Este verano me sorprendió una foto que aparecía en portada de un diario regional. Ya de aquella me pareció una buena ocasión para traer mi particular visión a esta siempre crítica bitácora con aspectos deportivos, pero por diferentes razones la cosa fue quedando en el baúl del olvido.
Ayer lunes me dicen que la citada fotografía ha sido premiada por la Asociación Profesional de Fotoperiodistas de Asturias.
No valoraré la belleza de la foto porque es algo subjetivo que —la verdad sea dicha— ni me va ni me viene, ni opinaré sobre temas técnicos ni sobre la oportunidad o la dificultad de la instantánea porque ya lo ha hecho el jurado al que supongo mucho más capacitado que este juntaletras.
Aunque sí me permito presuponer que a la persona que aparece retratada —y que estaba disfrutando de su vida privada— no le habrá hecho ni pizca de gracia verse en tal situación y menos aún ser completamente identificable en la portada del diario de mayor tirada regional.

Este tema de la propia imagen y de las fotografías de prensa es un debate al que llevo tiempo dándole mente (ver artículos 7.5 y 8.2.c en la ley enlazada aquí arriba). Pero me ceñiré a asuntos relacionados con el mundo del deporte.
Lo que voy a aprovechar es la información añadida de la instantánea, pues veo en la situación que se nos muestra un completo abuso. Pecando de leguleyo me atrevo a citar el artículo 7.2 del Código Civil: “La Ley no ampara el abuso del derecho o el ejercicio antisocial del mismo”.
Es verdad que las playas en España son de dominio público, cuya garantía corresponde a la Dirección General de Costas, y su acceso no se ve gravado con tasa alguna (en algunos países hay que pagar por acceder a las playas públicas, pero no demos ideas…).
Entiendo que su uso se ve afectado —entre otros— a usos recreativos, llegándose en algunos arenales a reglamentar los usos deportivos como el surfing o el voley playa, o el juego con palas, discos voladores y otros elementos lúdicos, si bien es cierto que en este sentido las competencias suelen recaer en las Administraciones locales.
Y entiendo que la práctica del deporte puede ser percibida como una práctica recreativa.
Pero la información que nos llega a través de la imagen es otra bien distinta.
Vemos una playa en la que existe afluencia de bañistas —la foto se tomó el último día del mes de julio de 2006—. Vemos también sin ningún lugar a dudas a un equipo de fútbol profesional de segunda división que se ejercita en el arenal, por lo que dudo del uso recreativo que hacen de la playa.
Y es aquí donde se establece la diferencia. Se trata de la utilización de un lugar público para una sesión de entrenamientos organizada con el agravante de que se trata de un equipo profesional ocasionando molestias a los usuarios “naturales” del dominio público.
Recuerdo de mi época de competidor que la carrera continua la tenía programada para las seis y media de la mañana, porque a las ocho y media tenía que estar en clase. Constato que los profesionales de hoy en día no madrugan tanto para ejercitarse…
Pero volvamos al abuso —que no uso— que se estaba realizando del arenal.
Los chavales del equipo —que dicho sea de paso no tienen responsabilidad en la ubicación de su entrenamiento— están en plena carrera de velocidad, y la señora ha sido sorprendida no sé si tanto por ir despistada —dice la noticia enlazada arriba— como por no esperar semejante tromba en un lugar y un momento tan inapropiado.
Me pregunto qué hubiera ocurrido si tropiezan con la dama que se ve hostigada de esta manera si ella en lugar de pararse hubiera intentado esquivarles. ¿Y qué hubiera pasado si se tratara de una persona de la tercera edad —nuestra madre o abuela— o de un niño o niña pequeños?
Reírles la gracia a estos señores no me parece serio. Tienen horas más tempranas para ejercitarse en un arenal público sin molestar a los demás usuarios. Y tienen espacios menos concurridos para ejercitarse a la hora en que lo hacían.
Me parece indignante la situación que se dio por resultar atropellados los derechos del resto de usuarios. Pero claro, se trata de los señoritos del fútbol del equipo de la ciudad.
¿Habrían sido atendidas con presteza y diligencia las protestas de los bañistas si los jugadores que se ejercitaron hubieran sido los del equipo de baloncesto o de voleibol de la ciudad, que juegan también en ligas profesionales pero cuya fuerza mediática es escasa?
El uso privativo de un lugar afectado para uso público está convenientemente regulado. Pero claro, nuestras Administraciones actúan a instancia de parte mediante denuncia o tras accidente.
¿Actuar de oficio?, ¡quia! Problemas no, por favor.
6 de marzo de 2007
(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)






![]() Versión imprimible |
![]() Deja tu opinión |
![]() ¡Comparte! |
![]() Leer comentarios |
« Culpables
Aplaudamos »

http://www.agujadebitacora.com/2007/03/a-la-playa/trackback/
















Totalmente de acuerdo, pero no me vas a ser estrecho a estas alturas de la película, amigo… Quizás las playas asturianas son un dechado de tranquilidad, por lo que un hecho como el que criticas es intolerable, pero en la mayoría de las playas del sur (yo sólo voy en julio y de diez a once un par de días a la semana), en un día de alta ocupación hay tropecientas mil personas en un palmo de terreno (pechito con pechito, culito con culito, que dice la canción), veinte tíos haciendo carreras de saltos de obstáculos, cuarenta tontainas de la mocedad con el radiocasete a todo trapo (lorailo, lorailo…), quinientos paisas ofreciéndote tallas de ébano o mantas para el invierno, quinientos tíos y tías vendiéndote agua fresquita, chuchcerías, bolsas de papas fritas y lo que les pidas; docientos tíos de la empresa de limpieza retirando porquería (pero siempre dejan sobre la arena la peor: la humana); los tontos del haba que se dedican a hacer deporte poniendo cuatro palos y jugando al voleibol o, lo que es peor, dándole a la pelota entre los bañistas; también están los aficionadillos (especialmente la chavalería) que se dedica a joder la marrana con la pelotita y la raqueta de madera, que a alguno le araña la dentadura; los tres mil gilipuertas que cuando estás entrando en el agua de puntillas, se tiran de panza y te ponen perdido y arenoso; las abuelas que no dejan de gritar al nieto que va a llamar a su madre como no se porten bien; los cinco capullos que le dan al micropedal y que no se llevan tu cuello de milagro. ¿Sigo? Y ante esta situación de “venid y vamos todos a la playa para agarrar un bonito cáncer de piel”, ¿no resulta hasta romántica -tipo “Carros de fuego”- la escenita esa de la foto, con la gachí (no se adivina si madurita o ya pocha) asustándose ante tanto músculo echado de pronto encima? Vedlo, vuesa mercé, por el lado bueno de la vida. Además, que no querrá vuesa eminencia que los mozalbetes del equipo futbolero se levanten a las seis de la mañana para entrenar como hacía usted. ¡Que son futbolistas, hombre!
PD: Y toco madera con lo de las playas del sur, porque lo mismo este año, con esto de la cultura emprendedora, nos asaltan en plena tumbona doscientos mil masajistas ofreciendo sus servicios, repartidores de publicidad del Carrefour, asistentes sociales en busca de niños abandonados, encuestadores de El País o de El Mundo, locutores para preguntarte sobre la feminidad de la coquina y así, multitud de nuevos entretenimientos y formas de hacer feliz al bañista. ¡Donde se ponga un templadito invierno…!
Pues la verdad es que sí, que en las playas del norte el espacio personal se respeta. Quiero decir que si uno ve que tiene que ponerse entre dos grupos, dejando solamente un metro largo a cada lado, pues va y no entra a la playa.
Así es que se da un caos circulatorio entre toallas, y no como en esas playas sureñas que vemos por la tele en las que las toallas están todas alineadas en la misma dirección.
Que sí, que salvo en Cantabria, donde hay playas más laaargas, en el resto del Cantábrico son playitas pequeñas, coquetas y requetemonas. Pero hay muchas, y si no hay sitio en una pues se llega uno a la siguiente.
Sobre la gachí decirle que es más bien señora que señorita, si usted me entiende, amigo Puñetas. Aunque bien pudiera ser que fuera señorita en edad de ser señora.
Lamento la pobre calidad del documento gráfico, pero es que tomé la de la edición en línea en su día y ya sabemos que la gente de los diarios profesionales ajustan la resolución de las fotografías.
En fin, que la playa es de todos y para todos; y que la libertad de uno acaba donde empieza la del prójimo. Y si uno forma parte de un grupo organizado, profesional para más señas, pues todo es permitido.
Usted mismo protesta del exceso deportivo en esas idílicas playas del sur por ser molesto para quien quiere descansar a la orilla del mar. Y porque tal vez lo que ofende es que los que hacen “deporte” en la playa son esos que no hacen deporte en el resto del año. Y porque ofenden también esas barrigas moviéndose y despendolándose sin ritmo ni compás.
En fin, que si quiere usted comprobar in situ las diferencias de estas playas norteñas con las meridionales está usted invitado a pasar unos días por estos parajes.
No tiene más que sugerirlo.
Si llevamos un grupo de niños a la playa, y les organizamos una ginkana o cualquier tipo de juego en el que los mocosos tengan que moverse mucho no dejará de haber gente que refunfuñe. Y pasado un tiempo se te acercará alguien para sugerirte que cojas a tu grupo y te lo lleves de paseo al campo, que la playa es para descansar y relajarse.
Yo quiero saber cuántas protestas recibieron las Administraciones porque estos jugadores del Sporting de Gijón ocuparan gran parte de la playa para ejercitarse en plan gladiador.
Posiblemente ninguna. Y es que el personal tiene también la culpa.
Ahora, que yo ya me he aprendido la lección. La próxima vez que coja a mis críos del campamento para ir a la playa a hacer cualquier cosa les coloco una camiseta futbolera de rayas y a dar sensación de equipo.
Pues quizá sea una solución. Como bien dices la gente tiene la culpa de que se pisoteen sus derechos por no reivindicarlos.
Pero a mí me sigue cabiendo la duda sobre la reacción de la gentes si el equipo profesional en cuestión no hubiese sido de futboleros y sí de gentes desconocidas.
A lo mejor si hubo indignación pero nadie dijo nada por tener asumido que nada iba a pasar.
A pesar de todo, a mí me sigue pareciendo un atropello, y no me refiero al hecho puntual de la imagen.
Hola aguja. creo que no hay que darle más importancía de la que tiene y en todo caso creo que es una foto un poco comica y graciosa y la chavala que sale en la foto seguro que no le ha dado ninguna importancia a salir en el periodico porque sino seguro que habría echo llegar su malestar a dicho diario.
Tambien creo que la playa de San Lorenzo de Gijón que es la de la foto es una de las playas de mayor afluencía del Cantabrico y no creo que la gente se alarme porque el Sporting salga a correr por dicha playa ya que cada uno hace lo que crea conveniente en la playa hasta cierto punto claro.
Un saludo
Creo que su majestad ya chochea hasta el punto de parecer contradecirse en el último párrafo.
Si “cada uno hace lo que crea conveniente […] hasta cierto punto” entonces es que la libertad de hacer lo que a uno le venga en gana está limitada (como todas las libertades).
Sobre la señora que aparece en la fotografía dejaremos que sea ella quien decida sobre la utilización de su imagen para vender diarios. Espero que no sufriera del corazón y pueda haberse sobrepuesto del susto que parece haber recibido para así poder opinar seis meses después.
Porque a las playas españolas también van gentes que padecen del corazón, ¿sabe usted? No todos tenemos la posibilidad de acudir a playas privadas rodeados de guardaespaldas. Entre otras cosas porque las playas deben ser públicas y accesibles, ¿verdad?
Pero a ver si este año es el Mallorca el que se concentra en su playa de usted a la hora en la que su chocheante majestad ha decidido descansar, y hacen series de velocidad sorteando a sus nietecitos cuando éstos correteen entre el agua y la arena.
Creo saber por donde vas. Si hubieran solicitado que les reservaran un espacio en la playa, al igual que se hace cuando se celebra un campeonato deportivo, hubieran pagado su tasas correspondiente y no habría habido problemas.
La diferencia aquí es que se trata de un grupo organizado, y profesional para más inri. Pues sí, que paguen (porque pueden hacerlo) o que dejen la playa para su uso “natural”.
Pudiera ser esa una solución. Pero creo recordar que la reserva de espacios en la playa conlleva un proceso que se inicia al menos con tres meses de antelación.
El pago de la tasa de la Demarcación Territorial de Costas es lo de menos, pues o bien no existe o bien es pequeña (este extremo no he tenido oportunidad de consultarlo).
Sobre el uso “natural” del arenal creo que habría mucho que decir. Como ya sabemos, la costumbre hace ley (o algo así, que dicen los juristas).
Desconozco si el uso deportivo-profesional de la playa sería contemplado como un uso recreativo, aunque tengo mis dudas, como ya he expresado en el artículo.
El artículo simplemente ha pretendido reflejar la prepotencia —una vez más— de las gentes del mundo del fútbol. Otros tal vez se hubieran abstenido de “dar el cante”.
De hecho no lo han dado, al menos que sepamos. A ver si ahora se llenan las playas en el mes de agosto de equipos —profesionales o no— que se entrenan entre las diez y las doce de la mañana.
Vamos vamos aguja que un servidor aún no chochea. Lo que queria decir es que estos fútbolistas pueden correr placidamente por la playa sin atropellar a la gente ni formar revuelo pero l a imagen que nos muestras creo que tampoco es para tanto y queda como una acnedota.
Yo no me contradigo en mis afirmaciones y tampoco pienso que sea necesario la asistencia de un guardaespaldas para pasar un rato de relax en la playa.
Un saludo