El genio es uno por ciento de inspiración
y noventa y nueve por ciento de transpiración

Thomas Alva Edison

Leo en Fútbol Arte tal aseveración hecha en un artículo escrito por Enric González que me picó la curiosidad y entré para comprobarlo.

Hay que reconocer que el tal Enric tiene la pluma bien bonita (a la forma de escribir me refiero, vaya). Pero el artículo está escrito al revés.

A mí también me gustaría escribir como lo hace este señor. Pero es necesario —cuando uno escribe desde la elucubración personal— imponerse ciertos límites que no deberían rebasar el conocimiento que se tiene sobre el tema tratado.

Argumenta el señor González que nadie conoce el motivo por el cual los equipos que triunfan lo hacen. Y osa decir que no lo conocen ni los mismos entrenadores.

El atrevimiento del amigo Enric equivale a decir que el trabajo del entrenador de un equipo de fútbol exitoso no es relevante, puesto que todo funciona por arte de una cierta mística.

Sus divagaciones sobre lo inconsistente del éxito equivalen a decir que cualquiera puede ocupar el cargo de entrenador dado que éste no participa en el estado de gracia del equipo. Las cosas funcionan o no funcionan, sin que los mortales sepan por qué, nos viene a decir el tal Enric González, cuya pluma es bien bonita (a la forma de escribir me vuelvo a referir, vaya).

Los papeles se dejan escribir cuentos hermosos, interpretaciones poéticas de la realidad. Pero estos escritos líricos hacen un flaco favor al deporte, ya que siempre hay imberbes dispuestos a defender las tonterías del maestro que han elegido seguir elevándolas al rango de evangelio.

Decía que el artículo, muy bonito todo él, estaba escrito al revés. No es que no se sepa qué es lo que funciona. Lo que ocurre es que no se sabe qué es lo que va a fallar, ni cuando ni donde lo va a hacer. Y el porqué no se sabe siempre, y cuando se descubra será a posteriori.

Por eso cuando algo funciona nadie quiere tocar nada no vaya a ser que la liga —lo que pega las cosas— se descomponga. El factor tiempo es el que se encarga de estropear la liga —lo que pega las cosas— y por eso estrategias que sirvieron en cierto momento no son válidas en una coyuntura diferente.

Tener la capacidad de saber con antelación lo que va a fallar equivaldría a padecer omnisciencia, que parece ser el mal que aqueja a los periodistas deportivos de hoy en día.

Si alguien no acaba de ver la diferencia entre no saber por qué las cosas fallan y no saber por qué las cosas funcionan, quizá acudiendo a unas clases nocturnas de lógica proposicional pueda entender lo que no merece explicación alguna.

El buen Enric nos dice que el resultado de un partido “depende de factores oscuros, casi mágicos”. Que se lo pregunten al Txingurri Valverde, cuando dispuso sus armas para derrotar al gran Barça hace sólo unos días. ¿Sabías lo que hacías, Ernesto?

Enric González nos dice que “unos ganan y otros pierden y nunca se sabe realmente por qué”, y se queda tan pancho, el tío. Acaba de definir uno de esos misterios de los católicos. La virginidad de María es real, te lo creas o no te lo creas. Si crees a Enric o a los curas eres listo o vas al cielo, si lo dudas…

Más adelante nos suelta otra perla: “También sabe que, habiendo hecho lo mismo, las cosas podrían ir mal”, nos dice refiriéndose al entrenador. Esta lógica maniquea —las cosas salen bien o salen mal— es típica de mentes sencillas. Con la diferencia de que a ésta le pagan por escribir sandeces.

Estos periodistas deportivos son como aquél cinéfilo que conoce y ha visionado todas las obras maestras del séptimo arte, pero que será incapaz de ponerse tras una cámara para crear nada ligeramente digerible.

Ahora bien, si les tocan la fibra propia saltan. Me gustaría saber qué diría el gremio si alguien afirmara tan gratuitamente como él ha hecho que el éxito de una novela depende de factores místicos e insondables. Usted escribe lo que quiera, no hace falta que se esmere, que si la flauta está por sonar, sonará. E incluso hasta se llevará el Pulitzer. Cuestión de magia, ¿verdad? Para qué trabajar…

Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando
Pablo Picasso

26 de enero de 2007