y mujeres/niñas. (Sólo utilizo el consabido y cansino “os/as” cuando quiero darle alguna intención al texto).

Pero se agradece tu alegato en defensa de las niñas deportistas. Los entrenadores y entrenadoras de base sólo piensan en engordar su currículo deportivo a cuenta de sus pupilos o/y… pupilos-chicas (sería una SALVAJADA llamar pupila a una niña).

Por suerte, hay excepciones, aunque la mugre que nos rodea no nos deje verlos.

 
 
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